Homs, 17 jun (SANA) En la residencia de mayores Dar Al-Bashara, en la localidad de Al-Muzayna, al oeste de Homs, las manos que durante décadas sostuvieron la vida cotidiana han encontrado ahora una nueva forma de expresión: pequeñas piezas de piedra que, una a una, van dando forma a mosaicos llenos de color, paciencia y memoria.
La iniciativa, impulsada por la Asociación para la Revitalización del Arte del Mosaico bajo el título “Existimos”, ha convertido un espacio de cuidado y descanso en un taller creativo donde los residentes mayores exploran una de las tradiciones artísticas más arraigadas del patrimonio sirio.
El proyecto busca algo más que enseñar una técnica artesanal: pretende fortalecer la autoestima de los participantes, estimular sus capacidades cognitivas y ofrecerles un espacio de interacción social que rompa la rutina diaria del centro.
El arte como herramienta de vida y dignidad
El director de la asociación, el artista visual Jamal Hanoush, explicó que la idea parte de una convicción sencilla pero profunda: la creatividad no tiene edad. Según señaló, la iniciativa nació con el objetivo de demostrar que la capacidad de creación, aprendizaje y expresión permanece viva en todas las etapas de la vida.
Hanoush destacó la implicación de los participantes, muchos de los cuales descubren por primera vez el arte del mosaico. La asociación ha proporcionado todos los materiales y herramientas necesarios, permitiendo que cada residente experimente con formas, colores y composiciones propias.

El trabajo con pequeñas piezas de piedra ha supuesto también un ejercicio de concentración y precisión, además de fomentar la paciencia y un sentido de logro personal. Cada obra terminada se convierte, según los organizadores, en un motivo de orgullo y reconocimiento.
El proyecto, añadió, es la primera experiencia de este tipo en Siria dirigida específicamente a personas mayores en una residencia, lo que le otorga un carácter pionero dentro de las actividades culturales y sociales del país.
Entre la memoria y la creación
En el interior de Dar Al-Bashara, el ambiente del taller rompe con la imagen habitual de la rutina asistencial. Conversaciones suaves, risas y concentración se mezclan mientras las manos encajan fragmentos de piedra que, poco a poco, se transforman en figuras y patrones.
El personal del centro también ha observado el impacto positivo de la iniciativa. El enfermero Sumer Moussa explicó que este tipo de actividades contribuye significativamente al bienestar psicológico de los residentes, al fomentar la interacción social y reforzar la autoestima.

Según señaló, el curso ha permitido a los mayores expresarse de una forma distinta, desarrollando habilidades manuales y mentales mientras comparten tiempo y experiencias con sus compañeros.
Entre los participantes, Nahla Mikhail Assem describe la experiencia como “nueva y gratificante”. Para ella, el mosaico no es solo una actividad artística, sino una oportunidad para sentirse activa, útil y creativa. Expresa además su deseo de que este tipo de programas se mantengan y se amplíen para que más residentes puedan beneficiarse.
El mosaico, uno de los artes más emblemáticos del patrimonio sirio, vuelve así a cobrar vida en un espacio inesperado: una residencia de mayores donde la tradición se mezcla con la experiencia personal y donde cada piedra colocada parece reconstruir, también, pequeñas historias de vida.
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