Tartus, 4 jul (SANA) En la costa siria, al sur de la gobernación de Tartus, se encuentra Al Hamidiyah, una localidad que da testimonio de una de las historias de migración e integración más singulares de la memoria siria moderna.
Fundada a finales del siglo XIX, concretamente en 1898 durante el reinado del sultán otomano Abdul Hamid II, Al Hamidiyah se convirtió en hogar para migrantes musulmanes que abandonaron la isla griega de Creta y se asentaron en la costa siria para iniciar una nueva vida en un entorno árabe que los acogió y con el que se integraron social y culturalmente.
Hoy, Al Hamidiyah no es solo una tranquila localidad costera, sino un espacio que conserva la historia particular de generaciones que llegaron con una lengua, una memoria y unas costumbres procedentes de una isla lejana, y que reconstruyeron sus vidas dentro de la sociedad siria sin perder el vínculo con sus raíces.
Una lengua que resiste al paso del tiempo
Una de las características más destacadas de Al Hamidiyah es que algunos de sus habitantes siguen hablando el antiguo griego cretense, una lengua que ha permanecido presente en los hogares y en la memoria familiar pese al paso de más de un siglo desde la migración.
«Hablo griego cretense como hablo árabe», dijo uno de los habitantes de la localidad en declaraciones al canal sirio Al Suriya, al explicar que los musulmanes de Creta se vieron obligados a abandonar la isla tras las transformaciones políticas que vivió la región, y que parte de ellos se estableció en varios países, entre ellos Siria.
El vecino añadió que las relaciones entre los habitantes de Al Hamidiyah y su entorno se caracterizaron desde el principio por la cordialidad y la cercanía. «Hubo matrimonios mixtos y relaciones sociales excelentes y muy hermosas, que seguimos manteniendo hasta hoy», afirmó.
Esta singularidad cultural refleja la capacidad de Al Hamidiyah para combinar una sólida pertenencia siria con una memoria cretense heredada. La lengua, en este caso, no es solo un medio de comunicación, sino un testimonio vivo de la historia de la migración y del empeño de las generaciones sucesivas por preservar parte de la identidad de sus antepasados.
Los habitantes de la localidad subrayan que «lo hermoso que todos observan es que seguimos hablando el antiguo griego cretense», y explican que esta lengua se ha conservado tal como llegó con los abuelos, al no haber pasado por las etapas de evolución que conoció el griego moderno en su lugar de origen.
Convivencia e integración social
Con el paso de las décadas, Al Hamidiyah se convirtió en un modelo de convivencia e integración social, donde las distancias entre los primeros llegados y su entorno árabe se fueron diluyendo a través de la vecindad, los matrimonios mixtos y el trabajo compartido, mientras la memoria cretense permaneció viva en la lengua y en algunas costumbres y tradiciones.
Esa memoria también se manifiesta en las historias de habitantes de Al Hamidiyah que, tras largas décadas, regresaron a la isla de Creta debido a las circunstancias de la guerra en Siria. Entre ellos figura el refugiado sirio Ahmed Terzalakis, quien llegó a la isla griega con su familia y se encontró en un lugar que conocía por los relatos familiares y las antiguas canciones que escuchaba de sus padres y abuelos.
En la ciudad de Chania, en la costa noroeste de Creta, los habitantes no esperaban que Ahmed, llegado desde Siria, hablara un antiguo dialecto cretense aprendido en Al Hamidiyah. Ahmed cuenta que el dueño de una tienda se sorprendió al escucharlo hablar en ese dialecto. «El hombre no podía creer que alguien pudiera hablar esta antigua variedad en nuestra época», relató.
Ahmed Terzalakis, entre Siria y Creta
Ahmed, de 42 años, nació en Al Hamidiyah, donde su familia vivía desde finales del siglo XIX. Creció hablando árabe y griego cretense, y aprendió de su familia numerosas costumbres vinculadas a Creta, desde danzas y poemas populares breves conocidos como «mantiadis», hasta algunos platos tradicionales, como los caracoles fritos.
«Nacimos y crecimos en Siria, y aprendimos árabe en las escuelas, pero como familia siempre hablábamos en casa la lengua griega con dialecto cretense, lo que mantuvo viva entre nosotros la cultura cretense», señaló Ahmed.
Ahmed trabajaba en la construcción antes de huir con su esposa, Yasmin, y sus cuatro hijos a Grecia, escapando de las circunstancias de la guerra. Tras llegar en barco a la isla de Lesbos, se trasladaron a Chania, la segunda ciudad más grande de Creta, donde comenzaron a intentar construir una nueva vida en una tierra de la que siempre habían oído hablar en los relatos de sus antepasados.
Pese a su nostalgia por la Siria anterior a la guerra, Ahmed afirma: «Esta es la tierra de nuestros abuelos». Ya establecido en Creta, añade: «La gente aquí nos trató con amabilidad y respeto. Sé que podemos tener éxito aquí y ser felices. Al final, es la tierra de nuestros abuelos. Pertenecemos a este lugar más que a cualquier otro».
Por su parte, Dimitra Kambili, responsable del programa de vivienda en Creta en nombre de la Agencia de Desarrollo de Heraklion, señala que la comunidad de Al Hamidiyah conservó sus raíces griegas, en especial la lengua. «Constituyen un vínculo con el pasado de Creta», afirmó.
Una migración inversa
Esta vuelta en sentido inverso muestra otra dimensión de la historia de Al Hamidiyah. La localidad, fundada hace más de 120 años para acoger a migrantes procedentes de Creta, mantuvo viva entre sus habitantes la memoria y la lengua de la isla, incluso cuando las circunstancias los empujaron a cruzar de nuevo el mar hacia la tierra de sus antepasados.
Hoy, Al Hamidiyah conserva un lugar especial en la costa siria. Es siria por su pertenencia y por su vida cotidiana, y mediterránea por una memoria que se extiende hasta la isla de Creta.
Entre el mar y la memoria, la localidad sigue narrando la historia de personas que dejaron una patria lejana y construyeron en Siria una nueva, sin que los hilos del pasado se rompieran con el presente.

