Bakú-Ankara, 16 mar (SANA) El corredor del Cáucaso Meridional, que une Azerbaiyán y Türkiye, se ha consolidado como un pilar fundamental para el transporte de petróleo y gas hacia Europa y los mercados regionales, en un contexto de cambios geopolíticos y volatilidad en los precios energéticos.
Expertos señalan que la región actúa como puerta de entrada entre Asia Central y Europa, pues conecta rutas comerciales y estratégicas, y eleva la influencia de Ankara y Bakú en la configuración de la seguridad energética regional.
Los corredores del Cáucaso Meridional han dejado de ser simples infraestructuras de tránsito para convertirse en instrumentos de poder geoestratégico.
En medio de tensiones regionales y de la intensificación de la competencia entre grandes potencias por las rutas energéticas, Azerbaiyán y Türkiye emergen como nodos clave que buscan diversificar proveedores y reducir la dependencia de rutas tradicionales. El oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC) y el Corredor de Gas del Sur (South Caucasus gas pipeline, SGSP) —a través de TANAP y TAP— destacan como ejes centrales para canalizar gas y petróleo a Europa, aumentando la resiliencia de la oferta energética europea ante posibles conflictos en la región del Golfo y otras zonas sensibles.
La relevancia geoestratégica de estos corredores se ve potenciada por la capacidad de Türkiye y Azerbaiyán para actuar como mediadores entre Oriente y Occidente, lo cual consolidaría su papel en la seguridad de las cadenas de suministro globales.
La región, que ya funciona como un puente entre Asia Central y Europa, adquiere un nuevo protagonismo ante la necesidad de diversificar rutas y proveedores a luz de la creciente competencia por recursos y trayectorias energéticas.
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