Damasco, 7 sep (SANA) La decisión de Estados Unidos de retirar a Siria de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, adoptada el 24 de agosto de 2026, marcó uno de los cambios más significativos en la relación entre Damasco y Washington en casi medio siglo.
Siria había permanecido 47 años bajo esa clasificación, una designación que no solo condicionó sus vínculos políticos, sino que también dificultó durante décadas el acceso de bancos, empresas e inversores internacionales al mercado sirio.
La eliminación de esa etiqueta llega en un momento en que el país intenta reconstruir sus instituciones, reforzar el control del territorio, consolidar el Estado de derecho y ampliar sus relaciones con países árabes y occidentales. Para el nuevo Gobierno sirio, la medida supone una oportunidad de dejar atrás una etapa de aislamiento y avanzar hacia una relación basada en la cooperación y los intereses compartidos.
Del aislamiento a una nueva apertura
El ministro de Asuntos Exteriores y Expatriados, Asaad Hassan Al-Shaibani, describió la decisión estadounidense como el resultado de la transformación que, a su juicio, han impulsado los propios sirios.
Según Al-Shaibani, la nueva etapa refleja el compromiso de Siria con la seguridad y la paz internacionales, así como su disposición a cooperar con Estados Unidos y con otros países.
El analista político Nasser Zuhair, radicado en París, considera que la retirada de Siria de la lista tiene una fuerte carga simbólica porque pone fin a una de las formas más prolongadas de aislamiento entre Damasco y Washington.
En su opinión, el cambio indica que Siria empieza a ocupar un lugar distinto en los cálculos de Estados Unidos y que la relación deja de estar definida exclusivamente por la contención y el aislamiento para abrirse, de forma gradual, al diálogo.
Ese giro forma parte de un proceso más amplio iniciado tras la caída del régimen de Asad en diciembre de 2024, cuando las nuevas autoridades comenzaron a reconstruir instituciones y a ampliar sus contactos diplomáticos.
La reconstrucción institucional como punto de partida
El nuevo Gobierno sirio sostiene que una parte central de esa transformación pasa por rehacer las instituciones del Estado, especialmente las vinculadas a la seguridad.
El ministro del Interior, Anas Khattab, afirmó que la retirada de Siria de la lista fue precedida por un trabajo destinado a reconstruir los organismos estatales y reforzar su función en la protección de los ciudadanos.
Khattab destacó el papel del Ministerio del Interior y de los servicios de inteligencia en la lucha contra organizaciones terroristas, la persecución de sus redes y la consolidación del Estado de derecho.
Según el ministro, Siria intenta pasar de un modelo en el que las instituciones del Estado fueron utilizadas para apoyar el terrorismo a otro en el que el propio Estado combate esas estructuras y coopera con la comunidad internacional.
Para las nuevas autoridades, la seguridad interna, el control de las fronteras, la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo y la protección de la población son condiciones indispensables para recuperar estabilidad y credibilidad exterior.
Seguridad y cooperación internacional
La reconstrucción del aparato estatal ha ido acompañada de una mayor implicación de Siria en los esfuerzos internacionales contra el grupo Estado Islámico y otras organizaciones consideradas terroristas.
La cooperación incluye intercambio de información, vigilancia de fronteras, combate de redes de financiación, gestión de detenidos y operaciones destinadas a debilitar y desmantelar estructuras armadas.
Ese proceso ha creado una base para ampliar la colaboración entre Siria y sus socios en materia de seguridad, especialmente en cuestiones relacionadas con terrorismo, fronteras y grupos armados.
Justicia y ruptura con el pasado
Otro eje de la nueva etapa es la justicia por los crímenes cometidos durante el régimen anterior.
El ministro del Interior afirmó que el derecho de las víctimas de los ataques químicos a obtener justicia sigue vigente y que las investigaciones y procesos contra los responsables continuarán.
Para Zuhair, esa cuestión tiene también una dimensión política.
Sostiene que la capacidad del Estado para investigar y castigar abusos ayuda a marcar una ruptura entre las actuales instituciones sirias y las prácticas del antiguo régimen.
Esa separación, señala, es clave para construir una nueva imagen de Siria en el exterior y reforzar la confianza en sus instituciones.
El impacto económico
La dimensión económica es una de las más relevantes de la decisión estadounidense.
La inclusión en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo suponía un importante obstáculo para bancos, empresas e inversores internacionales, que evitaban operar en Siria por temor a riesgos legales, regulatorios y financieros.
Zuhair considera que la retirada de la lista envía una doble señal, política y económica, de que Siria intenta reintegrarse en los mercados y recuperar relaciones comerciales más normales.
La decisión coincidió con la celebración de la Feria Internacional de Damasco, que las autoridades presentaron como una oportunidad para transformar la apertura política en inversiones, asociaciones y proyectos de reconstrucción.
También comenzaron a aparecer señales de una mayor conexión con el sistema financiero internacional. Visa y Mastercard realizaron sus primeras operaciones internacionales con tarjetas dentro de Siria tras el cambio de clasificación estadounidense, un paso que las autoridades consideran relevante para la reintegración financiera del país.
Pero la apertura por sí sola no garantiza la llegada de capital.
Zuhair advierte que los inversores necesitan estabilidad, normas claras, un sistema bancario capaz de operar con el exterior y garantías para la protección de sus inversiones.
La retirada de Siria de la lista elimina una barrera importante, pero el desafío ahora es acompañar esa decisión con reformas legales, financieras e institucionales.
Una oportunidad regional
La nueva posición internacional de Siria también puede ampliar su margen de actuación en cuestiones regionales, especialmente en seguridad, control fronterizo y lucha contra el terrorismo.
Las autoridades buscan convertir la apertura diplomática en una política duradera basada en instituciones más eficaces, mayor estabilidad interna y una relación más estrecha con los países árabes y con la comunidad internacional.
Al-Shaibani ha vinculado la decisión estadounidense con el compromiso de la nueva Siria con la seguridad y la paz internacionales, mientras el Gobierno insiste en que la reconstrucción institucional, la protección de la población y la persecución de organizaciones terroristas serán pilares de la etapa que viene.
Una nueva fase todavía en construcción
La retirada de Siria de la lista estadounidense no resuelve por sí sola los desafíos acumulados durante décadas de guerra, aislamiento y deterioro institucional.
Sí elimina, sin embargo, uno de los principales obstáculos políticos y económicos que condicionaban la relación del país con el exterior.
Para Damasco, el reto ahora es convertir esa decisión en resultados concretos: más cooperación, mayor acceso al sistema financiero, nuevas inversiones y una reconstrucción institucional capaz de sostener el cambio.
Después de 47 años en la lista, Siria entra en una fase distinta. El alcance real de esa transformación dependerá de cuánto logre consolidar internamente las condiciones que ahora intenta proyectar hacia el exterior.
okz/fm