Damasco, 13 jun (SANA) Puede comenzar con evitar los ascensores, rehuir los viajes en avión o sentirse cohibido en público. Pero para algunas personas se convierte en un obstáculo diario que limita su capacidad para estudiar, trabajar o relacionarse socialmente. En ese punto, el miedo ya no es una respuesta natural que protege del peligro, sino una fobia que requiere comprensión, diagnóstico, apoyo psicológico y tratamiento.
Un miedo distinto a la ansiedad pasajera
El Dr. Mamoun Mbayed, psiquiatra consultor sénior, explicó a SANA que las fobias se clasifican como trastornos de ansiedad. Se caracterizan por un miedo intenso y desproporcionado a un objeto o situación específicos, muy por encima del nivel real de peligro. La mayoría de quienes las padecen reconocen que su miedo es irracional, pero son incapaces de controlarlo.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los trastornos de ansiedad generan un miedo y una ansiedad intensos e incontrolables que pueden causar un malestar significativo y afectar la vida diaria si no se tratan. Los datos de la OMS indican que aproximadamente una de cada cuatro personas con estos trastornos recibe el tratamiento necesario.
Tipos de fobias y raíces del miedo
De acuerdo con el Dr. Mbayed, las fobias se dividen en tres tipos principales:
Fobias específicas, las más comunes, que incluyen el miedo a las alturas, las arañas, volar, la sangre, las inyecciones o los espacios cerrados.
Fobia social, que se manifiesta en situaciones que implican interacción o desempeño frente a otros, como hablar en público o comer frente a otras personas.
Agorafobia, que lleva a quienes la padecen a evitar mercados, transporte público, teatros y lugares de culto por temor a sufrir un ataque de pánico, lo que puede derivar en aislamiento social y depresión.
Las causas de las fobias son complejas e incluyen factores genéticos, experiencias traumáticas (como ser atacado por un animal o sufrir una caída), aprendizaje por observación al presenciar a alguien que experimenta un miedo intenso ante una situación particular, y factores biológicos relacionados con la hiperactividad en las regiones cerebrales responsables del miedo.
Síntomas psicológicos y físicos
Los síntomas aparecen al enfrentarse a la situación temida o incluso al pensar en ella. Pueden ser psicológicos —ansiedad intensa, sensación de pérdida de control o ataques de pánico— y físicos, como taquicardia, dificultad para respirar, sudoración excesiva, temblores y mareos.
El problema no radica en el miedo en sí, sino en su transformación en conductas de evitación repetidas que restringen la vida de quien lo padece. Una persona puede evitar un lugar público, un medio de transporte o una reunión social, y ese círculo de evitación se amplía gradualmente, haciéndole perder oportunidades educativas, profesionales o relaciones cotidianas.
Referencias del Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU. confirman que una persona con fobia puede reconocer que su miedo es irracional, pero el simple hecho de pensar en enfrentarse al objeto o situación temida puede desencadenar síntomas de ansiedad graves, lo que explica la dificultad para superarla sin ayuda adecuada.
El tratamiento comienza con la comprensión
El Dr. Mbayed señaló que las fobias son tratables mediante métodos eficaces, especialmente la terapia cognitivo-conductual (TCC), que constituye la opción principal. La TCC modifica los pensamientos negativos y expone gradualmente al paciente a la situación temida en un entorno seguro bajo supervisión especializada.
El Instituto Nacional de Salud Mental de EE. UU. indica que la terapia de exposición puede combinarse con ejercicios de relajación. En casos específicos, un médico puede recetar medicamentos —como ansiolíticos u otros fármacos— siempre bajo supervisión médica.
El especialista enfatizó la importancia de buscar ayuda profesional en cuanto el miedo comienza a interferir con los estudios, el trabajo, las relaciones o la movilidad. Señaló que evitar la situación temida puede ofrecer un alivio temporal, pero a largo plazo refuerza la fobia y agrava el problema.
Entre las pautas prácticas para el entorno de la persona afectada, el Dr. Mbayed recomendó no ridiculizar ni restar importancia al miedo, evitar presionarla para que se enfrente a situaciones de forma abrupta o forzada, y, en cambio, alentarla a afrontar sus temores de manera gradual y a buscar la ayuda de un profesional de la salud mental. El apoyo social, agregó, resulta fundamental para aliviar la sensación de aislamiento.
“Las fobias no son una debilidad ni una exageración, como algunos creen. Son afecciones psicológicas reales que pueden tratarse. Ignorarlas o ridiculizarlas solo agrava el sufrimiento de quienes las padecen. Crear conciencia pública y fomentar el tratamiento psicológico puede mejorar la vida de muchas personas”, concluyó.
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