Damasco, 22 sep (SANA) Cuando el presidente Ahmad Al-Sharaa llegó a Nueva York en septiembre de 2025, la imagen tenía un significado que iba más allá de una visita a Naciones Unidas. Era la primera participación de un jefe de Estado sirio en la Asamblea General desde 1967 y el comienzo de una semana en la que Damasco buscó reconstruir canales políticos que durante años habían permanecido cerrados o severamente limitados.
Doce meses después, Al-Sharaa regresa a la misma ciudad para participar en el 81.º período de sesiones de la Asamblea General, pero lo hace ante un escenario diplomático sustancialmente distinto.
Entre una visita y otra median decisiones del Consejo de Seguridad, cambios en el régimen de sanciones estadounidense, embajadas reabiertas, visitas presidenciales en ambas direcciones y una intensificación de los contactos con Washington, Europa, el Golfo y otros actores internacionales.
El debate general de la 81.ª Asamblea comenzó este martes 22 de septiembre y continuará hasta el sábado 26, antes de concluir el lunes 28, según el calendario oficial de Naciones Unidas.
La cuestión ya no es únicamente qué agenda lleva Siria a Nueva York en 2026, sino cuánto ha cambiado su posición internacional desde que estuvo allí un año antes.
Nueva York 2025, el punto de partida
La visita de septiembre de 2025 marcó una ruptura con décadas anteriores. Entre los días 22 y 25, Al-Sharaa mantuvo 22 encuentros bilaterales y multilaterales con dirigentes, representantes de organismos internacionales y responsables políticos y económicos.
Entre ellos estuvieron el presidente estadounidense, Donald Trump; el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, además de responsables europeos y árabes.
Fue también en Nueva York donde Siria y Ucrania formalizaron el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas. Meses después, el 5 de abril de 2026, Zelenski viajó a Damasco en su primera visita oficial al país, trasladando al terreno bilateral uno de los contactos impulsados durante aquella cita de Naciones Unidas.
La agenda neoyorquina no se limitó a la política. Al-Sharaa participó también en encuentros con empresarios e inversores, incluida una mesa redonda organizada por la Cámara de Comercio de Estados Unidos, centrada en las oportunidades de inversión y las perspectivas de recuperación de la economía siria.
A partir de entonces, la actividad exterior se aceleró.
El 15 de octubre, Al-Sharaa se reunió en Moscú con el presidente ruso, Vladímir Putin, y el día 28 participó en Riad en la Iniciativa de Inversión Futura. A comienzos de noviembre acudió a la COP30 en Brasil, donde mantuvo una decena de encuentros con dirigentes y responsables internacionales.
Pocos días después llegó una de las imágenes de mayor peso simbólico del año.
De Nueva York a la Casa Blanca
El 10 de noviembre de 2025, Al-Sharaa se reunió con Donald Trump en la Casa Blanca, en la primera visita de un presidente sirio a la sede de la Presidencia estadounidense desde la independencia de Siria.
Para Damasco, el encuentro tenía una importancia que excedía el protocolo. Estados Unidos había sido durante años uno de los principales centros del sistema de sanciones aplicado a Siria, y buena parte de la apertura económica internacional dependía de decisiones adoptadas en Washington.
La visita se produjo además en medio de cambios concretos.
Cuatro días antes, el 6 de noviembre, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas había aprobado la resolución 2799, que retiró a Al-Sharaa y al ministro del Interior, Anas Khattab, de la lista de sanciones vinculada a Daesh y Al Qaeda. La resolución recibió 14 votos a favor y una abstención.
En ese mismo periodo, Siria se incorporó como miembro número 90 de la coalición internacional contra Daesh, ampliando su cooperación antiterrorista con países con los que hasta poco antes mantenía relaciones limitadas.
El desmontaje de restricciones
Si 2025 estuvo marcado por la reapertura de canales políticos, los meses posteriores trasladaron parte de ese acercamiento al terreno jurídico y económico.
El 18 de diciembre de 2025, Donald Trump promulgó la Ley de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2026, que incluyó la derogación de la Ley César, uno de los principales instrumentos estadounidenses de sanciones relacionados con Siria.
El 8 de julio de 2026, Trump notificó al Congreso su intención de retirar al país de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo. Tras el periodo legal de 45 días, el secretario de Estado, Marco Rubio, formalizó la decisión el 24 de agosto. Siria figuraba en esa lista desde 1979.
La medida facilitó la reconexión del país con el sistema financiero internacional. Tres días después, Mastercard y QNB procesaron en Damasco el primer pago internacional con tarjeta realizado en Siria en más de 15 años.
