Damasco, 11 ene (SANA) Más que una artesanía, el bordado en Siria es un lenguaje silencioso que narra la historia del país, preserva su memoria colectiva y reafirma su identidad cultural. Esta idea fue el eje central de la conferencia impartida en la Galería Zawaya de Damasco por la escritora e investigadora alemana Heike Weber, quien ofreció una mirada profunda y accesible sobre el valor simbólico del bordado como parte esencial del patrimonio cultural inmaterial sirio.
Durante su intervención, Weber subrayó que, a pesar de las guerras, las catástrofes y el deterioro sufrido por el patrimonio material en Oriente a lo largo de los siglos, incluida la pérdida de bibliotecas y monumentos emblemáticos, las artesanías tradicionales han demostrado una notable capacidad de resistencia. En particular, el bordado ha sobrevivido como un depósito vivo de identidad, transmitido de generación en generación.
La investigadora comparó esta experiencia con el caso palestino, donde el bordado se convirtió en una herramienta de resistencia cultural y económica frente a los intentos de borrar la identidad nacional. Con el respaldo de organizaciones internacionales, explicó, esta artesanía permitió a miles de familias sostenerse durante períodos de guerra y asedio, transformando los hilos en un símbolo de firmeza y supervivencia.
Raíces milenarias y riqueza cultural
Weber dijo que Siria ocupa un lugar singular en la región por la diversidad y riqueza de su artesanía tradicional, fruto de su posición histórica como cruce entre Oriente y Occidente. Recordó que manuscritos faraónicos del segundo milenio antes de Cristo mencionan el bordado procedente de la tierra de “Retenu“, el antiguo nombre de Siria, lo que confirma la profunda antigüedad de esta práctica.
Sin embargo, lamentó que durante décadas la artesanía tradicional haya sufrido abandono y falta de apoyo, pese a su enorme valor cultural y económico.
Desde esta perspectiva, el bordado no se presenta como un mero adorno, sino como un sistema simbólico llena de significados. Weber explicó que la puntada de cruz representa la intersección entre la vida y la muerte y sugiere la idea de una nueva creación, mientras que la puntada de palma alude al crecimiento y la renovación social.
Siria es también conocida por la puntada de sol, un símbolo vinculado a Baal, el dios cananeo de la fertilidad y la lluvia, agregó
Una experiencia viva en el norte de Siria
La investigadora relató su experiencia directa en el norte del país, donde supervisó el trabajo de más de mil mujeres dedicadas al bordado en aldeas de Idlib, Alepo y Hama.
Reconoció las dificultades que enfrentó en los últimos años, especialmente en el ámbito de la comercialización, pero insistió en que esta artesanía sigue siendo una herramienta eficaz para apoyar la economía local.
Su sencillez, bajo costo y capacidad para generar ingresos la convierten en un pilar para la autosuficiencia y la preservación del patrimonio, según explicó Weber,
Weber también se refirió a su libro “Anat y su héroe Baal”, escrito durante su residencia en Siria a partir de 1982. La obra arroja luz sobre los patrones del bordado levantino a través de una comparación entre diseños simbólicos antiguos y tradicionales, revelando una filosofía de vida que ha perdurado durante milenios.
El libro incluye además un estudio sobre la evolución de la moda en la región y un análisis sociológico de las causas que explican el declive de las prácticas folclóricas en los últimos 150 años, pese a su histórica persistencia.
Así, entre hilos, símbolos y memorias, el bordado sirio continúa tejiendo la historia de un pueblo que se aferra a su identidad como forma de resistencia y esperanza.
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