Damasco, 24 ene (SANA) En los estrechos callejones del casco antiguo de Damasco, particularmente en el histórico Souq al-Attarine (Mercado de los Perfumistas), los aromas de rosas y jazmín evocan una tradición centenaria profundamente arraigada en la memoria colectiva de la ciudad.
La elaboración artesanal de perfumes, conocida localmente como el arte de la mezcla, continúa practicándose como una habilidad refinada que combina sensibilidad olfativa y precisión técnica. Transmitida de generación en generación durante cerca de dos siglos, esta tradición forma parte esencial del tejido cultural y social damasceno, y pese a los desafíos actuales, sigue viva en el corazón de sus habitantes.
El maestro perfumista Riad Al-Najar, dedicado a este oficio desde 1998, explicó que la creación de una fragancia no es el resultado de una mezcla fortuita, sino de un proceso meticuloso basado en un equilibrio preciso entre tres niveles aromáticos.
Detalló que las llamadas notas de salida corresponden a aromas frescos y volátiles, generalmente cítricos; las notas de corazón emergen minutos después y suelen ser florales o especiadas; mientras que las notas de fondo aportan profundidad y persistencia mediante acordes como el almizcle, el ámbar, el oud y el pachulí.
Al-Najar añadió que una fórmula completa incluye aceites esenciales concentrados, alcohol etílico como disolvente, fijadores para prolongar la duración del aroma y, en algunos casos, agua para ajustar la concentración.
“La creatividad en la perfumería reside en la búsqueda constante de la mezcla perfecta”, afirmó, al subrayar que la herramienta principal del perfumista es un olfato altamente entrenado, capaz de identificar matices sutiles y prever la evolución de los aromas con el tiempo y en distintos entornos.
Un mercado en transformación, aromas en expansión
Tras años de dificultades, el mercado local experimenta un renovado dinamismo, impulsado por el regreso gradual de las importaciones. Esta recuperación permitió a los perfumistas acceder nuevamente a aceites esenciales procedentes de diversos países, en particular de Francia y Alemania, referentes históricos de la alta perfumería, así como de los países del Golfo.
Pese a la presencia de marcas internacionales, la demanda de perfumes orientales tradicionales se mantiene firme. Fragancias a base de oud, almizcle, ámbar y sándalo continúan siendo apreciadas por su intensidad y durabilidad.
Al-Najar destacó el papel central del jazmín en la identidad aromática local. “El jazmín es la base de todos los perfumes clásicos. Ninguna fragancia damascena auténtica puede prescindir de él”, afirmó.
Muchos consumidores siguen optando por perfumes de mezcla artesanal por su carácter personalizado y precios accesibles, una preferencia que contribuye a preservar la vitalidad de este oficio, especialmente entre los jóvenes, y refuerza su presencia en celebraciones sociales y religiosas.
Exportando talento, no frascos
Aunque no existe una exportación formal de perfumes sirios, la experiencia y el saber hacer de sus artesanos se extendieron más allá de las fronteras nacionales. Según Al-Najar, numerosos perfumistas sirios han llevado este arte a países vecinos como Egipto y Jordania, así como a varias naciones europeas.
“Dondequiera que se establezca un sirio, deja una huella con su trabajo y su arte”, señaló.
Concluyó que los perfumes artesanales de Damasco siguen siendo uno de los regalos más valorados por los sirios en el extranjero. “Hasta hoy, nuestros compatriotas llevan frascos de perfume como obsequio, porque nada despierta el recuerdo del hogar con tanta fuerza como su aroma”, afirmó.
Iman Al-Zouhairi/fm-em