París, 1 may (SANA) El comercio mundial atraviesa una profunda reconfiguración de sus rutas marítimas como consecuencia de las tensiones geopolíticas derivadas del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. El cierre del estrecho de Ormuz y la persistente inestabilidad en el mar Rojo han obligado a las principales navieras a replantear sus itinerarios, situando al continente africano como un eje emergente en el transporte global de contenedores.
Cambios forzados en las rutas marítimas
Los recientes acontecimientos han llevado a las compañías marítimas a rediseñar sus cadenas logísticas, combinando rutas terrestres y marítimas alternativas para garantizar el suministro de alimentos y bienes manufacturados hacia los países del Golfo, ante la imposibilidad de utilizar plenamente las rutas tradicionales.
En este escenario, el puerto de Yeda, en Arabia Saudí, ha adquirido un papel estratégico al convertirse en un centro regional de redistribución. Buques de grandes navieras como MSC, CMA CGM, Maersk y COSCO llegan a través del canal de Suez, y desde allí las mercancías se trasladan por carretera hacia destinos como Sharjah, Baréin y Kuwait, afectados por interrupciones en el suministro en los últimos meses.
Sin embargo, la creciente presión sobre esta infraestructura genera preocupación. “El puerto de Yeda no puede absorber todo este volumen y existe riesgo de congestión severa”, advirtió Arthur Barillas de Tille, cofundador de la naviera Overseas. Datos de Kpler Marine Traffic indican que once buques atracaron recientemente en el puerto, mientras otros nueve permanecían en espera, con tiempos de descarga en aumento.
Puertos alternativos y expansión de corredores regionales
Para aliviar estos cuellos de botella, las navieras han intensificado el uso de puertos alternativos como Sohar, en Omán, y Khor Fakkan y Fujairah, en Emiratos Árabes Unidos, ubicados fuera del estrecho de Ormuz y conectados mediante redes terrestres eficientes.
Asimismo, el puerto de Aqaba, en Jordania, se consolida como punto de entrada para mercancías destinadas a Irak, mientras que corredores terrestres desde Türkiye facilitan el transporte hacia el norte de ese país, ampliando las opciones logísticas en la región.
Evitando África
En el tráfico entre Asia y Europa, cada vez más buques evitan el paso por el estrecho de Bab el-Mandeb y el canal de Suez, debido a la intensificación de ataques en la zona desde finales de 2023. Como alternativa, optan por rodear el continente africano a través del cabo de Buena Esperanza.
“El desvío de rutas se ha vuelto sistemático”, señaló el analista Ronan Baudet. Según expertos del sector, cerca del 70 por ciento del tráfico que antes cruzaba el mar Rojo se redirige ahora por esta vía. Datos del FMI confirman que el tránsito por el cabo de Buena Esperanza se ha triplicado en tres años, mientras que el paso por Suez se ha reducido significativamente.
Aumento de costes y cambios estructurales
La reconfiguración de rutas ha incrementado los tiempos de tránsito entre Asia y Europa en aproximadamente dos semanas, junto con un aumento del consumo de combustible de entre el 30 y el 50 por ciento. Esto ha obligado a desplegar más buques para mantener los niveles de suministro.
Las tarifas de transporte también han subido, con un incremento del 14 por ciento en abril de 2026, según el Índice Drewry. Paralelamente, puertos africanos como Tánger Med, en Marruecos, registran un crecimiento sostenido y se perfilan como nodos logísticos clave, con previsiones de gestionar 11 millones de contenedores en 2025.
Pérdidas de ingresos regionales
En contraste, países como Egipto enfrentan pérdidas significativas por la caída del tráfico en el canal de Suez, una de sus principales fuentes de ingresos. Se estima que en 2024 dejó de percibir unos 7.000 millones de dólares, lo que representa una disminución superior al 60 por ciento respecto al año anterior.
Este conjunto de factores evidencia una transformación estructural del comercio global, en la que África emerge como un actor estratégico en las nuevas rutas marítimas, en medio de un entorno marcado por mayores costos y una creciente incertidumbre geopolítica.
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