Bruselas, 30 jun (SANA) El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó este martes que la alianza afronta el reto de transformar la fuerte inversión financiera en defensa en capacidades militares listas para su despliegue, en medio de desafíos geopolíticos que, según el organismo, presionan a la industria militar europea y norteamericana.
Rutte subrayó que la prioridad común de los Estados miembros es acelerar la producción de armamento y garantizar la disponibilidad de equipos operativos. “El dinero es importante, pero no se puede detener un misil ni un tanque con un dólar o un euro”, declaró, citado por la AFP.
Según la agencia francesa, los presupuestos de defensa en Europa y Canadá aumentaron el año pasado en unos 90.000 millones de dólares, después de que los países de la OTAN se comprometieran en La Haya a elevar su gasto militar. Sin embargo, la alianza encuentra dificultades para convertir esos fondos en una capacidad real debido a la lentitud de la producción y a las limitaciones de su base industrial.
El informe señaló que la guerra ruso-ucraniana y la guerra en Oriente Medio han evidenciado las carencias de la producción europea y estadounidense, mientras las empresas afrontan largas listas de espera y falta de capacidades esenciales.
Por su parte, Washington trabaja para reponer sus reservas militares, reducidas durante operaciones recientes, en tanto los países europeos consideran que reforzar la producción nacional se ha convertido en una necesidad estratégica ante las dudas sobre la fiabilidad del apoyo estadounidense y el aumento de las tensiones con Rusia.
En este contexto, el comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, afirmó que Europa ha aprendido a recaudar fondos, pero ahora debe aprender a gastarlos con eficacia.
Aunque la industria europea de defensa padece un problema estructural derivado de la fragmentación de sus mercados, Kubilius defendió la creación de un mercado europeo unificado, una propuesta que enfrenta una fuerte oposición de los fabricantes.
Los productores del sector reclaman simplificar las regulaciones y agilizar los procedimientos, ya que la apertura de una nueva fábrica de armas puede tardar hasta dos años. También advierten de la falta de flexibilidad para adaptar las líneas de producción.
A estas dificultades se suma la preocupación por la capacidad de los gobiernos europeos para sostener un elevado gasto militar ante la presión sobre las finanzas públicas y la persistente debilidad económica.
rsh