Damasco, 22 ene (SANA) En los estrechos callejones del Antiguo Damasco, donde la historia se entrelaza con la vida cotidiana, persisten tradiciones culinarias que forman parte esencial de la identidad cultural de la ciudad. Entre ellas destaca el Tamari Kaak, un plato popular que ha logrado mantenerse vigente a lo largo de décadas como uno de los sabores más representativos de la capital siria.
El Tamari Kaak es un alimento sencillo y ampliamente consumido, nacido como un refrigerio ligero elaborado a base de pasta de dátiles y kaak, una especie de galleta tradicional. Su preparación conserva métodos artesanales transmitidos de generación en generación, lo que le confiere un carácter auténtico y profundamente arraigado en la memoria colectiva damascena.
Variedad de ingredientes y métodos tradicionales
Abu Karam, vendedor de Tamari Kaak en Damasco, explicó a SANA que el plato se elabora con pasta de dátiles y kaak, a los que se añaden ingredientes básicos como melaza, tahini, semillas de sésamo y azúcar. Indicó que la diversidad de adiciones responde a los distintos gustos de los clientes, algunos de los cuales prefieren plátano o chocolate, mientras otros optan por frutos secos como nueces o pistachos.
Sobre el método de preparación, Abu Karam detalló que primero se elabora una capa conocida como tamriya, una masa que se fríe brevemente en aceite. Encima se coloca una segunda capa llamada kaak, más gruesa y horneada en hornos tradicionales. Posteriormente se agregan los ingredientes adicionales, como jarabe de dátiles, tahini, semillas de sésamo y frutos secos, según la preferencia del consumidor.

El vendedor señaló que la popularidad de este plato se remonta a las décadas de 1940 y 1950, y consideró que el Tamari Kaak ha acompañado las transformaciones sociales de la ciudad sin perder su lugar en la vida diaria de sus habitantes.
Sustento económico y valor nutricional
Además de su valor cultural, el Tamari Kaak representa una fuente de ingresos para numerosas familias dedicadas a la artesanía alimentaria tradicional. Abu Karam afirmó que este oficio le permite sostener a su familia, y destacó que la demanda del producto aumenta durante el invierno debido a su alto contenido energético y nutricional.
Youssef Ahmed, residente de Damasco, aseguró que rara vez deja pasar un día sin consumir este dulce, al que considera una comida completa, especialmente en la temporada invernal. Subrayó que su relleno a base de jarabe de dátiles aporta minerales y vitaminas esenciales, además de los beneficios del sésamo, el tahini y los frutos secos.

Por su parte, Hanaa Hamza, de 42 años, evocó recuerdos de su infancia vinculados al Tamari Kaak, al rememorar a los vendedores apostados frente a las escuelas y a los estudiantes reunidos para comprar este tradicional manjar.
El Tamari Kaak continúa así siendo un símbolo de la cocina popular damascena, un plato que ha resistido los cambios sociales y económicos y que sigue presente como parte viva del patrimonio cultural y gastronómico de Damasco.
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