Más de dos años sin noticias de Saddam, el menor detenido por Israel en el sur de Siria

Quneitra, 30 oct (SANA) La mañana del 25 de abril de 2024, Saddam Ahmad, de 16 años, salió como de costumbre a pastorear el ganado en las inmediaciones de Jubata al-Khashab, su localidad natal, en el norte de la provincia siria de Quneitra, cerca del Golán sirio ocupado.

A las 7.30, las fuerzas de ocupación israelíes lo detuvieron en una zona de pastoreo. Desde entonces, su familia vive pendiente de cualquier noticia sobre él.

Han pasado dos años y medio y sus familiares siguen sin poder escuchar su voz ni comprobar directamente cómo se encuentra. Su padre, Hassan Saad al-Din Ahmad, de 47 años, relata a SANA la incertidumbre que acompaña a la familia desde aquella mañana.

«Esperábamos que la situación se resolviera pronto a través de los canales de coordinación con la Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación (FNUOS), porque Saddam era un menor desarmado, sin posibilidad de defenderse», recuerda. Sin embargo, los meses transcurrieron sin noticias y la espera se prolongó mucho más de lo que la familia había imaginado.

Más de dos años sin noticias de Saddam, el menor detenido por Israel en el sur de Siria Agencia SANA
Hassan Saad al-Din Ahmad, padre del menor detenido por las fuerzas de la ocupación israelíes. Foto: SANA.

La detención no fue el único golpe que recibió la familia. Según cuenta su padre, aproximadamente un mes después, maquinaria de las fuerzas de ocupación israelíes arrasó por completo la finca familiar, destruyó los árboles y derribó una pequeña construcción que había en el terreno.

«No se conformaron con privarnos de nuestro hijo. También destruyeron todo lo que estaba ligado a nuestra vida en aquella tierra. Los recuerdos se han convertido en una herida que sigue abierta», afirma.

El padre describe cómo la ausencia de Saddam ha alterado la vida cotidiana de todos los miembros de la familia. «Hemos perdido la alegría de vivir. La tristeza está presente en cada momento y hasta el agua nos sabe amarga cuando los recuerdos de Saddam vuelven a nuestra mente», dice.

Para él, lo ocurrido va más allá de una detención. «Lo que le pasó a mi hijo fue un secuestro en toda regla. Era un menor que no llevaba armas», sostiene.

El caso de Saddam no es aislado. Su historia refleja la situación de otros habitantes del sur de Siria que permanecen detenidos por las autoridades de la ocupación israelíes. Entre ellos, señala, hay menores de edad, estudiantes de secundaria y universitarios, así como padres de familia cuya ausencia deja a sus hogares sin su principal fuente de sustento.

A esta situación se suman las incursiones militares y las operaciones de demolición y arrasamiento de terrenos, que reducen las superficies disponibles para el cultivo y el pastoreo. Estas actuaciones afectan directamente a las economías familiares de una zona donde la agricultura y la ganadería constituyen dos de las principales fuentes de ingresos.

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La localidad de Jubbata al-Khashab, en Quneitra, lugar de origen de la familia Hassan y de su hijo, detenido por las fuerzas de ocupación israelíes. Foto: SANA.

Durante los primeros meses posteriores a la detención, la familia no recibió información sobre el paradero de Saddam. Sus allegados recurrieron a todas las vías que tenían a su alcance, incluido el Comité Internacional de la Cruz Roja, en un intento de averiguar dónde estaba y conocer su estado.

La primera noticia llegó cuatro meses después, gracias a las gestiones de una organización de derechos humanos de Cisjordania ocupada. El mensaje era breve, pero permitió a la familia salir parcialmente de la incertidumbre: Saddam estaba vivo y permanecía en un centro de detención israelí.

La información supuso un alivio, aunque no resolvió las principales preocupaciones de sus familiares. Desde entonces, su padre no ha podido hablar directamente con él ni recibir una comunicación que le permita conocer de primera mano sus condiciones de detención.

«¿Cómo estará soportando la dureza de sus carceleros? Lo único que deseo es recibir una fotografía o una grabación de su voz que me permita saber que está bien», explica.

Saddam es el mayor de sus hermanos y, según su padre, desempeñaba un papel importante en el cuidado de la familia. Sus hermanas todavía son pequeñas y su ausencia ha dejado un vacío difícil de llenar.

Cuando habla del día en que su hijo pueda regresar, Hassan Ahmad vuelve una y otra vez a la misma imagen: escuchar sus pasos en la puerta de casa.

«No sé si mi voz llegará hasta ti, pero le pido a Dios que te proteja, te facilite las cosas y te devuelva sano y salvo», dice en un mensaje dirigido a su hijo.

La esperanza de su regreso sigue siendo el principal apoyo de la familia. Al imaginar ese momento, el padre esboza una sonrisa que apenas disimula el dolor acumulado durante estos meses.

«En cuanto Saddam cruce la puerta de casa, volverá la vida a nosotros. No necesitaré nada más. Con que regrese será suficiente», expresa.

La situación de la familia Ahmad forma parte de las dificultades que afrontan los habitantes de la provincia de Quneitra y del oeste de Daraa, donde las incursiones militares, las detenciones y las restricciones sobre los terrenos agrícolas y las zonas de pastoreo por parte de las fuerzas de ocupación israelíes, se suman a las dificultades económicas y a los riesgos para la seguridad.

Pese al deterioro de las actividades agrícolas y ganaderas y a la reducción de las superficies disponibles para trabajarlas, muchos residentes se resisten a abandonar sus localidades y mantienen su vínculo con la tierra.

A través de SANA, varias familias de la zona han pedido a Naciones Unidas, al Consejo de Seguridad y a las organizaciones internacionales de derechos humanos que intervengan para lograr la liberación de los detenidos, especialmente los menores de edad, y poner fin a las prácticas que denuncian.

En una comparecencia anterior junto al ministro de Asuntos Exteriores de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, el ministro sirio de Asuntos Exteriores y Expatriados, Asaad Hassan al-Shaibani, afirmó que las fuerzas de ocupación habían llevado a cabo 147 operaciones de detención desde comienzos de 2026 hasta septiembre y que 49 personas continuaban bajo custodia.

Mientras tanto, la familia de Saddam sigue esperando. Dos años y medio después de su detención, su padre continúa aferrado a una esperanza que resume en un deseo: volver a ver a su hijo cruzar la puerta de casa.

okz

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