Damasco, 5 nov (SANA) Las perturbaciones en el tráfico aéreo europeo continúan debido a una serie de amenazas de bomba a bordo de aviones comerciales que, en los últimos días, han obligado a desviar vuelos, realizar aterrizajes de emergencia y cerrar temporalmente aeropuertos y pistas.
Algunos incidentes han requerido incluso el despliegue de cazas militares para escoltar a las aeronaves. Esta sucesión de episodios plantea interrogantes sobre la naturaleza de las amenazas, su posible relación y sus repercusiones para la seguridad de la navegación aérea.
El último incidente se ha producido este jueves, cuando las autoridades francesas desviaron a la base aérea de Évreux, en el noroeste de Francia, un avión de pasajeros de la aerolínea irlandesa Aer Lingus que cubría la ruta entre Dublín y Roma, tras recibir un aviso sobre la posible presencia de una bomba a bordo, según informó la agencia France Presse.
La oficina del primer ministro francés informó de que el avión, un Airbus A320, aterrizó sin contratiempos y que sus 151 pasajeros y los seis miembros de la tripulación fueron evacuados. Equipos especializados iniciaron posteriormente una inspección de la aeronave, mientras que las Fuerzas Aéreas francesas movilizaron cazas para escoltarla.
Las alertas registradas este jueves afectaron también a un avión de Finnair que volaba de Helsinki a Roma y que fue escoltado por un caza italiano hasta el aeropuerto de Fiumicino para someterlo a una inspección, asimismo, un vuelo de Wizz Air que cubría la ruta entre Milán y Varsovia fue desviado a Viena.
Estos acontecimientos se producen después de una oleada de amenazas que el pasado martes afectó a cerca de diez vuelos europeos, entre ellos los operados por las aerolíneas Ryanair, Wizz Air, la polaca LOT y la escandinava SAS.
En Polonia, un avión de LOT procedente de Londres realizó un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Varsovia-Modlin. Sus 181 pasajeros fueron evacuados y las instalaciones aeroportuarias permanecieron cerradas temporalmente. Otro avión de SAS procedente de Copenhague fue sometido a un procedimiento similar en el aeropuerto de Varsovia-Chopin.
Las alertas también se extendieron a España, donde un avión de Ryanair procedente de Manchester y con destino a Murcia fue sometido a una inspección. Por su parte, el aeropuerto romano de Fiumicino activó medidas de seguridad tras recibir amenazas contra dos vuelos de la misma compañía procedentes de Lisboa y Dublín.
En la República Checa, cuatro aviones con destino a Praga recibieron amenazas de bomba este jueves.
La Policía señaló que su evaluación inicial apuntaba a un bajo nivel de credibilidad. También fueron amenazados dos vuelos con destino a Sofía (Bulgaria): uno de Wizz Air procedente de Bérgamo y otro de Ryanair procedente de Dublín. Ambos aterrizaron sin incidentes.
Con anterioridad, un avión de Wizz Air que volaba de Londres a Sofía había sido desviado a Budapest, escoltado por cazas húngaros, tras recibir una alerta similar.
Repercusiones que van más allá de los vuelos afectados
Las consecuencias de estas amenazas no se limitan a los aviones señalados, sino que se extienden a los aeropuertos, las compañías aéreas y las redes de transporte aéreo. La gestión de este tipo de alertas exige evaluar el nivel de riesgo, garantizar el aterrizaje seguro de la aeronave y evacuar a sus pasajeros, además de inspeccionar tanto el avión como los equipajes antes de autorizar su reincorporación al servicio.
Según la cadena Euronews, estos procedimientos, incluso cuando no se encuentran explosivos, provocan retrasos, alteran los horarios de operación y aumentan la carga de trabajo y los costes relacionados con la seguridad y la operativa aeroportuaria. En algunos casos, pueden llegar a provocar el cierre de pistas y la suspensión temporal del tráfico aéreo.
