Damasco, 28 dic (SANA) En el corazón de la historia, donde el tiempo parece detenerse y los siglos dialogan entre sí, la antigua ciudad de Damasco revive una magia sin igual. Con la llegada de la Navidad y el Año Nuevo, la urbe más antigua del mundo habitado se convierte en un escenario de ensueño, evocando los relatos de “Las Mil y Una Noches“.
En estos días, el pasado y el presente se funden, y la cultura islámica convive en armonía con las tradiciones cristianas, dando vida a un ambiente festivo y luminoso.
Las calles del Damasco antiguo: un viaje al pasado
Recorrer las estrechas calles del casco antiguo durante esta temporada es como viajar atrás en el tiempo. Los zocos tradicionales, como el famoso Souq Al-Hamidiyye, se revisten de luces y decoraciones que llenan el espacio de color y encanto.
El aire se impregna con los irresistibles aromas de dulces tradicionales y platos que chisporrotean en los puestos callejeros. En cada rincón, la música oriental se entrelaza con los cánticos navideños, en una fusión que refleja la diversidad religiosa y cultural que siempre ha distinguido a Damasco.

Una ciudad que brilla como un cuento de hadas
Las luces navideñas se extienden por toda la ciudad. Desde los altos árboles decorados con tonos brillantes hasta las fachadas de piedra que datan de épocas islámicas, todo resplandece con un encanto particular.
El barrio de “Bab Tuma“, una de las siete puertas más antiguas de la ciudad, reluce con adornos luminosos, mientras que otros barrios como Bab Sharqi combinan lo tradicional con lo moderno en una mezcla vibrante de estilos.
A lo largo de las calles, los puestos de regalos exhiben cerámicas damascenas, tejidos bordados y productos artesanales que reflejan la elegancia y el arte de sus habitantes.
En el centro del casco antiguo se respira la esencia de “Las Mil y Una Noches“. Las historias de princesas y comerciantes parecen cobrar vida mientras los artesanos trabajan el cobre o la madera en los talleres ancestrales. Las velas iluminan las iglesias y las casas cristianas, proyectando una atmósfera de serenidad donde las tradiciones cristianas y musulmanas se entrelazan en una armonía que simboliza la paz y la coexistencia.
Dos fes, una misma celebración
En las antiguas iglesias, como la de San Jorge o la de la Capilla de San Ananías, los fieles cristianos celebran la Navidad con solemnidad y esperanza. Las familias se reúnen para los oficios religiosos bajo el resplandor de los iconos bizantinos que adornan las paredes, mientras los cánticos navideños resuenan en el aire invernal. Al mismo tiempo, en las mezquitas de la ciudad, la espiritualidad musulmana se manifiesta con luces suaves y oraciones tranquilas.
En la majestuosa Gran Mezquita de Omeyas, el eco del recuerdo de Dios envuelve la noche, mezclándose con las melodías festivas de la ciudad. Así, la fe y la belleza se confunden hasta convertirse en un solo lenguaje de paz.
Entre el pasado y el presente
Durante la temporada navideña, el Viejo Damasco se convierte en un sueño tangible que une las leyendas orientales con la vida moderna. Las melodías populares se mezclan con los villancicos, y las cafeterías del casco histórico se llenan del aroma del café damasceno recién hecho.
En cada rincón se perciben los ecos de la historia, los sonidos de la vida cotidiana y la calidez de una ciudad que respira cultura.
Damasco, la ciudad eterna
Mientras el tiempo avanza en otras partes del mundo, Damasco se mantiene fiel a su espíritu. En Navidad y Año Nuevo, la ciudad brilla con un esplendor renovado, combinando la antigüedad con los pequeños detalles que llenan de color sus noches.
Para los visitantes, Damasco no es solo una joya del pasado, es una ciudad viva que guarda en sus callejones la memoria del entendimiento entre religiones y la convivencia de los pueblos. Quien la recorre durante estas fechas deja en sus calles una parte de su corazón, atrapado entre el tiempo, la historia y la belleza eterna de Oriente.
Por Watfeh Salloum





