Damasco, 15 ago (SANA) La ecuación de seguridad en la región atraviesa una transformación de fondo, marcada por el avance del principio del monopolio estatal de las armas frente al retroceso de las formaciones armadas que operan al margen de las instituciones y proyectan su influencia más allá de las fronteras nacionales.
En el centro de este cambio se encuentra Siria, que ha pasado de una multiplicidad de fuerzas y estructuras armadas a un proceso orientado a unificar las decisiones militares y de seguridad, en paralelo con movimientos similares en Irak y Líbano para reforzar la autoridad del Estado e impedir que sus territorios sean utilizados como escenarios de conflictos regionales.
En este contexto, el ministro de Asuntos Exteriores y Expatriados, Asaad al-Shaibani, afirmó durante su visita a Türkiye este agosto, donde se reunió con su homólogo Hakan Fidan, que la región avanza hacia una fórmula de estabilidad basada en poner fin a toda formación armada situada fuera del marco legítimo del Estado.
Al-Shaibani señaló además que Siria acordó respaldar los esfuerzos y las medidas impulsadas por Irak y Líbano para fortalecer la estabilidad regional.
Este planteamiento adquiere especial relevancia por la transformación experimentada por la propia Siria.
Durante el régimen depuesto, el país fue escenario de una multiplicidad de fuerzas armadas y de centros de decisión militar y de seguridad, dentro de una red de influencia regional que Irán aprovechó para extender su presencia desde Irak, a través del territorio sirio, hasta Líbano.
Ese entramado mantuvo durante años a la región en un estado de inestabilidad crónica y favoreció el uso de las armas fuera de la autoridad del Estado.
De las facciones al Estado
Tras pasar de la etapa de liberación a la construcción del Estado, Siria afrontó el desafío de reorganizar las fuerzas que participaron en el derrocamiento del régimen depuesto, con el objetivo de evitar que la fragmentación militar surgida durante los años de guerra se convirtiera en una multiplicidad permanente de centros de poder.
Un primer paso decisivo se produjo el 24 de diciembre de 2024, cuando Ahmad al-Sharaa, entonces al frente de la nueva administración siria, se reunió con los líderes de las facciones revolucionarias.
El encuentro culminó con un acuerdo para disolver esas formaciones e integrarlas bajo la autoridad del Ministerio de Defensa, que comenzó el 6 de enero de 2025 una serie de reuniones con los grupos militares para definir los mecanismos de incorporación y establecer una hoja de ruta destinada a estabilizar la estructura de las Fuerzas Armadas.
La unificación de las facciones no constituyó únicamente una reorganización militar, sino que formó parte del propio proceso de construcción estatal: poner fin a una etapa en la que las armas estaban distribuidas entre diversas estructuras y avanzar hacia un Ejército, unas instituciones de seguridad y una decisión soberana unificada.
A medida que avanzó este proceso, la administración siria comenzó también a abordar los expedientes relacionados con los diferentes componentes de la sociedad sobre la base de su participación dentro del Estado, con el propósito de evitar que las particularidades étnicas o políticas se convirtieran en una justificación para mantener formaciones militares independientes.
FDS: del acuerdo a la aplicación
El expediente de las FDS representa uno de los desafíos más complejos en el camino hacia la unificación estatal, debido a su amplia estructura militar y administrativa en el noreste de Siria y a las implicaciones regionales e internacionales del dossier, especialmente por el papel de Estados Unidos.
El 10 de marzo de 2025, el acuerdo entre el presidente Ahmad al-Sharaa y Mazloum Abdi estableció un marco para integrar las instituciones civiles y militares del noreste en la administración del Estado sirio.
El entendimiento incluye los pasos fronterizos, el aeropuerto y los campos de petróleo y gas, además de reafirmar la unidad territorial de Siria, rechazar los proyectos de división y garantizar los derechos de la comunidad kurda.
El proceso entró en una nueva fase el 29 de enero de 2026, con entendimientos de carácter ejecutivo sobre el futuro de Hasakeh y los mecanismos de integración.
Entre ellos figura la incorporación de las fuerzas militares y de seguridad de las FDS a los ministerios de Defensa e Interior, así como la integración de sus instituciones civiles en la estructura del Gobierno sirio, mientras continúan las conversaciones sobre algunos aspectos de la aplicación.
El proceso cobró nuevo impulso durante los últimos días. El 3 de agosto, el presidente al-Sharaa abordó con el presidente de la región del Kurdistán iraquí, Nechirvan Barzani, las relaciones entre ambas partes y la evolución de la situación regional.
