Bruselas, 13 jun (SANA) La Unión Europea comenzó a aplicar plenamente el nuevo Pacto de Migración y Asilo, una reforma largamente negociada que inaugura una etapa más estricta en la gestión de las fronteras exteriores, los procedimientos de asilo y las devoluciones de quienes no obtengan autorización para permanecer en territorio comunitario.
El paquete normativo, aprobado en 2024 tras años de tensiones entre los Estados miembros, busca sustituir la fragmentación de las políticas nacionales por un sistema común. Su aplicación llega en un momento de creciente presión política sobre los gobiernos europeos, con el avance de discursos más duros sobre la inmigración.
Procedimientos más rápidos en la frontera
Uno de los ejes centrales del pacto es el procedimiento fronterizo acelerado. Los solicitantes de asilo procedentes de países con bajas tasas de reconocimiento, o aquellos considerados “un posible riesgo para la seguridad”, podrán ser sometidos a una tramitación rápida de sus expedientes cerca de las fronteras exteriores. El objetivo declarado es resolver con mayor rapidez qué personas tienen derecho a protección y cuáles deben ser retornadas.
Durante ese proceso, los solicitantes deberán permanecer en centros habilitados para el registro, la evaluación inicial y la tramitación de sus casos. Las autoridades comunitarias sostienen que el sistema permitirá ordenar los flujos migratorios y reducir los movimientos secundarios dentro del bloque, es decir, los desplazamientos de solicitantes de asilo de un país europeo a otro después de su primer registro.
El pacto también refuerza la base de datos Eurodac, que pasará a incorporar más información biométrica, incluidas huellas dactilares e imágenes faciales, con el fin de identificar con mayor precisión a quienes llegan de forma irregular o solicitan protección internacional. Además, introduce controles obligatorios de seguridad, salud e identidad antes de que los casos sean remitidos al procedimiento correspondiente.
Solidaridad obligatoria entre Estados miembros
Junto al endurecimiento de los controles, la reforma establece un mecanismo permanente de solidaridad entre los Estados miembros. Los países con mayor presión migratoria podrán recibir apoyo mediante la reubicación de solicitantes de asilo, contribuciones financieras o asistencia operativa.
La medida intenta responder a una queja recurrente de los países del sur de Europa, como Italia, Grecia, España y Chipre, que durante años han reclamado una distribución más equilibrada de responsabilidades en la gestión de las llegadas.
Dudas sobre la aplicación práctica
Sin embargo, la aplicación práctica del pacto sigue rodeada de dudas. La Comisión Europea ha reconocido que los Estados miembros han avanzado en la preparación del nuevo sistema, aunque todavía deben completar infraestructuras, adaptar procedimientos, reforzar sistemas informáticos y garantizar mecanismos de supervisión de derechos fundamentales.
Ese desfase alimenta el temor a cuellos de botella en las fronteras y a una mayor presión sobre los centros de acogida.
Los defensores de la reforma consideran que la UE necesitaba una respuesta común y más eficaz ante un sistema desbordado por normas dispares y por la baja tasa de ejecución de las órdenes de retorno. Sus críticos, en cambio, advierten de que la aceleración de los procedimientos puede reducir las garantías legales de los solicitantes de asilo y aumentar el riesgo de detenciones prolongadas o devoluciones sin un examen suficiente de cada caso.
Las organizaciones de derechos humanos han expresado especial preocupación por el impacto del pacto en personas vulnerables y solicitantes procedentes de países considerados seguros. También cuestionan el uso de centros cerrados o semicerrados en las fronteras y el posible traslado de parte de la gestión migratoria a terceros países mediante acuerdos de retorno.
Un debate marcado por la presión migratoria
El debate se cruza con una realidad demográfica y laboral compleja. Europa endurece su política de asilo al mismo tiempo que varias de sus economías necesitan mano de obra extranjera para sostener sectores clave.
Según Eurostat, 4,2 millones de personas inmigraron a la Unión Europea desde países no comunitarios en 2024, una cifra que refleja la magnitud de la movilidad hacia el bloque, aunque no debe confundirse con la migración irregular.
Preocupación entre refugiados y juristas
Para el especialista en migración, integración y ciudadanía en Alemania Alaa al Mahboub, el pacto representa una decisión política de signo restrictivo que genera inquietud entre refugiados y solicitantes de asilo.
En declaraciones a SANA, señaló que en Alemania, uno de los principales destinos de protección en Europa, el nuevo marco es observado con preocupación por organizaciones sociales y juristas, que temen un debilitamiento de las garantías legales.
Al Mahboub considera que el impacto será más directo sobre los recién llegados y sobre quienes presenten solicitudes con menores posibilidades de aceptación. También prevé dificultades logísticas y jurídicas, especialmente si las nuevas decisiones administrativas derivan en recursos ante los tribunales o en campañas de organizaciones civiles.
Riesgos para las garantías legales
Desde una perspectiva jurídica, la abogada siria en Alemania Nahla Othman advierte de que las nuevas reglas pueden limitar el margen de defensa de los solicitantes de asilo si los procedimientos acelerados no garantizan tiempo suficiente para preparar los expedientes, aportar pruebas y recibir asistencia legal efectiva.
Othman sostiene que el riesgo principal es que la rapidez se imponga sobre el examen individualizado de cada caso. Según la abogada el derecho a recurrir, la revisión judicial y la posibilidad de exponer con detalle las circunstancias personales deben mantenerse como garantías esenciales, incluso dentro de un sistema más estricto de control fronterizo.
La especialista también alerta sobre posibles consecuencias humanitarias en los centros fronterizos, en especial si los Estados miembros no cuentan con instalaciones adecuadas ni personal suficiente para tramitar los casos con rapidez y respeto a los derechos fundamentales. Según afirma, la falta de preparación puede convertir el nuevo sistema en una fuente adicional de tensión jurídica y social.
Un giro político en Europa
El periodista sirio en Alemania Baraa al Razouk interpreta el pacto como reflejo de un cambio más amplio en el clima político europeo. A su juicio, la migración ya no se aborda únicamente como una cuestión humanitaria o jurídica, sino también como un asunto de seguridad, capacidad de absorción y presión interna sobre los gobiernos.
Al Razouk señala que las posturas más estrictas ya no son exclusivas de los partidos de derecha. Gobiernos y fuerzas de centro han adoptado parte de ese lenguaje con el objetivo de responder a la preocupación social y contener el avance de corrientes populistas.
Al mismo tiempo, recuerda que el tejido civil europeo sigue dividido: mientras algunos sectores reclaman reglas más claras, organizaciones humanitarias, iglesias y asociaciones de apoyo a refugiados denuncian una erosión del derecho de asilo.
La externalización, el punto más controvertido
La reforma también abre la puerta a una mayor cooperación con países de origen y tránsito. La idea de crear mecanismos de retorno fuera del territorio comunitario, o de ampliar el concepto de tercer país seguro, ha dejado de ser una discusión marginal para convertirse en uno de los elementos más controvertidos de la nueva política migratoria europea.
Con el pacto ya en aplicación, la UE entra en una fase decisiva. Bruselas promete un sistema más ordenado, solidario y eficaz; sus críticos temen una arquitectura más orientada a la disuasión que a la protección.
Entre ambos enfoques se jugará, en los próximos meses, el verdadero alcance de una reforma que puede redefinir durante años la política europea de migración y asilo.
okz/fm