Damasco, 14 feb (SANA) Cada 14 de febrero, muchos en el mundo celebran el Día de San Valentín como una ocasión dedicada al amor y la amistad. Esta tradición, asociada a la figura de San Valentín en la Europa cristiana desde finales del siglo XV, se consolidó con el paso de los siglos hasta convertirse en una celebración global.
Sin embargo, miles de años antes de que el 14 de febrero fuera reconocido como el “Día del Amor”, la antigua Siria ya había consagrado una fecha para honrar el amor, la fertilidad y el renacimiento de la vida.
Según una leyenda que se remonta a más de seis mil años, el 11 de abril se celebraba en tierras sirias y mesopotámicas una festividad dedicada al amor. La tradición relata que Ishtar, diosa del amor y la guerra, contrajo matrimonio con Tamuz, símbolo de la fertilidad y la vida. Tras su unión, Tamuz fue asesinado, y el dolor de Ishtar fue tan profundo que decidió descender al Reino de los Muertos para reencontrarse con su amado.
Con la ausencia de ambos, la tierra cayó en la esterilidad y la vida se detuvo. Ante esta catástrofe, el Cielo ordenó su liberación, y el 11 de abril Ishtar y Tamuz regresaron al mundo de los vivos. Con su retorno volvió la fertilidad, florecieron los campos y renació la esperanza. Desde entonces, esa fecha se convirtió en una celebración del amor en las regiones sirias y en Mesopotamia, marcando también la llegada de la primavera, símbolo de bondad, generosidad y crecimiento. El emblema de esta festividad no era la rosa roja, sino la flor blanca con centro amarillo ,el crisantemo o el narciso, como representación de pureza y renovación.
Pero la herencia siria en la historia del amor no se limita a la leyenda. En la antigua ciudad de Ebla, situada al sureste de Alepo, fue descubierto el poema de amor no correspondido más antiguo de la humanidad, datado hacia el año 2400 a.C. Escrito en caracteres cuneiformes sobre una tablilla de arcilla, el texto narra la historia de un amante profundamente enamorado de una mujer que no compartía sus sentimientos.

Los expertos lograron descifrar esta obra conocida como La canción de las estrellas en la que el poeta expresa con intensidad y delicadeza su devoción:
“Oh, mujer, cuyo nombre está grabado en las hachas de los guerreros…
cuando te amaba, sabía que la luz escribiría expresiones de glorificación en la puerta de mi casa…
y mi nombre estaría escrito en los rayos del sol.
Entonces, ¿qué debo hacer, mi amor, para ser digno de ti?
Me prometo a mí mismo que nunca te haré sufrir”.
Así, mucho antes de las celebraciones modernas, Siria ya había elevado el amor a mito, rito y poesía. Los sirios no solo fueron de los primeros en celebrar el amor como fiesta colectiva, sino también quienes dejaron escrita la primera declaración apasionada de la historia, convirtiendo a su tierra en cuna del sentimiento que une a la humanidad desde sus orígenes.
Por Watfeh Salloum