Barzani manifestó su respaldo a una Siria estable y unificada, en la que se preserven los derechos de todos sus componentes, y destacó la importancia del papel sirio para fortalecer la paz, la seguridad y la estabilidad regionales.
Un día después, al-Sharaa recibió a Mazloum Abdi en el Palacio del Pueblo, donde ambos analizaron la continuación de la aplicación del acuerdo del 29 de enero y el seguimiento del proceso de integración en las instituciones estatales.
Estos acontecimientos muestran que el expediente de las FDS ha pasado de los acuerdos de principio a una fase de ejecución y seguimiento, aunque algunos detalles continúan pendientes, en una orientación general hacia un Estado unificado cuyas instituciones concentren las decisiones militares y de seguridad.
Washington: una Siria unificada y una convergencia de intereses
La transición siria hacia un Estado unificado también ha coincidido con la reconstrucción de las relaciones con Estados Unidos, que comenzó a considerar la estabilidad y la unidad de Siria como elementos para redefinir los vínculos bilaterales y abrir nuevas posibilidades de cooperación económica y de seguridad.
El 7 de julio, el presidente estadounidense, Donald Trump, elogió la estabilidad alcanzada por el presidente Ahmad al-Sharaa y su capacidad para unificar el país.
Durante un encuentro entre ambos celebrado al día siguiente en Ankara, Trump anunció el inicio de los procedimientos para retirar a Siria de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, y señaló que la medida buscaba eliminar obstáculos para la reconstrucción del país y profundizar la asociación bilateral.
Este acercamiento coincide con una mayor participación de Siria en los mecanismos internacionales de seguridad.
En febrero, la coalición internacional contra el grupo terrorista Daesh dio la bienvenida a Siria como nuevo miembro y expresó su disposición a trabajar con el Gobierno sirio para derrotar a la organización.
La coalición también acogió favorablemente el acuerdo entre el Gobierno y las FDS y los mecanismos previstos para integrar sus fuerzas en las instituciones estatales, además de destacar la intención de Damasco de asumir el liderazgo nacional de los esfuerzos contra Daesh.
El mensaje de Siria a Washington y a sus socios se sustenta así en una fórmula basada en un país unificado y estable, capaz de controlar su territorio, combatir el terrorismo y abrirse a la cooperación económica y política internacional sin renunciar a su unidad ni a su soberanía.
Israel: presiones sobre el proceso de consolidación del Estado
Mientras avanzaba en la construcción institucional, Siria afrontó también desafíos externos, principalmente las agresiones e incursiones israelíes, en momentos en que Damasco trataba de consolidar las instituciones estatales y favorecer soluciones diplomáticas a las crisis regionales.
En julio de 2025, Israel intensificó sus ataques contra Damasco, que alcanzaron el edificio del Ministerio de Defensa, la sede del Estado Mayor y las inmediaciones del palacio presidencial.
Los bombardeos causaron muertos, heridos y daños materiales y afectaron instituciones soberanas situadas en el corazón de la capital.
La escalada coincidió con la apuesta de Damasco por la vía diplomática.
El presidente al-Sharaa afirmó que Siria trabaja para alcanzar un acuerdo de seguridad con Israel con la participación de varios países y busca evitar una confrontación militar, al tiempo que subrayó que cualquier entendimiento debe preservar los derechos sirios sobre el Golán sirio ocupado.
Estos acontecimientos reflejan las presiones externas que han acompañado al proceso de reconstrucción estatal. Frente a ellas, Damasco ha mantenido su apuesta por fortalecer las instituciones y recurrir a soluciones diplomáticas para evitar que el país vuelva a verse arrastrado a un escenario de caos y proliferación de actores armados.
Líbano: la decisión vuelve al Estado
Si Siria ha recorrido un camino orientado a sustituir la multiplicidad de fuerzas armadas por instituciones unificadas, Líbano afronta hoy un desafío similar, aunque en circunstancias diferentes.
El 2 de marzo de 2026, el Consejo de Ministros libanés anunció la prohibición inmediata de las actividades militares y de seguridad de la milicia de Hizbulá y reafirmó que las decisiones de guerra y paz corresponden exclusivamente al Estado.
El Gobierno reclamó además la entrega de las armas y que la actividad del grupo se limite al ámbito político, vinculando la medida con el objetivo de consolidar el monopolio estatal de la fuerza y reforzar la soberanía sobre todo el territorio nacional.
