Damasco, 1 feb (SANA) El azafrán, conocido como el “oro rojo”, ha sido apreciado durante más de tres mil años por su valor en perfumería, medicina y gastronomía. Civilizaciones antiguas lo empleaban para dar color y aroma, y a lo largo de la historia se convirtió en símbolo de lujo y sofisticación en diversas culturas.
Según las leyendas, Cleopatra se bañaba en agua con azafrán para dar brillo a su piel. En la Edad Media, los monjes lo mezclaban con clara de huevo para reemplazar el pan de oro, mientras que las mujeres italianas del Renacimiento teñían su cabello con esta especia, demostrando su valor tanto estético como simbólico.
Aunque su cultivo se popularizó en Grecia y alcanzó gran fama en el suroeste de Asia, actualmente Siria se esfuerza por recuperar su tradición agrícola tras décadas de interrupciones.

Un legado interrumpido
Hace una década, la guerra en Siria detuvo la producción de azafrán, dejando los campos en silencio. En los últimos años, pequeños cultivos han comenzado a revivir esta tradición milenaria, devolviendo esperanza a las regiones donde el clima y el suelo son ideales para su desarrollo.
El resurgir del azafrán en diversas localidades costeras y montañosas del país ha permitido que los agricultores reinicien las siembras, expandiendo gradualmente la superficie cultivada y distribuyendo bulbos a otras provincias. Este crecimiento ha incentivado a muchas familias a emprender pequeños proyectos agrícolas, aprovechando las condiciones favorables para la planta.
De esfuerzo individual a trabajo colectivo
La recuperación del azafrán ha pasado de iniciativas individuales a modelos más organizados de cultivo cooperativo. Con la capacitación y el intercambio de técnicas avanzadas de cultivo, los agricultores han logrado incrementar significativamente la producción, alcanzando rendimientos que superan la media mundial en algunas zonas.
La expansión del cultivo se ha registrado en diversas gobernaciones de Siria, donde la planta ofrece beneficios tanto económicos como medicinales, consolidándose como una de las especias más valiosas del mundo.
Un proceso artesanal y meticuloso
La cosecha del azafrán requiere un cuidado extremo. La jornada comienza temprano para preservar la frescura de las flores. Los estigmas rojos se separan cuidadosamente y se secan a la sombra durante varios días antes de ser empaquetados en recipientes de vidrio. Este meticuloso proceso explica el alto valor económico de la especia, que puede alcanzar precios elevados por gramo.
Cada paso en la preparación mantiene la calidad de la especia y conserva su color, aroma y sabor característicos, haciendo que el azafrán siga siendo un producto de lujo reconocido internacionalmente.
Beneficios y usos del azafrán
Más allá de su valor culinario, el azafrán posee importantes propiedades medicinales. Sus compuestos activos, entre ellos crocina, picrocrocina y safranal, contribuyen a la salud cardiovascular, refuerzan el sistema inmunológico y se utilizan en tratamientos tradicionales de diversas dolencias.
Históricamente, el pigmento del azafrán también se empleó en la tintura de textiles de gran valor, destacando su importancia cultural y económica a lo largo de los siglos.
El azafrán se ha convertido en un símbolo de resiliencia agrícola en Siria. La combinación de condiciones naturales favorables, técnicas de cultivo refinadas y un proceso artesanal meticuloso permite que esta especia milenaria recupere su lugar en los mercados nacionales e internacionales, ofreciendo un futuro prometedor para los agricultores y la tradición cultural del país.
Por Watfeh Salloum

