Damasco, 10 mar (SANA) En la provincia de Deraa, al sur de Siria, los aviones de combate israelíes y los misiles y drones iraníes vuelven a formar parte del paisaje cotidiano desde los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, el pasado 28 de febrero de 2026.
Para muchos residentes, como Mohammad Abu Hudaifa, esta exposición prolongada genera una resistencia emocional.
El joven asegura que la preocupación principal de la población ya no es la confrontación militar directa, sino sus consecuencias sobre la vida diaria.
“Lo que realmente nos preocupa no es la guerra en sí, sino sus repercusiones sobre nuestras condiciones de vida”, agrega.
Impacto económico: precios, combustible y servicios
El conflicto afecta directamente la economía local. Los residentes de Deraa temen un aumento de los precios de combustible y gas, escasez de productos básicos y reducción de servicios esenciales, como el suministro eléctrico.
“La escalada provoca una reducción del interés inversor, la paralización de iniciativas comerciales y el debilitamiento de las expectativas de recuperación del turismo”, afirma el director de la Red Siria de Derechos Humanos (SNHR) a SANA.
“El lento proceso de reconstrucción del país puede sufrir nuevos retrasos si la tensión persiste”, añade.
Además, los vuelos desde y hacía el aeropuerto internacional de Damasco se interrumpen parcial o totalmente, afectando la llegada de ayuda internacional y el movimiento de delegaciones humanitarias.
“Esto no solo provoca pérdidas económicas, sino que dificulta la llegada de ayuda y el transporte de bienes esenciales para millones de personas que dependen de asistencia internacional”, señala.
Soberanía aérea y marcos legales
La escalada reabre el debate sobre la soberanía del espacio aéreo sirio. Según Abdul Ghany, las operaciones militares sin autorización de las autoridades de Damasco constituyen una violación del derecho internacional.
Entre los marcos legales afectados se encuentran la Convención de Chicago sobre Aviación Civil Internacional, que establece la soberanía completa de los Estados sobre su espacio aéreo; la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de otros Estados; y el Acuerdo de Separación de Fuerzas entre Israel y Siria (1974), que regula la estabilidad militar en la zona fronteriza tras la guerra de 1973.
Abdul Ghany insta a impulsar una respuesta diplomática que proteja la soberanía siria y reduzca el impacto humanitario. Entre las medidas propuestas se incluyen la presentación de una queja ante el Consejo de Seguridad, la convocatoria de una sesión de emergencia en la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y la creación de un corredor aéreo humanitario.
A más de una década del inicio de su propia guerra, Siria sigue expuesta a las tensiones de Oriente Próximo. Para los residentes de Deraa, la guerra ya no es solo una amenaza militar, sino una fuerza que condiciona cada aspecto de la vida cotidiana, desde la electricidad hasta los precios del combustible y el acceso a alimentos y medicinas.



Okba Al Zobani/r.sh