Capitales, 8 feb (SANA) Las negociaciones encaminadas a poner fin a la guerra en Ucrania han dejado de centrarse únicamente en un alto el fuego o en la delimitación de líneas de contacto, para entrelazarse cada vez más con intereses económicos de gran escala y complejos cálculos políticos que trascienden a las partes directamente enfrentadas.
Mientras Estados Unidos presiona para que se establezca un plazo que vencería en el verano próximo, Ucrania advierte sobre entendimientos que, según denuncia, se negocian entre Washington y Moscú sin su participación directa. Rusia, por su parte, habla de avances “cautelosos” en un proceso todavía limitado por obstáculos políticos y militares.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó que Estados Unidos y Rusia mantienen conversaciones sobre acuerdos económicos bilaterales valorados en hasta 12 billones de dólares, algunos de los cuales podrían tener implicaciones directas para Ucrania. Anunció que una delegación ucraniana viajará a Washington la próxima semana para iniciar una nueva ronda de contactos.
Zelenski señaló que revisó documentos relacionados con un marco de cooperación económica entre Washington y Moscú, conocido como el “Paquete Dmitriev”, y advirtió que algunos de esos entendimientos podrían incluir asuntos vinculados a Ucrania, ya sea mediante una flexibilización gradual de sanciones o proyectos económicos de largo plazo. Subrayó que Kiev no aceptará ningún acuerdo sobre su futuro sin su participación directa ni sin garantías claras de seguridad.
Conversaciones sin avances políticos sustanciales
En las últimas semanas se celebraron dos rondas de conversaciones trilaterales entre Rusia, Ucrania y Estados Unidos en Abu Dabi, calificadas como “constructivas”, pero sin avances significativos en los temas políticos centrales. El principal resultado fue un acuerdo para un intercambio masivo de prisioneros, considerado un logro humanitario, pero insuficiente para modificar el panorama político del conflicto.
El enviado estadounidense Steve Witkoff indicó que las conversaciones se concentraron en crear condiciones para una paz duradera, mientras Kiev insistió en que persisten profundas divergencias, en particular sobre el estatus de los territorios en disputa, las garantías de seguridad y la gestión de infraestructuras estratégicas.
Plazos y presión estadounidense
Declaraciones desde Kiev revelaron que Washington habría planteado un plazo informal hasta junio del próximo año para alcanzar un acuerdo que ponga fin a la guerra, insinuando posibles presiones políticas en caso de incumplimiento. Entre las propuestas estadounidenses figuran la suspensión de ataques contra infraestructuras energéticas y la celebración de un referéndum en torno a un eventual acuerdo de paz, coincidiendo con el calendario electoral ucraniano.
En el terreno, los combates continúan a lo largo de un frente extenso. Las fuerzas rusas intensificaron los ataques contra la infraestructura energética, provocando reducciones en la producción de centrales nucleares y cortes generalizados de electricidad, lo que incrementa la presión sobre el gobierno ucraniano en pleno invierno.
Moscú insiste en la retirada ucraniana de zonas del Donbás, una exigencia rechazada de manera categórica por Kiev. Tampoco se ha alcanzado consenso sobre el futuro de la central nuclear de Zaporizhia, mientras las garantías de seguridad siguen siendo el principal escollo para cualquier acuerdo.
Avances limitados y riesgos abiertos
Rusia, por su parte, destacó “progresos positivos” en el diálogo, en particular el restablecimiento de canales de comunicación con Washington, incluidos contactos militares y la creación de grupos de trabajo económicos conjuntos. Sin embargo, analistas coinciden en que las negociaciones permanecen en una fase exploratoria y están condicionadas por prioridades divergentes y factores políticos y militares complejos.
Pese a la intensificación de los esfuerzos diplomáticos, el proceso dista de una solución integral. La presión temporal de Estados Unidos, los elevados riesgos económicos y las advertencias de Kiev sobre acuerdos negociados a su costa configuran un escenario frágil e inestable.
Con las operaciones militares en curso, las perspectivas de paz dependen de la capacidad de las partes para superar diferencias estructurales profundas, más que de la gestión temporal del conflicto mediante acuerdos parciales o provisionales.
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