Damasco, 3 feb (SANA) Durante más de año y medio, el cruce terrestre de Rafah fue para los palestinos de Gaza algo más que una frontera cerrada: fue una herida abierta.
Sellado por el Ejército israelí desde mayo de 2024, este paso, el único que no está bajo control directo de Israel, se convirtió en el último vestigio de esperanza para una población atrapada entre los bombardeos, la escasez y el colapso total de su sistema sanitario.
La reapertura parcial del cruce, anunciada esta semana a modo de prueba, devuelve el movimiento de personas entre Gaza y Egipto, pero lo hace en medio de la incertidumbre, las contradicciones oficiales y una tragedia humanitaria que no se detiene.
Para miles de palestinos, Rafah sigue siendo un cuello de botella donde la vida y la muerte esperan turno.
Este lunes, ambulancias llegaron al hospital de la Media Luna Roja en Khan Yunis para trasladar a enfermos y heridos hacia el lado egipcio, en busca de una atención médica que ya no existe dentro del enclave asediado.
La cámara de SANA documentó el sufrimiento de los enfermos que esperan su paso al lado egipcio para recibir tratamiento médico que no está disponible en Gaza.

Los hospitales del norte del Sinaí y de gobernaciones vecinas fueron puestos en máxima alerta, conscientes de la magnitud de una crisis sanitaria provocada por meses de agresión y bloqueo.
Sin embargo, incluso este gesto limitado de alivio está marcado por la confusión. No coinciden las cifras sobre el número de personas que lograron cruzar: mientras fuentes egipcias hablan de decenas, medios israelíes elevan considerablemente esos números.


Más allá de las estadísticas, la realidad es demoledora. Según organizaciones palestinas, alrededor de 20 mil pacientes esperan autorización para salir de Gaza y recibir tratamiento urgente.
Muchos de ellos son niños, ancianos y heridos graves que han sobrevivido a los ataques, pero no al colapso de hospitales sin electricidad, medicamentos ni personal suficiente.
El cierre de Rafah en mayo de 2024, tras la ofensiva israelí contra la ciudad fronteriza, desató una ola de condenas internacionales y tensó las relaciones con Egipto. Para El Cairo, la reapertura del paso implica un delicado equilibrio: permitir la ayuda humanitaria sin facilitar lo que considera un desplazamiento forzado y encubierto de la población palestina fuera de su tierra.
De acuerdo con los acuerdos del alto el fuego, solo podrán regresar quienes abandonaron Gaza tras el inicio de la guerra en octubre de 2023.
Hoy, Rafah vuelve a abrir, pero no es una puerta franca: es una rendija. Para Gaza, sigue siendo su cordón umbilical, frágil y vulnerable, por donde apenas circula un hilo de vida en medio de una catástrofe humanitaria que continúa ante los ojos del mundo.
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