Damasco, 28 dic (SANA) El anuncio de Israel de reconocer a “Somalilandia” como Estado independiente no fue una simple declaración política, sino una peligrosa escalada que quebró uno de los principios más arraigados del orden internacional: el respeto a la unidad y soberanía de los Estados.
En una región marcada por crisis y frágiles equilibrios, esta medida, considerada un intento de reactivar proyectos secesionistas al margen de la legitimidad internacional y de explotar divisiones internas, provocó una ola de rechazo regional e internacional.
Diversas reacciones dejaron en claro que la unidad estatal continúa siendo una línea roja y que instrumentalizar fracturas internas no conduce a la estabilidad, sino a escenarios de crisis imprevisibles.
Las raíces del problema
El origen de la cuestión de “Somalilandia” se remonta al período colonial, cuando el noroeste somalí estuvo bajo dominio británico y el sur bajo control italiano. Pese a esta división administrativa, ambas regiones se unificaron tras la independencia en 1960 para conformar un solo Estado somalí, expresión de una aspiración nacional compartida.
El colapso del gobierno central a inicios de la década de 1990 abrió el camino a una declaración unilateral de independencia en 1991. Desde entonces, la región intentó presentarse como un enclave “estable” frente al caos que afectó a Somalia. Sin embargo, esa realidad no se tradujo en legitimidad jurídica internacional, y la secesión continúa sin reconocimiento por considerarse una violación de la unidad de un Estado soberano.
La geografía no se compra
La gravedad del asunto trasciende lo interno, al tratarse de una zona con gran peso geoestratégico. “Somalilandia” domina el Golfo de Adén y controla puntos clave del estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los corredores marítimos más importantes del mundo. El puerto de Berbera constituye el núcleo económico de la región y un foco de interés para potencias que buscan influencia en el Mar Rojo.
Esta ubicación convirtió a la región en objetivo de intentos de explotación externa, transformando un asunto interno en una pieza dentro de la competencia internacional por influencia política, militar y de seguridad.
Reconocimiento israelí: ruptura de un tabú
El 26 de diciembre de 2025, Israel anunció el reconocimiento de “Somalilandia”, rompiendo un consenso internacional que se había mantenido durante más de tres décadas.
La medida no fue interpretada como respaldo al derecho de autodeterminación, sino como una decisión política y de seguridad coherente con los esfuerzos israelíes por ampliar su presencia en el Mar Rojo y el Cuerno de África, en línea con la llamada “doctrina periférica”, basada en tejer alianzas con entidades marginales fuera del marco árabe para favorecer intereses estratégicos y rutas marítimas.
Analistas advierten que este paso puede desestabilizar el Cuerno de África, reavivar conflictos internos en Somalia, facilitar el accionar de grupos extremistas y convertir la zona en escenario de rivalidades militares, en detrimento de sus pueblos.
Rechazo regional e internacional
El reconocimiento israelí desató condenas generalizadas. Países y organizaciones lo calificaron de violación flagrante del derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas, así como de ataque directo a la soberanía y unidad de la República Federal de Somalia.
Siria condenó enérgicamente la medida y la consideró una grave vulneración de los principios del derecho internacional. El presidente somalí, Hassan Sheikh Mohamud, la calificó de “acto de agresión” y reiteró que Somalia es un país único e indivisible.
Palestina también rechazó el reconocimiento, al considerarlo una amenaza para la seguridad regional y árabe, y denunció que Israel utiliza el nombre “Somalilandia” como pretexto político vinculado a su política en Gaza.
La Liga Árabe anunció una reunión de emergencia para reafirmar el rechazo árabe, mientras que el Consejo de Seguridad de la ONU convocó una sesión urgente para analizar la situación. La Organización de Cooperación Islámica, la Unión Africana y la Unión Europea reiteraron su oposición a cualquier reconocimiento unilateral que socave la unidad de Somalia. Veintiún países árabes e islámicos advirtieron, en una declaración conjunta, que reconocer entidades separatistas sienta un precedente peligroso para la paz y la estabilidad regionales.
Unidad del Estado: una línea roja
El riesgo del reconocimiento israelí no se limita a Somalia, sino que afecta un principio fundamental del orden internacional: el respeto a la soberanía y la integridad territorial de los Estados. Abrir la puerta al reconocimiento de entidades separatistas fuera de marcos legales convierte divisiones internas en herramientas de potencias externas y amenaza con reproducir este modelo en otras regiones en conflicto.
En este contexto, la cuestión de “Somalilandia” dejó de ser un asunto interno para convertirse en una prueba de la postura de la comunidad internacional frente a los proyectos de fragmentación. Entre intereses externos y la defensa de una unidad indivisible, persiste una realidad clara: la geografía no crea un Estado, y la secesión impuesta desde fuera no garantiza estabilidad, sino que abre el camino a nuevas crisis.
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