A comienzos de septiembre, la Liga Árabe avanzó también hacia la eliminación de las sanciones políticas, económicas y sociales impuestas al Estado sirio y sus instituciones, manteniendo las medidas contra responsables del régimen derrocado.
Damasco recupera presencia diplomática
Los cambios comenzaron a reflejarse también en la reapertura de representaciones diplomáticas.
En noviembre de 2025 volvió a abrir la Embajada de Siria en Londres y, en abril de 2026, Bielorrusia reactivó su representación en Damasco.
A finales de agosto, el ministro de Exteriores, Asaad Hassan Al-Shaibani, reabrió la Embajada siria en Trípoli tras más de 14 años de cierre, mientras Dinamarca restableció su presencia diplomática permanente en la capital siria por primera vez desde 2012.
El 6 de septiembre, Al-Sharaa recibió en el Palacio del Pueblo las cartas credenciales de siete embajadores representantes de Arabia Saudí, la Santa Sede, la Unión Europea, Brasil, Grecia, Suecia y Dinamarca.
Europa vuelve a Damasco y Damasco vuelve a Europa
Europa fue otro de los escenarios donde el cambio diplomático se hizo visible.
El 9 de enero, Al-Sharaa recibió en Damasco al presidente del Consejo Europeo, António Costa, y a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dando continuidad a los contactos mantenidos meses antes en Nueva York.
El 30 de marzo, el presidente sirio viajó a Berlín, donde se reunió con el presidente Frank-Walter Steinmeier y con el canciller Friedrich Merz. Al día siguiente mantuvo conversaciones en Londres con el primer ministro británico, Keir Starmer, centradas en las relaciones bilaterales, la reconstrucción, la economía y la seguridad.
En julio, el presidente francés, Emmanuel Macron, visitó Siria en el primer viaje de un jefe de Estado de la Unión Europea al país desde la caída del anterior régimen. La agenda incluyó asuntos económicos, reconstrucción y la firma de acuerdos.
El 16 de julio, Siria y Alemania establecieron además un comité conjunto destinado a estructurar la cooperación bilateral en ámbitos económicos, de reconstrucción y otros asuntos de interés común.
Del Golfo a una red diplomática más amplia
La apertura europea avanzó en paralelo a una intensa agenda con los países árabes del Golfo.
En abril de 2026, Al-Sharaa participó en el Foro Diplomático de Antalya y mantuvo contactos con dirigentes y responsables internacionales. Las relaciones con Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos ocuparon después un espacio central en su actividad exterior, con la cooperación económica, las inversiones y la reconstrucción entre los principales asuntos abordados.
Al mismo tiempo, Damasco comenzó a recuperar su papel como destino de delegaciones y dirigentes extranjeros.
En diciembre de 2025, una misión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas visitó Siria y mantuvo contactos con las autoridades del país. Semanas después llegaron António Costa y Ursula von der Leyen; en abril lo hizo Zelenski y en julio Macron.
La actividad diplomática dejó así de concentrarse únicamente fuera de Siria. Los contactos iniciales comenzaron a traducirse en visitas oficiales, reaperturas de embajadas, comités conjuntos y mecanismos permanentes de cooperación.
Siria recupera terreno en organismos internacionales
Otro frente de la actividad diplomática estuvo relacionado con expedientes heredados en organizaciones internacionales.
El 9 de julio de 2026, el Consejo Ejecutivo de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas aprobó por consenso restituir a Siria los derechos y privilegios que permanecían suspendidos desde 2021.
La decisión contó con 67 Estados copatrocinadores de distintos grupos regionales. El organismo vinculó la medida al cambio de circunstancias en Siria y a la cooperación para abordar las cuestiones pendientes relacionadas con el antiguo programa químico.
Más que la apertura de una nueva relación bilateral, la decisión modificó la posición de Siria dentro de una institución internacional con la que arrastraba desde hacía años uno de sus expedientes más complejos.
Nueva York 2026, la misma ciudad y otro escenario
Un año después, Nueva York vuelve a servir como punto de comparación.
En septiembre de 2025, la presencia de un presidente sirio en la Asamblea General constituía por sí sola un acontecimiento, después de casi seis décadas sin una participación de ese nivel.
En 2026, el escenario es distinto. Siria llega con varias restricciones internacionales levantadas o modificadas, una red diplomática más extensa y nuevos mecanismos de cooperación política y económica.
Persisten desafíos relacionados con la reconstrucción, la recuperación económica, la seguridad, las relaciones con los países vecinos y la consolidación de los vínculos internacionales.
Pero entre ambas citas se aprecia un cambio de etapa: Siria pasó de utilizar la Asamblea General como plataforma para recuperar canales de interlocución a regresar a Nueva York con una presencia internacional más amplia y estructurada.
ed/okz