La Liga Árabe acogió favorablemente la decisión y subrayó la necesidad de extender plenamente la autoridad del Estado libanés y limitar las armas a las instituciones legítimas, en particular el Ejército y las fuerzas oficiales de seguridad.
Asimismo, el presidente libanés, Joseph Aoun, y el primer ministro, Nawaf Salam, reiteraron en junio su llamamiento a que las armas queden exclusivamente en manos del Estado.
El debate ha dejado así de limitarse a la regulación de las relaciones entre las fuerzas políticas para convertirse en una cuestión fundamental de soberanía: quién posee la decisión de guerra y paz y quién tiene derecho a utilizar la fuerza dentro del país.
Líbano avanza, de este modo, hacia un modelo que refuerza al Estado como único responsable de las decisiones de seguridad, en una dirección que converge con el proceso emprendido por Siria tras la liberación del país.
Irak: impedir que el país se convierta en escenario de conflictos ajenos
Irak afronta un desafío aún más complejo debido a la presencia de facciones armadas vinculadas a Irán que mantienen una considerable influencia política y militar.
La sensibilidad de este expediente se ha hecho más evidente ante los ataques contra países de la región lanzados desde territorio iraquí.
En julio, Arabia Saudí anunció la interceptación de drones lanzados por milicias proiraníes desde Irak contra su territorio e instalaciones y pidió al Gobierno iraquí que adoptara las medidas necesarias para impedir que el país fuera utilizado como punto de partida para esas acciones.
En paralelo, los países del Consejo de Cooperación del Golfo y Jordania respaldaron la decisión del primer ministro iraquí de concentrar las armas exclusivamente en manos del Estado antes del 30 de septiembre de 2026.
También expresaron su apoyo a las medidas destinadas a impedir que facciones, milicias y grupos armados vinculados a Irán lancen operaciones contra otros países desde territorio iraquí.
Este proceso tiene una dimensión que va más allá de la seguridad interna de Irak. El monopolio estatal de las armas supone, en la práctica, evitar que el país se convierta en plataforma para conflictos ajenos y reforzar la capacidad de Bagdad para preservar sus relaciones árabes, especialmente con Arabia Saudí y los países del Golfo.
De plataforma de influencia a puente para la estabilidad
El conjunto de estos acontecimientos permite comprender la singularidad de la experiencia siria: un proceso que comenzó con la necesidad de superar la multiplicidad de actores armados dentro del país y que ahora proyecta el monopolio estatal de las armas como uno de los fundamentos de la estabilidad regional.
Durante el régimen depuesto, Siria formó parte de una red regional sustentada en la proliferación de fuerzas armadas y en fronteras abiertas a la influencia iraní.
Hoy, en cambio, avanza hacia la construcción de un Estado unificado capaz de controlar su territorio, sus decisiones de seguridad y sus relaciones regionales.
Desde esta perspectiva, el respaldo de Damasco a los esfuerzos de Irak y Líbano para concentrar las armas en manos de sus instituciones aparece como una prolongación natural de su propia experiencia, aunque cada país siga un camino condicionado por sus circunstancias particulares.
La ecuación que comienza a perfilarse en la región se apoya en una idea central: no puede haber estabilidad duradera con varios ejércitos, ni soberanía plena con múltiples centros de decisión, ni seguridad regional mientras los territorios nacionales permanezcan abiertos a los conflictos de actores externos.
Por ello, el recorrido sirio —desde la disolución de las facciones y su integración en el Ministerio de Defensa hasta el proceso de incorporación de las FDS y sus instituciones al Estado— adquiere una dimensión que trasciende las fronteras nacionales y converge con el debate abierto en Irak y Líbano sobre el monopolio estatal de las armas y de las decisiones de guerra y paz.
En este contexto, la expresión utilizada por al-Shaibani sobre una “base única para la estabilidad” no aparece únicamente como una descripción de una etapa política, sino como la síntesis de una dinámica regional en formación: Estados que recuperan sus decisiones soberanas, armas subordinadas a sus instituciones y fronteras que dejan de ser corredores de influencia para convertirse en instrumentos de protección de la soberanía.
Dentro de ese proceso, Siria busca pasar de haber sido un eslabón en una red de inestabilidad regional a convertirse en un factor que impulse la consolidación del Estado y una seguridad regional basada en instituciones nacionales fuertes.
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