Alepo, 2 ene (SANA) Ubicada en el centro de la Ciudad Vieja de Alepo, la Ciudadela de Alepo encierra siglos de historia política, militar y arquitectónica.
Con una altura aproximada de 38 metros sobre la ciudad, esta imponente fortaleza ha servido a lo largo de los siglos como bastión defensivo ante los diversos ejércitos que han transitado por la región, consolidándose como un símbolo integral de la identidad de Alepo, junto a sus murallas y torres.
Arquitectura defensiva: Murallas y fosos
Un profundo foso rodea la ciudadela, reforzando su sistema defensivo. Durante el reinado del sultán al-Zahir Ghazi, se excavó un foso y se construyó una muralla en su base, que en ocasiones alcanzaba 22 metros de profundidad y 30 metros de ancho, y que podía llenarse de agua para reforzar la seguridad de la fortaleza.
La entrada principal combina elementos de distintas épocas: la sección inferior data del siglo III d. C., mientras que la parte superior fue añadida en el siglo XV. Las torres y murallas actuales corresponden principalmente a los períodos comprendidos entre los siglos XIII y XVI, constituyendo un ejemplo destacado de la arquitectura militar árabe-islámica.
A lo largo de su historia, la ciudadela resistió destrucciones y reconstrucciones. Fue devastada por los persas sasánidas en el año 540 d. C. tras enfrentarse al rey Cosroes I, y más tarde solo se rindió a Hulagu Khan tras prometerle paz a su guarnición, para luego romper su palabra.
Hitos dentro de la ciudadela
En su interior, la Ciudadela de Alepo alberga importantes monumentos religiosos, militares y civiles, entre ellos la Mezquita de Ibrahim al-Khalil, la Gran Mezquita, la torre principal, el cuartel sur y residencias históricas como la Casa de las Columnas, la Casa del Oro, la Casa de la Persona y la Casa de la Gloria. Estos elementos permiten apreciar cómo era la vida dentro de las fortalezas medievales.
El investigador Abdullah Hajjar destaca los hallazgos arqueológicos en la ciudadela, que incluyen un templo del siglo IX a. C., sarcófagos romanos y bizantinos, así como cisternas de agua del reinado del emperador bizantino Justiniano (527-565 d. C.), quien reconstruyó las fortificaciones tras su destrucción, fortaleciendo así la posición estratégica de Alepo frente a las invasiones persas.
Durante la era mameluca, la ciudadela vivió un periodo de prosperidad notable. Fue restaurada por el sultán al-Zahir Baybars tras la batalla de Ain Jalut en 1260 d. C. Posteriormente, en 1291 d. C., el sultán al-Ashraf Khalil ibn Qalawun grabó una inscripción sobre la entrada principal que documentaba sus victorias sobre cruzados y mongoles.
En la época otomana, tras la batalla de Marj Dabiq en 1516 d. C., la ciudadela perdió parte de su función militar y se transformó en centro administrativo y residencial para algunas familias locales, conocidas como las familias Agha.
Inscripciones y restos históricos
Entre las inscripciones más antiguas se encuentra una que data del año 1072 d. C., durante el reinado de Mahmud ibn Nasr ibn Salih ibn Mirdas. Otras corresponden a Nur ad-Din Zangi, al-Zahir Ghazi y al-Aziz Muhammad, así como a la era mameluca, con referencias a los sultanes Barquq y Qansuh al-Ghawri. Una única inscripción otomana recuerda al sultán Solimán el Magnífico.
Regreso tras la restauración
Tras años de guerra, abandono y cierre prolongado, la Ciudadela de Alepo ha recuperado su esplendor. Las labores de restauración, que se prolongaron durante meses, permitieron que el monumento más importante de Siria, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial desde 1986, reabriera sus puertas el 27 de septiembre, dando la bienvenida nuevamente a visitantes nacionales e internacionales.
La Ciudadela de Alepo no solo es un testimonio de la historia de Siria, sino también un símbolo de resistencia, identidad y patrimonio cultural que sigue fascinando a quienes recorren sus muros y torres.




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