Washington, 9 ago (SANA) Familiares de miembros de la Armada de Estados Unidos denunciaron difíciles condiciones de vida y un deterioro de la moral a bordo del portaaviones USS Abraham Lincoln, desplegado desde hace más de ocho meses y actualmente operando en Oriente Medio.
Los testimonios, recogidos por el canal estadounidenses “MS Now”, apuntan a problemas de abastecimiento, instalaciones sanitarias deterioradas y una creciente preocupación por la prolongación de la misión sin una fecha clara para el regreso de la tripulación.
El USS Abraham Lincoln partió de San Diego el 21 de noviembre de 2025 para un despliegue inicialmente previsto de unos siete meses, pero la misión fue extendida en dos ocasiones en medio de las operaciones militares estadounidenses relacionadas con Irán.
Familiares de los marineros señalaron que a bordo existen dificultades para conseguir determinados alimentos y productos básicos de higiene, mientras algunas duchas presentan moho y se reportaron problemas con baños y lavanderías.
El buque acumuló más de 200 días consecutivos en el mar durante su actual despliegue, una situación que, según medios especializados, incrementó la presión física y psicológica sobre sus integrantes.
Los familiares manifestaron además inquietud por la falta de información sobre cuándo concluirá la misión y pidieron a las autoridades navales prestar mayor atención a la salud mental y las condiciones materiales de los más de cinco mil miembros de la tripulación.
Las denuncias llevaron a familiares de militares a plantear directamente sus preocupaciones ante responsables de la Armada estadounidense durante un encuentro celebrado en San Diego, donde reclamaron respuestas sobre el regreso del portaaviones y las condiciones de quienes permanecen a bordo.
La Armada prepara al grupo de combate encabezado por el USS Theodore Roosevelt para un nuevo despliegue, aunque las autoridades estadounidenses alegan razones de seguridad operacional para no precisar cuándo podría relevar al Abraham Lincoln.
El prolongado despliegue ocurre en momentos en que Washington mantiene una elevada presencia naval y aérea en Oriente Medio en el contexto de sus operaciones contra Irán y de las tensiones en torno al estrecho de Ormuz.
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