Quneitra, 28 oct (SANA) A las dos de la madrugada del 11 de agosto de 2025, decenas de soldados israelíes irrumpieron en la vivienda de Kenan Bakr, en la aldea de Taranja, en la provincia siria de Quneitra. Lanzaron granadas aturdidoras, despertaron a los niños y registraron la casa mientras preguntaban a la familia si había armas.
Más de un año después, sus allegados siguen sin saber dónde se encuentra ni cuál es su estado de salud.
«Gritaban: “Kenan Bakr, sal. Kenan Bakr, sal”», recuerda su madre, Huda Ali Bakr, en declaraciones a SANA. Los soldados de la ocupación interrogaron a los niños, revolvieron las pertenencias de la familia y no encontraron nada. Después se llevaron a Kenan con los ojos vendados a un lugar cercano, lo devolvieron a la vivienda y lo golpearon en la cabeza delante de sus familiares, antes de detenerlo y confiscar los teléfonos móviles, según relata la madre a SANA.

Desde entonces, la familia no ha vuelto a tener noticias directas de él.
Tres hijos y un hogar sin su principal sustento
Kenan era el mayor de los hermanos y el principal sostén económico de su familia. Trabajaba en el campo y cuidaba ovejas para mantener a los suyos. Estaba casado y tenía dos hijos; la menor apenas había cumplido un mes cuando fue detenido.
Su ausencia ha dejado a la familia sin una fuente estable de ingresos y ha agravado una situación ya difícil. Su madre asegura que el impacto emocional también ha perjudicado seriamente su salud: después de la detención desarrolló diabetes e hipertensión y sufrió un infarto.
La pérdida se hace notar en los detalles cotidianos. Huda cuenta que ha dejado de preparar algunos platos que gustaban a los niños porque eran los favoritos de su hijo. «Lo echamos de menos a cada instante», dice.
A las dificultades económicas se suma la enfermedad de la esposa de Kenan, a quien la familia llama Um Manaf. Tras la detención de su marido, le diagnosticaron cáncer. Para afrontar los elevados gastos del tratamiento, sus familiares dependen de la ayuda de vecinos y personas de su entorno.
La abuela, ya mayor, intenta hacerse cargo de los niños y seguir sus estudios, pero la falta de recursos impide a la familia contratar profesores particulares que los ayuden con las tareas escolares.
La detención ha alterado así la vida de todo el hogar. Además de la incertidumbre sobre el destino de Kenan, sus familiares deben afrontar los gastos médicos, atender a los menores y buscar la forma de cubrir sus necesidades básicas.
Sin información oficial sobre su paradero
Abdul Razzaq Bakr, hermano de Kenan, afirma que la familia no ha recibido ninguna confirmación oficial sobre el lugar donde está detenido ni sobre su estado de salud.

La única noticia que les ha llegado procede de una persona que fue liberada de un centro de detención israelí y que les dijo que Kenan se encontraba bien. Sin embargo, la familia no ha podido verificar esa información.
«Lo que más me preocupa es no saber nada de mi hermano. Cuando no tienes noticias, empiezas a pensar en cosas que te angustian y te asaltan muchos temores», explica Abdul Razzaq.
Su preocupación se extiende a la situación de los habitantes de la zona. El hermano de Kenan denuncia incursiones en las aldeas, registros de viviendas, instalación de puestos de control, confiscación de ganado y trabajos de desmonte de terrenos que, según afirma, privan a numerosas familias de sus medios de vida.
Pese a esas dificultades, insiste en que los vecinos no renunciarán a sus tierras. «Por mucha dureza que ejerzan las fuerzas de ocupación, no dejaremos nuestra tierra. Seguiremos aquí y no nos marcharemos, aunque tengamos que pagar el precio con nuestras vidas», afirma.
Una petición a la comunidad internacional
La familia de Kenan reclama a la comunidad internacional y a los organismos que puedan intervenir que presionen para obtener información sobre los detenidos sirios y lograr su liberación. Su llamamiento se extiende a otras familias de Quneitra y del sur de Siria que, según denuncian, tampoco conocen el paradero de sus allegados.
El ministro sirio de Asuntos Exteriores, Asaad Hassan al-Shaibani, afirmó en una rueda de prensa con su homólogo danés, Lars Løkke Rasmussen, que las fuerzas de ocupación israelíes habían efectuado 147 detenciones entre enero y septiembre de 2026, de las cuales 49 personas seguían bajo custodia.
En casa de los Bakr, la familia afronta el cuidado de los niños, el tratamiento contra el cáncer de la esposa de Kenan y las dificultades económicas, mientras espera una confirmación oficial sobre su estado.



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