Deraa, 29 jun (SANA) Las reiteradas incursiones de las fuerzas de ocupación israelíes en la cuenca del Yarmouk, en la campiña occidental de Deraa, no solo han elevado la tensión en el sur de Siria, sino que han transformado la vida cotidiana de sus habitantes: agricultores que no pueden llegar a sus tierras, ganaderos impedidos de llevar agua a sus animales y familias que viven entre drones, bengalas, disparos y registros.
La zona registra ataques frecuentes con artillería, morteros y ametralladoras pesadas contra tierras agrícolas, además de incursiones, instalación de puestos militares temporales, registros de viviendas e interrogatorios a transeúntes, lo que afecta directamente la seguridad de los residentes y sus fuentes de ingreso.
El corresponsal de SANA en Deraa informó que vehículos militares israelíes incursionaron el domingo en la aldea de Abdeen. Tras su retirada, los vecinos bloquearon con piedras los caminos de acceso para impedir una nueva entrada de las fuerzas de ocupación, mientras soldados israelíes lanzaban bengalas sobre la cuenca del Yarmouk.
El corresponsal añadió que helicópteros israelíes atacaron Abdeen y sus alrededores con fuego de ametralladora, en paralelo a un intenso sobrevuelo de aviones de combate sobre las zonas rurales de Deraa y Quneitra, así como al lanzamiento de proyectiles de artillería contra la aldea y sus inmediaciones. La agresión provocó el desplazamiento de algunos residentes hacia localidades vecinas.
Agricultura y ganadería, bajo presión
Un día antes, una fuerza israelí había avanzado hacia la aldea de Maariya y luego hacia Abdeen, antes de dirigirse a la zona de Tal al-Maghar, donde abrió fuego contra las tierras agrícolas circundantes.
Según los habitantes, estas prácticas forman parte de intentos reiterados de incendiar cultivos, como ocurrió a comienzos de este mes en las aldeas de Al-Masritiya y Saisoun, donde se produjeron incendios en campos de trigo y cebada tras bombardeos israelíes seguidos de ráfagas de disparos.
Durante los últimos dos días, las aldeas de Jamla y Maariya vivieron un clima de tensión y temor por las incursiones israelíes que, de acuerdo con testimonios locales, se han vuelto casi diarias e incluyen redadas, registros domiciliarios e interrogatorios, agravando la presión psicológica y económica sobre la población.
El corresponsal de SANA detalló que una fuerza israelí, apoyada por un tanque y ocho vehículos militares, ingresó el viernes por la puerta de Tal Abu al-Ghaithar hacia la zona de Wadi al-Raqqad, en el límite administrativo entre Quneitra y Deraa. Luego entró en Jamla, donde los soldados se desplegaron entre barrios residenciales y registraron varias viviendas bajo una intensa cobertura de drones, sin que se registraran detenciones.
La incursión se produjo un día después de que siete vehículos militares israelíes entraran en Maariya, donde las fuerzas de ocupación instalaron un puesto militar al este de la mezquita, registraron viviendas cercanas e interrogaron a transeúntes antes de retirarse.
Miedo e incertidumbre
El presidente del municipio de Abdeen y Maariya, Mowaffaq Mahmoud, afirmó que estas incursiones ejercen una fuerte presión sobre la población, deterioran la situación humanitaria, social, agrícola y de servicios, y obstaculizan la ejecución de proyectos de desarrollo.
Mahmoud señaló que las fuerzas de ocupación impiden a agricultores y ganaderos descender al valle para cuidar sus cultivos, pastorear o dar agua al ganado, además de restringir la libertad de movimiento durante la noche.
Mahna al-Breidi, residente de Jamla, dijo que la aldea vive una situación de inestabilidad por las repetidas incursiones israelíes, tanto de día como de noche. Según relató, el viernes decenas de soldados israelíes fuertemente armados entraron en la localidad, cerraron comercios e impidieron a los vecinos salir de sus casas, en una escena que, aseguró, se repite casi a diario y afecta la actividad comercial y la vida cotidiana.
Al-Breidi recordó que una patrulla israelí irrumpió en la aldea el 4 de octubre de 2025, allanó su vivienda y otras casas, y detuvo a Mohammad Mahna al-Breidi, Mahmoud Mazid al-Breidi y Mohammad Turki al-Samouri, cuyo paradero sigue siendo desconocido. Asimismo, pidió a las Naciones Unidas y a los organismos competentes actuar para esclarecer su destino y lograr su liberación.
Por su parte, Mouayed Damara y Mohammad Damara, vecinos de Maariya, afirmaron que las incursiones casi diarias generan pánico entre mujeres y niños, además de impedir a agricultores, criadores de ganado y apicultores acceder a la zona del valle, lo que ha causado graves daños a los cultivos tempranos de hortalizas, a la producción agrícola y a la apicultura.
Ambos advirtieron que la continuidad de estas restricciones aumenta las cargas económicas de las familias y amenaza una temporada agrícola de la que dependen muchos habitantes para subsistir. También llamaron a una acción efectiva para poner fin a esta situación y lograr la salida de las fuerzas israelíes del cuartel de Al-Jazira, cercano a la aldea, del que se apoderaron después del 8 de diciembre de 2024.
Mouayed y Mohammad reafirmaron que los habitantes de la zona se mantienen firmes en sus tierras y rechazan abandonarlas, pese a las presiones y desafíos, y reiteraron su disposición a resistir hasta la retirada israelí de todos los territorios sirios ocupados.
Violaciones del derecho internacional
Las fuerzas de ocupación israelíes continúan violando el Acuerdo de Separación de Fuerzas de 1974 mediante incursiones repetidas en el sur de Siria y ataques contra civiles, que incluyen redadas, detenciones, destrucción de tierras y lanzamiento de proyectiles.
Siria sostiene que todas las medidas adoptadas por las fuerzas de ocupación en territorio sirio son nulas, carecen de validez jurídica y no producen efecto alguno conforme al derecho internacional. Asimismo, reitera su llamamiento a la comunidad internacional para que asuma sus responsabilidades, ponga fin a estas violaciones y obligue a Israel a retirarse completamente del sur de Siria.
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