Damasco, 9 sep (SANA) Los mercados mundiales de combustibles afrontan crecientes presiones por las interrupciones del suministro energético, los daños a refinerías y el encarecimiento del transporte marítimo, factores que se suman al alza del petróleo y repercuten directamente sobre los consumidores.
El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, los ataques contra petroleros en el estrecho de Ormuz, las alteraciones del tráfico en Bab el-Mandeb y los daños a instalaciones energéticas de Oriente Medio han elevado los riesgos para el abastecimiento mundial.
A ello se agregan las consecuencias de la guerra entre Rusia y Ucrania, donde los ataques contra refinerías e instalaciones petroleras redujeron la capacidad de procesamiento y agravaron la escasez de productos refinados.
Ormuz, bajo presión
El estrecho de Ormuz, una de las principales arterias para las exportaciones de petróleo y gas del Golfo, registra una fuerte reducción del tráfico marítimo. Antes de la guerra transitaban por esa vía unos 125 buques comerciales diarios, mientras que el martes apenas cruzaron seis cargueros, según datos de Kpler.
La escalada regional, el bloqueo a las exportaciones de petróleo iraní y los ataques contra petroleros impulsaron este 9 de septiembre el Brent por encima de los 100 dólares por barril, por primera vez desde julio.
El aumento de los riesgos de seguridad también encareció los seguros y el transporte, obligó a algunos petroleros a modificar sus rutas y llevó a los países del Golfo a buscar vías alternativas de exportación.
Refinerías y combustibles bajo presión
Los mercados de gasolina y diésel afrontan incluso mayores tensiones que el del propio crudo debido a la menor capacidad de refinado, la reducción de inventarios y los elevados costos logísticos.
Según funcionarios del sector citados por Reuters, los daños en refinerías de Rusia y Oriente Medio provocaron la pérdida de unos cuatro millones de barriles diarios de suministro de diésel.
A finales de agosto, la producción rusa de gasolina había descendido hasta cerca del 70 % de los niveles de consumo interno, mientras el margen de refinado del diésel alcanzó 108,02 dólares por barril.
En Europa, el margen de refinación de la gasolina superó a comienzos de septiembre los 62 dólares por barril y el del diésel rebasó los 78 dólares.
La Agencia Internacional de Energía indicó además que la actividad mundial de refinación en junio se situó unos seis millones de barriles diarios por debajo del nivel registrado un año antes.
El impacto llega al consumidor
Las consecuencias ya se observan en numerosos países. Emiratos Árabes Unidos elevó para septiembre entre un 5,56 % y un 5,87 % los precios de la gasolina, mientras en Reino Unido la gasolina alcanzó unos 166,2 peniques por litro y el diésel 187,7 peniques, máximos de cuatro años.
En Estados Unidos, el diésel superó los 5,80 dólares por galón y la gasolina rondó los 4,15 dólares, mientras que en Estambul el litro de gasolina se situaba este 9 de septiembre en torno a 75,9 liras y el diésel en 87,7 liras.
La evolución de los mercados muestra así que el precio final del combustible no depende únicamente del crudo, sino también de los costos de refinación, transporte, seguros, inventarios, impuestos y mecanismos nacionales de fijación de precios.
Una interrupción en una ruta energética o en la producción puede, por tanto, propagarse por toda la cadena de suministro hasta terminar reflejada en el precio que paga el consumidor por cada litro de combustible.
rsh