Damasco, 5 nov (SANA) La Puerta de Bab Touma, una de las siete puertas históricas que daban acceso a la antigua ciudad amurallada de Damasco, se erige hoy como un testimonio vivo de la historia milenaria de Siria y un emblema de la coexistencia religiosa y cultural que caracteriza a la capital.
Ubicada en el barrio cristiano homónimo, al noreste de la Ciudad Vieja, Bab Touma, que en árabe significa Puerta de Tomás, debe su nombre a Santo Tomás el Apóstol, quien, según la tradición, pasó por este punto durante su viaje hacia el este para difundir el cristianismo.
De Roma a los Omeyas
Los orígenes de la puerta se remontan al período romano, cuando Damasco formaba parte del Imperio. En esa época, la ciudad contaba con una muralla defensiva con varias entradas monumentales. Bab Touma fue reconstruida en diferentes momentos de la historia: primero bajo los bizantinos, luego durante el califato omeya, y más tarde por los ayubíes, quienes en el siglo XIII le dieron su aspecto actual, con un arco de piedra tallada y una estructura más fortificada.
A lo largo de los siglos, la puerta se convirtió en punto de entrada principal al barrio cristiano de Damasco, donde se establecieron comunidades ortodoxas, católicas, armenias y protestantes, que aún mantienen iglesias, conventos y escuelas centenarias.
Corazón del viejo Damasco
Bab Touma no es solo un sitio arqueológico, sino también un espacio lleno de vida. Las estrechas callejuelas empedradas que parten desde la puerta conducen a cafés tradicionales, talleres de artesanía, casas damascenas restauradas y restaurantes que conservan la arquitectura típica de patios interiores, con fuentes y mosaicos de mármol.
El barrio se ha convertido en uno de los destinos favoritos de los visitantes locales y extranjeros, especialmente durante las celebraciones religiosas, cuando las campanas de las iglesias resuenan junto al llamado a la oración de las mezquitas cercanas, reflejando el espíritu de pluralidad y tolerancia que ha distinguido históricamente a Damasco.
Hoy, la Puerta de Bab Touma vuelve a abrirse al bullicio de la vida cotidiana, acogiendo turistas, peregrinos y damascenos que la atraviesan como lo hicieron generaciones durante más de dos milenios.
Símbolo de la historia, la fe y la convivencia, Bab Touma sigue siendo una de las joyas más preciadas de la Ciudad Vieja de Damasco —inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO— y un recordatorio del profundo legado cultural que Siria aporta al mundo.
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