Capitales, 3 may (SANA) La crisis en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más estratégicos para el comercio mundial, pone en evidencia la creciente vulnerabilidad de las rutas marítimas y su transformación en escenarios directos de tensiones geopolíticas.
El secretario general de la Organización Marítima Internacional (OMI), Arsenio Domínguez, advirtió que la actual situación refleja un cambio significativo en la naturaleza de los conflictos, donde las vías marítimas dejan de ser simples corredores comerciales para convertirse en espacios de confrontación política, militar y económica.
Marineros atrapados en medio del conflicto
Según datos de la OMI, unos 20 mil marineros a bordo de cerca de dos mil buques permanecen en condiciones complejas en el Golfo Pérsico, debido a los riesgos asociados a la navegación en el estrecho.
Domínguez alertó que esta crisis evidencia cómo los buques y sus tripulaciones pueden convertirse en instrumentos dentro de disputas geopolíticas, lo que cuestiona el principio de libertad de navegación, base del comercio internacional moderno.
El conflicto, iniciado el 28 de febrero en el contexto de la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán, ha trascendido el ámbito militar para impactar directamente en las cadenas de suministro globales.
Seguridad marítima bajo presión
El titular de la OMI subrayó que la seguridad marítima abarca no solo la protección de embarcaciones, sino también de puertos, infraestructuras y tripulaciones, además de la lucha contra amenazas como la piratería, el terrorismo, los ciberataques y el contrabando.
Advirtió que cualquier interrupción en estas condiciones afecta de forma inmediata la estabilidad económica global, al alterar el flujo de mercancías, energía y alimentos.
La crisis en Ormuz también pone de relieve la vulnerabilidad de otras rutas estratégicas como el canal de Suez, Bab el-Mandeb, los estrechos de Malaca y Singapur, el canal de Panamá y los estrechos turcos, cuya interrupción podría tener efectos inmediatos en los mercados internacionales.
Nuevas amenazas y riesgos crecientes
Más allá de la piratería tradicional, el entorno marítimo enfrenta amenazas más complejas, como ataques con drones, sabotaje de infraestructuras y ciberataques a sistemas de navegación y puertos.
En este contexto, Domínguez destacó la paradoja de que el transporte marítimo, esencialmente civil, carece de capacidades defensivas frente a conflictos de alta intensidad.
“Los marineros civiles no son combatientes y no deberían ser objetivos en ningún conflicto”, enfatizó.
Entre la diplomacia y la incertidumbre
Especialistas coinciden en que la crisis del estrecho de Ormuz trasciende un episodio coyuntural y refleja una tendencia estructural en la que la geografía marítima se entrelaza con disputas geopolíticas.
Con cerca del 80 por ciento del comercio mundial transportado por vía marítima, cualquier perturbación en estos corredores tiene efectos globales inmediatos.
Ante este escenario, la OMI propone reforzar la cooperación internacional, mejorar el intercambio de información, reducir tensiones diplomáticas y desarrollar mecanismos legales para responsabilizar a los autores de ataques marítimos.
No obstante, el organismo advierte que soluciones como la escolta militar de buques no son sostenibles a largo plazo, lo que deja abierta la interrogante sobre la capacidad del sistema internacional para garantizar la seguridad de sus rutas comerciales en un contexto cada vez más inestable.
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