Madrid, 17 ago (SANA) Las economías de Rusia y Ucrania regresaron al crecimiento en el segundo trimestre del año tras contraerse a comienzos de 2026, aunque la inflación, los elevados tipos de interés, las sanciones y el peso creciente del gasto relacionado con la guerra impiden que esa mejora se traduzca plenamente en el bolsillo de los ciudadanos.
Según un informe de Al Jazeeraelaborado a partir de datos oficiales y de Reuters, la economía rusa creció un 1,3% en el segundo trimestre, mientras que la ucraniana avanzó un 0,6% interanual.
En Rusia, la recuperación se produce con una inflación anual cercana al 6% y un tipo de interés de referencia situado en el 14%, factores que encarecen el crédito tanto para las empresas como para los particulares.
El informe señala que el crecimiento del producto interior bruto (PIB) implica un aumento de la producción y el gasto, pero no supone necesariamente una mejora equivalente del poder adquisitivo, lo que evidencia la distancia entre los indicadores macroeconómicos y la situación cotidiana de la población.
El Banco Central ruso, según recoge Al Jazeera, no prevé un crecimiento elevado este año, pese a la evolución positiva del PIB, en un contexto marcado por las consecuencias de la guerra y las sanciones internacionales.
La situación de Ucrania es aún más delicada. Aunque su economía volvió a crecer un 0,6% en el segundo trimestre, sigue siendo aproximadamente un 20% menor que antes de la guerra.
La inflación ucraniana se aproxima al 8%, mientras que el tipo de interés se sitúa en el 15,5%. El banco central prevé que la subida de los precios pueda alcanzar el 10% a finales de año.
A ello se suma la elevada dependencia de Kiev de la ayuda y la financiación exterior, principalmente europea. De acuerdo con los datos recogidos por Al Jazeera, la deuda total ucraniana supera ya los 212.000 millones de dólares.
Crecimiento frágil en ambos países
En Rusia, el gasto asociado a la guerra contribuye a impulsar determinadas áreas de la economía, pero al mismo tiempo aumenta las presiones inflacionarias y consume recursos, en sentido contrario a los esfuerzos del banco central por contener los precios mediante elevados tipos de interés.
Las sanciones occidentales añaden presión sobre Moscú, que afronta el reto de compatibilizar las necesidades derivadas del conflicto con las del desarrollo interno.
En Ucrania, la sostenibilidad del crecimiento está estrechamente vinculada a la evolución de la guerra y a la continuidad de la asistencia financiera internacional.
El informe de Al Jazeera subraya que la expansión económica observada en ambos países sigue siendo vulnerable y podría revertirse en función de los acontecimientos militares y de la evolución del apoyo exterior.
Los ciudadanos rusos y ucranianos continúan, entretanto, expuestos a la inflación y a la pérdida de poder adquisitivo, mientras una parte creciente de los recursos se destina al esfuerzo bélico en detrimento de otras áreas de la economía.
La presión occidental sobre Rusia aumentó además el 7 de agosto, cuando el Senado de Estados Unidos aprobó un nuevo paquete de sanciones centrado principalmente en los ingresos energéticos de Moscú.
La Unión Europea anunció asimismo medidas contra cinco figuras rusas vinculadas al complejo militar-industrial.
Según el texto citado por Al Jazeera, la iniciativa estadounidense contempla aranceles de hasta el 500% a importaciones rusas, incluido petróleo y gas, además de gravámenes del 100% para los cinco mayores importadores de energía procedente de Rusia, entre ellos China e India.
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