Deraa, 15 abr (SANA) Sentadas sobre alfombras tradicionales, varias mujeres mayores, vestidas de negro y con pañuelos bordados, encarnan la memoria viva de Horán. La primera a la izquierda sostiene un mehbaj, un antiguo mortero de madera utilizado para moler café en esta región.
A su lado, utensilios de barro, cestas tejidas y recipientes tradicionales completan una escena que evoca la vida cotidiana de otro tiempo, mientras, en el centro, un hombre entona cantos populares que acompañan la recreación de esas tradiciones.
La escena forma parte de la actividad cultural, Horán: historia de cardamomo y henna, organizada por el colectivo Mujeres de Horán —organización local que apoya a las mujeres y preserva el patrimonio— en el centro cultural de la ciudad de Deraa, con el objetivo de preservar y transmitir el patrimonio material y las tradiciones de la zona.
Históricamente, Horán se extendía por el sur de Siria, el norte de Jordania y partes del sur de Palestina, antes de las fronteras impuestas por las potencias coloniales tras la Primera Guerra Mundial.
La exposición reunió herramientas agrícolas tradicionales, utensilios domésticos y representaciones de la vida cotidiana, desde el trabajo en el campo hasta los rituales sociales en los hogares. Uno de los elementos más destacados fue la recreación de una boda tradicional de esta región, acompañada de proverbios populares y la preparación del café árabe, símbolo de hospitalidad profundamente arraigado.
Para Khawla Ibrahim, integrante del colectivo, la iniciativa busca acercar a las nuevas generaciones a sus raíces. “En un mundo que cambia rápidamente, preservar el patrimonio no es solo recordar el pasado, sino proteger nuestra identidad”, afirmó.
Esa memoria también vive en quienes la experimentaron. Amna Hassan al-Zaed recordó una época marcada por la autosuficiencia. “Dependíamos de lo que daba la tierra, del kishk —producto tradicional a base de yogur y trigo seco, típico de la cocina rural—, el ghee, la cría de animales y el trabajo en los campos. Era una vida sencilla, pero llena de bendiciones y solidaridad”, explicó.
Los asistentes recorrieron la exposición con interés, deteniéndose ante objetos que narran la vida diaria de sus antepasados, desde la agricultura hasta la preparación de alimentos, y destacaron la importancia de preservar este legado frente al paso del tiempo.
En una región marcada por transformaciones recientes, la actividad se presentó como algo más que una exposición: una forma de mantener viva una memoria colectiva que resiste al paso del tiempo y a las fronteras.
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