Tartus, 2 may (SANA) El paso del tiempo no ha logrado borrar las huellas de la tragedia en la aldea siria de Al-Bayda, en la provincia costera siria de Tartus, donde cada 2 de mayo sus habitantes evocan uno de los episodios más cruentos de la guerra que marcó al país en la última década.
En 2013, esta pequeña localidad de la zona rural de Banias fue escenario de una operación militar del derrocado régimen de Al-Assad que derivó en la muerte de al menos 264 civiles, entre ellos mujeres y niños, según reportes de organizaciones de derechos humanos. Aquel día quedó grabado en la memoria colectiva como una herida abierta que aún reclama justicia.
Las calles que hoy recuperan lentamente la normalidad fueron entonces testigo de ejecuciones extrajudiciales, asaltos a viviendas y escenas de extrema violencia. Los sobrevivientes conservan relatos que, más que recuerdos, son fragmentos vivos de una tragedia que se resiste al olvido.
Darrar al-Hars tenía 13 años cuando presenció la masacre. Su voz, marcada por los años, mantiene intacta la crudeza de lo vivido.
“Llevé a mi hermano en brazos, estaba muerto, con la cabeza abierta y cubierto de sangre. Había cuerpos por todas partes, en las calles, en las tiendas, incluso en los sótanos. Algunos estaban quemados”, recuerda. “Es como un video que no se detiene”, añade, en una imagen que resume la persistencia del trauma.
Como él, decenas de sobrevivientes reconstruyen cada año lo ocurrido, en un ejercicio de memoria que también es una forma de resistencia frente al olvido.
Sin embargo, más de una década después, la rendición de cuentas continúa pendiente. Familiares de las víctimas y testigos coinciden en que la ausencia de justicia profundiza el dolor y deja abiertas las heridas.
“Exigimos que los responsables rindan cuentas. La impunidad es una segunda injusticia”, afirma Ibrahim Bayasi, residente de la zona, quien advierte además sobre las consecuencias sociales de permitir que crímenes de esta magnitud queden sin castigo.
Las demandas de justicia no solo miran al pasado, sino que interpelan el presente de una sociedad que intenta reconstruirse tras años de conflicto. Para muchos, esclarecer lo ocurrido en Al-Bayda es un paso imprescindible hacia la reconciliación.
La masacre no fue un hecho aislado. Diversas organizaciones documentaron episodios similares en distintas regiones del país durante ese periodo, como el registrado en Ras al-Nabaa, cercano a Al-Bayda, lo que evidencia la amplitud de las violaciones de derechos humanos en aquellos años.
Hoy, entre el silencio de los campos y las voces que se niegan a callar, Al-Bayda sigue siendo símbolo de dolor, pero también de una memoria que persiste, a la espera de verdad y justicia.
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