Damasco, 26 nov (SANA) La rababa es uno de los instrumentos más antiguos y emblemáticos del mundo árabe. Considerada un auténtico embajador de la música folclórica, ha acompañado durante siglos la poesía, la narración y la vida comunitaria de distintas culturas del Oriente árabe. Su simplicidad estructural contrasta con la riqueza emocional de su sonido, convirtiéndola en una pieza fundamental del patrimonio musical de la región.
Orígenes y significado cultural
El término rababa posee un simbolismo particular: en árabe hace referencia a una “nube blanca”. En el ámbito musical describe un instrumento de cuerda frotada, generalmente de una sola cuerda, aunque existen variantes con dos o más.
Según explica la investigadora Najlaa Al-Khadra, quienes lo interpretan reciben diversos nombres tradicionales como rababi, murabbab o qasud. Su sonido característico, denominado “jarrah”, surge del roce del arco contra la cuerda, un timbre que muchos describen como melancólico y profundo.
Aunque existen múltiples versiones sobre su procedencia, algunos estudios la vinculan a Egipto o a India, la mayoría de los especialistas coinciden en que su origen más probable es árabe, ligado a la Península Arábiga, una región donde se encontraban fácilmente los materiales necesarios para su elaboración.
Un instrumento presente en la historia literaria e intelectual
La rababa ocupa un lugar especial en la memoria cultural árabe. Fue inseparable de la recitación de poemas, elegías, composiciones amorosas, odas tribales y narraciones épicas. Grandes pensadores y escritores como Al-Yahiz, Al-Farabi e Ibn Jaldún la mencionaron en sus obras, reconociendo su papel en la vida social y artística de su tiempo.
Tras la expansión islámica, el instrumento viajó a Al-Ándalus y desde allí se difundió a Europa, donde influiría en la evolución de instrumentos medievales como la rebec y, de manera indirecta, en la familia de los violines occidentales.
Estructura y características sonoras
La rababa tradicional mide aproximadamente 80 centímetros, con un cuerpo formado por un marco de madera y un aro cubierto con piel de gacela o de lobo, lo que le confiere una resonancia particular.
Sus cuerdas, fabricadas de crin de caballo, se tocan mediante un arco de unos 65 centímetros, también tensado con crin. Una pieza de madera regula la tensión de la cuerda principal.
Se trata de un instrumento modal que, en muchas de sus variantes beduinas, se basa en un sistema de cinco notas, suficiente para acompañar cantos narrativos y melodías repetitivas de carácter expresivo.
La rababa en la historia visual y arqueológica
Evidencias iconográficas indican que instrumentos similares estuvieron presentes en el antiguo reino de Mari, donde aparece representada en relación con la figura de la cantante de templo Urnina.
Asimismo, una miniatura conservada en el Museo de Bellas Artes de Boston, fechada alrededor de 1595, muestra a un príncipe interpretando la rababa, prueba adicional de su relevancia en la cultura cortesana y popular.
Funciones sociales y simbólicas
En el mundo árabe, especialmente entre comunidades beduinas y campesinas, la rababa no era solo un instrumento musical: era un vehículo de comunicación y un símbolo de cohesión social.
Su presencia era habitual en reuniones tribales, celebraciones, recitaciones poéticas y en la transmisión oral de historias y valores comunitarios. Su sonoridad íntima y nostálgica la hizo especialmente apropiada para elegías y poemas amorosos castos, en los que la voz del cantor y el lamento del instrumento se fundían en un único relato emocional.

Vigencia contemporánea
A pesar de los profundos cambios culturales y la influencia de la música occidental en la región, la rababa ha sobrevivido como un símbolo de identidad, memoria histórica y continuidad cultural.
Actualmente se interpreta tanto en contextos tradicionales como en propuestas musicales modernas que buscan revitalizar la herencia árabe, y está presente en festivales del patrimonio, iniciativas pedagógicas y proyectos de recuperación de la música beduina.
Un legado que perdura
La rababa continúa siendo, más que un instrumento, un puente entre generaciones. Su sonido evoca paisajes desérticos, caravanas, reuniones tribales y siglos de poesía oral. Como expresión artística, sintetiza la historia de un pueblo y demuestra la capacidad de la música para trascender fronteras y tiempos.
Hoy, la rababa sigue vibrando como una nube sonora que preserva el alma de la cultura árabe.
ws/fm