Capitales, 13 ago (SANA) El mercado mundial del petróleo ha entrado en una fase de presión sin precedentes mientras continúa la guerra entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por otro.
Las interrupciones del suministro se han convertido en una crisis de duración incierta que plantea una cuestión central sobre el volumen de las reservas de crudo y combustibles disponibles y la capacidad de los países para compensar el déficit: ¿podrá el mundo soportar otros seis meses si los flujos de petróleo a través del estrecho de Ormuz continúan restringidos?
Los datos disponibles muestran que la respuesta no depende únicamente del volumen total de las reservas mundiales.
Una parte de las existencias almacenadas no puede incorporarse con rapidez al mercado, mientras las refinerías, las redes de transporte y los buques cisterna afrontan restricciones cada vez mayores. De este modo, la prolongación de la guerra representa una prueba para la capacidad del sistema energético mundial de convertir las reservas disponibles en suministros efectivos para los consumidores.
2.600 millones de barriles fuera del mercado
Según un informe publicado este jueves por Reuters, el mundo ha perdido alrededor de 2.600 millones de barriles de suministro de petróleo desde el comienzo de la guerra, lo que representa la mayor interrupción acumulada del suministro por volumen, con excepción de las perturbaciones registradas durante la Revolución iraní de 1979.
Ese volumen equivale aproximadamente a 25 días de consumo mundial, tomando como referencia los niveles de demanda anteriores a la guerra, situados en torno a 103 millones de barriles diarios.
La mayoría de los análisis sitúa el déficit actual de suministro en unos cinco millones de barriles diarios, sin embargo, Saudi Aramco estima que las pérdidas de suministro procedentes de la región del Golfo alcanzan aproximadamente 11 millones de barriles diarios.
A estas dificultades se suman otras interrupciones fuera del Golfo. Entre ellas figuran los daños sufridos por el oleoducto del Caspio, utilizado para transportar petróleo kazajo, que han reducido unos flujos que antes se acercaban a 1,8 millones de barriles diarios.
180 días de cobertura, pero solo en teoría
El pasado marzo, la Agencia Internacional de la Energía anunció la liberación de 400 millones de barriles de reservas de emergencia, en la mayor operación colectiva de retirada de existencias realizada en la historia de la organización.
Con alrededor de 900 millones de barriles todavía disponibles en las reservas gubernamentales de sus países miembros, esas existencias podrían cubrir, en teoría, durante unos 180 días un déficit de suministro de cinco millones de barriles diarios.
Sin embargo, se trata de un cálculo teórico. La Agencia Internacional de la Energía no puede ordenar a las empresas privadas que liberen sus reservas comerciales del mismo modo que los gobiernos pueden recurrir a sus existencias estratégicas.
Además, la velocidad con la que el petróleo almacenado puede llegar al mercado depende de varios factores, entre ellos la ubicación de los depósitos, la infraestructura disponible y la capacidad de los sistemas de transporte y refinación.
El crudo puede estar disponible, pero aumenta la presión sobre los combustibles
Las mayores preocupaciones se concentran en el mercado de los productos refinados, especialmente el diésel y el combustible para aviación.
El banco de inversión estadounidense Morgan Stanley señala que las reservas mundiales de diésel y combustible para aviones han descendido a sus niveles más bajos de los últimos cinco años. Al mismo tiempo, los daños sufridos por refinerías en Oriente Medio y Rusia han reducido la capacidad de transformar el crudo disponible en productos utilizables.
La Agencia Internacional de la Energía estima que, durante la crisis, han quedado fuera de servicio más de tres millones de barriles diarios de capacidad de refinación en la región.
Esta situación incrementa el riesgo de escasez de derivados del petróleo incluso en un escenario en el que hubiera mayores cantidades de crudo disponibles, ya que disponer de petróleo sin la capacidad suficiente para refinarlo no garantiza el suministro de combustibles al mercado.
China cuenta con un margen de maniobra más amplio
China figura entre las principales economías con mayor capacidad para absorber perturbaciones prolongadas del suministro.
La empresa Energy Aspects, especializada en investigación de los mercados energéticos, estima que las reservas chinas de crudo alcanzaron alrededor de 1.700 millones de barriles en julio, mientras otras estimaciones sitúan el volumen total entre 1.000 y 1.700 millones de barriles.
Según expertos citados en los análisis, unas reservas de 1.700 millones de barriles podrían compensar durante casi un año las importaciones chinas que antes transitaban por el estrecho de Ormuz, estimadas en unos 5,5 millones de barriles diarios.
Este volumen proporciona a Pekín un margen de maniobra considerablemente mayor que el disponible para la mayoría de las grandes economías en caso de que las restricciones al tránsito de petróleo por el estrecho se prolonguen.
Seis meses ponen a prueba la resistencia del sistema energético
Los cálculos indican que las reservas gubernamentales restantes podrían cubrir, al menos en términos teóricos, unos seis meses del actual déficit de suministro.
No obstante, una prolongación de la guerra podría ampliar la brecha entre la oferta y la demanda y acelerar el agotamiento de las existencias.
La importancia de las reservas aumenta a medida que disminuye la capacidad de las refinerías y se intensifican las presiones sobre las rutas de transporte, por ello, el desafío ya no consiste únicamente en determinar cuánto petróleo posee el mundo, sino cuánto de ese petróleo puede extraerse efectivamente de los depósitos, transportarse hasta los mercados, procesarse en las refinerías y convertirse en combustibles disponibles para el consumo.
Mientras persistan las interrupciones del suministro, la estabilidad del mercado energético mundial continuará dependiendo principalmente de la recuperación de los flujos normales a través del estrecho de Ormuz.
Si la crisis se prolonga, las reservas mundiales de petróleo podrán actuar como una línea de defensa temporal, pero difícilmente constituirán una solución permanente frente a una interrupción del suministro que continúa ejerciendo una presión creciente sobre toda la cadena energética.
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