Londres, 21 jun (SANA) Diez años después del referéndum de 2016 que condujo a la salida del Reino Unido de la Unión Europea, el balance económico y político del Brexit sigue siendo objeto de controversia, en un contexto de crecimiento moderado, tensiones internas y un debate aún abierto sobre la relación con Bruselas.
El aniversario llega marcado por una revisión crítica de las promesas formuladas durante la campaña a favor de la salida del bloque comunitario, mientras encuestas recientes reflejan un descenso en el apoyo ciudadano al Brexit y una percepción más matizada de sus efectos económicos.
Acercamiento gradual y redefinición de las relaciones
El Gobierno británico no plantea en la actualidad un retorno a la Unión Europea, sino una estrategia de “redefinición” de la relación bilateral basada en la cooperación económica, comercial y de seguridad.
El primer ministro, Keir Starmer, ha defendido un enfoque pragmático orientado a reforzar los vínculos con Bruselas sin reabrir el debate sobre la pertenencia al bloque. Sin embargo, dentro del Partido Laborista persisten divisiones entre quienes consideran el Brexit un error estratégico y quienes defienden la necesidad de mantener la autonomía regulatoria del país.
Desde el lado europeo, fuentes diplomáticas subrayan que cualquier avance sustancial en la relación requeriría una alineación más estrecha con las normas comunitarias y compromisos financieros, una condición que sigue generando resistencia en el debate político británico.
Un resultado económico controvertido
Los datos de la Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido apuntan a una caída en las exportaciones de bienes hacia la UE, que pasaron de alrededor de 205.000 millones de libras en 2016 a 185.000 millones en 2025, al tiempo que el déficit comercial con el bloque se amplió en el mismo periodo.
Diversos análisis, entre ellos los citados por medios británicos como The Guardian, sugieren que el PIB per cápita y la inversión han evolucionado por debajo de los niveles que se habrían alcanzado en caso de permanencia en la UE. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria estima el impacto económico del Brexit entre un 6 % y un 8 % del PIB.
No obstante, los defensores de la salida argumentan que el país evitó los escenarios más negativos previstos antes del referéndum y que factores como la pandemia de covid-19, la crisis energética y la desaceleración global explican en gran medida el comportamiento económico reciente.
Inmigración: el problema sin resolver
Las estadísticas oficiales muestran una transformación en los flujos migratorios tras el fin de la libre circulación con la UE. La inmigración procedente de países comunitarios se redujo de forma significativa, mientras que aumentó la llegada de trabajadores y residentes desde fuera del bloque.
Según la Oficina Nacional de Estadística, la migración neta alcanzó cerca de un millón de personas en 2023, antes de descender a 308.000 en 2025, con un predominio de flujos extracomunitarios. Este cambio alimenta el debate político sobre el cumplimiento de uno de los principales objetivos del Brexit: el control de la inmigración.
Crisis política en el seno del Partido Laborista
El debate sobre los efectos del Brexit coincide con tensiones crecientes dentro del Partido Laborista, en el poder desde hace dos años. Diversos medios británicos han informado de un aumento de las críticas internas hacia la gestión del Gobierno en materia económica, de servicios públicos e inmigración.
En este contexto, el primer ministro Keir Starmer enfrenta presiones de parte de su grupo parlamentario, mientras se multiplican las especulaciones sobre su liderazgo, aunque el Ejecutivo niega que exista una decisión sobre su posible dimisión.
Analistas políticos señalan que estas divisiones reflejan la dificultad de consolidar una estrategia coherente sobre la relación con Europa en un escenario político fragmentado.
Una nueva relación, no un regreso definitivo
De cara a la próxima cumbre entre Londres y Bruselas, prevista para el mes entrante, las expectativas se centran en ajustes técnicos y avances sectoriales más que en un cambio estructural de la relación.
Cooperación en comercio, defensa, energía y movilidad juvenil aparecen como los principales ámbitos de trabajo, sin que se contemple a corto plazo un retorno del Reino Unido a la Unión Europea.
Diez años después del Brexit, el panorama sigue marcado por una doble realidad: una economía con crecimiento moderado y desafíos estructurales, y un debate político que mantiene abierta la discusión sobre el lugar del Reino Unido en Europa.
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