Capitales, 28 sep (SANA) El conflicto entre Estados Unidos e Irán permanece abierto a distintos escenarios, entre las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre una próxima victoria, la presión económica sobre Teherán y los intentos diplomáticos para alcanzar un acuerdo que incluya el programa nuclear iraní y el estrecho de Ormuz.
Trump ha endurecido su discurso en los últimos días y sostiene que Washington ha logrado avances militares y económicos. Su Gobierno mantiene como objetivo declarado impedir que Irán desarrolle armas nucleares y continúa utilizando sanciones, operaciones militares y presión sobre sus exportaciones energéticas como herramientas de negociación.
Al mismo tiempo, los contactos diplomáticos no se han interrumpido. Mediadores regionales han buscado acercar las posiciones de Washington y Teherán, aunque persisten profundas diferencias sobre las condiciones para poner fin a las hostilidades y garantizar la navegación por el estrecho de Ormuz. Las conversaciones recientes han explorado fórmulas graduales que vinculan la reapertura de esta vía marítima con un alivio de las medidas económicas estadounidenses.
Negociación bajo presión
Teherán reclama garantías frente a posibles nuevos ataques como parte de cualquier eventual acuerdo, mientras mantiene que responderá militarmente si vuelven a producirse ofensivas contra su territorio.
La dificultad quedó reflejada nuevamente este fin de semana, cuando Trump rechazó una propuesta iraní que contemplaba la reapertura del estrecho de Ormuz y la reanudación de las negociaciones en un plazo de siete días. La iniciativa había sido transmitida a Washington a través de mediadores.
Pese a ese rechazo, países árabes han seguido intentando abrir espacios de diálogo. Durante la Asamblea General de la ONU se intensificaron las gestiones para propiciar contactos de alto nivel entre Estados Unidos e Irán y reducir el riesgo de una nueva escalada.
Ormuz sigue en el centro del conflicto
El estrecho de Ormuz continúa siendo uno de los principales puntos de presión. Por esta vía transita habitualmente una parte significativa del petróleo mundial, por lo que cualquier alteración de la navegación repercute directamente en los mercados energéticos y en las economías de los países del Golfo.
Washington busca garantizar el paso de los buques y limitar la capacidad iraní de utilizar el estrecho como instrumento de presión, mientras Teherán vincula su reapertura a concesiones económicas y al levantamiento de determinadas medidas estadounidenses.
Arabia Saudita y el frente yemení
La evolución del conflicto también está condicionada por Yemen. La intensificación de las operaciones hutíes y las tensiones en torno al estrecho de Bab al Mandeb han aumentado la preocupación saudí y añadido presión sobre las rutas energéticas regionales.
Arabia Saudita ha intensificado sus contactos políticos y militares con Washington, al tiempo que procura evitar una ampliación del enfrentamiento regional. La situación en Yemen, la presión sobre Irán y las negociaciones sobre Ormuz forman así parte de un mismo escenario en el que las dimensiones militar, económica y diplomática permanecen estrechamente vinculadas.
Por ahora, ninguna de esas vías ha producido una salida definitiva. Washington mantiene la presión y Teherán conserva instrumentos de negociación, mientras los mediadores regionales intentan reducir unas diferencias que siguen marcando el curso del conflicto.
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