Las repercusiones se agravan cuando las alertas se producen de forma simultánea o en intervalos cortos en distintos países, ya que las autoridades de seguridad y aviación deben gestionar múltiples avisos y encontrar un equilibrio entre la rapidez de respuesta ante posibles amenazas y la continuidad del transporte aéreo.
Antecedentes y desafíos recurrentes
Las amenazas de bomba a bordo de aviones comerciales no constituyen un fenómeno nuevo. En los últimos años se han registrado incidentes similares que han obligado a movilizar cazas militares, desviar vuelos y poner en marcha amplios dispositivos de inspección.
En agosto de 2014, un caza británico Eurofighter Typhoon escoltó a un avión de Qatar Airways procedente de Doha y con destino a Manchester, después de recibirse un aviso sobre la posible presencia de un artefacto explosivo a bordo. La aeronave aterrizó sin contratiempos y uno de sus pasajeros fue detenido bajo sospecha de haber presentado una falsa alerta, según informó la cadena británica BBC.
En mayo de 2015, dos cazas estadounidenses F-15 escoltaron a un avión de Air France procedente de París y con destino a Nueva York, tras recibir una amenaza anónima de bomba. El aparato aterrizó sin incidentes y no se encontraron sustancias peligrosas, según la cadena Sky News.
En julio de 2022, un caza español escoltó a un avión de la compañía easyJet que volaba de Londres a la isla de Menorca, después de que uno de los pasajeros publicara una amenaza en las redes sociales.
Posteriormente, en enero de 2023, Grecia movilizó dos cazas F-16 para escoltar a un avión de Ryanair procedente de Polonia y con destino a Atenas, tras recibir una amenaza similar. La inspección concluyó sin que se encontraran explosivos.
Estos episodios ponen de manifiesto la magnitud de los desafíos que las amenazas a la seguridad plantean al sector de la aviación, tanto si se confirma su gravedad como si finalmente resultan ser falsas. En todos los casos, las autoridades deben aplicar estrictos protocolos de precaución, debido a los riesgos que podría entrañar cualquier error en la evaluación de las alertas.
Falsas alarmas y riesgos de las amenazas
Responsables británicos calificaron los avisos que afectaron a vuelos con salida del Reino Unido de “amenazas falsas y malintencionadas”.
Por su parte, las autoridades de Polonia, España y Bulgaria confirmaron que no se habían encontrado explosivos ni objetos sospechosos en varias de las aeronaves afectadas.
El profesor especializado en seguridad aérea de la Universidad de Coventry, Philip Baum, explicó, según declaraciones recogidas por varios medios británicos, entre ellos el diario The Guardian, que el sector de la aviación recibe de forma recurrente avisos sobre amenazas de bomba en distintas partes del mundo, y detalló que una proporción considerable de ellos, señaló, procede de personas que los consideran una broma o que buscan interrumpir los vuelos por diferentes motivos.
Baum advirtió de que responder a todas las alertas sin una evaluación rigurosa puede provocar importantes alteraciones en el tráfico aéreo, y por ello, subrayó la necesidad de distinguir entre avisos arbitrarios y amenazas que contienen información concreta y que, por tanto, requieren una respuesta seria.
Asimismo, señaló que los grupos que planean atentados con explosivos no suelen anunciar sus planes de antemano, sino que reivindican su responsabilidad una vez perpetrados los ataques. En este sentido, apuntó que el desvío de algunas aeronaves refleja la existencia de indicios que llevaron a las autoridades a adoptar medidas preventivas.
Por el momento, se desconoce quién está detrás de esta última serie de alertas y tampoco se ha esclarecido si existe alguna relación entre los incidentes registrados ocurridos en varios países europeos.
Las autoridades continúan investigando los avisos y gestionándolos conforme a sus evaluaciones de seguridad, con la protección de los pasajeros y las tripulaciones como prioridad.
sm/em