Capitales, 27 ago (SANA) El estrecho de Ormuz continúa en el centro de la confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán, en medio de una creciente presión militar y económica sobre Teherán y de señales que apuntan a negociaciones para restablecer la navegación por esta estratégica vía marítima. Al mismo tiempo, varios países aceleran sus esfuerzos para reducir la dependencia de este paso clave para el suministro energético mundial.
El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó el miércoles que Washington se encamina hacia una «gran victoria» frente a Irán y aseguró que el estrecho de Ormuz está abierto, que las minas han sido retiradas y que cada vez más buques vuelven a transitar por sus aguas. Las declaraciones se producen mientras Estados Unidos combina la presión militar con nuevas medidas económicas contra Teherán.
Trump sostuvo que la capacidad financiera y militar estadounidense está aumentando la presión sobre Irán, aunque evitó establecer un calendario concreto para el fin de la confrontación.
En el frente económico, Washington dio un nuevo paso el 24 de agosto con el lanzamiento de la denominada Operación Economic Outcast, una campaña del Departamento del Tesoro destinada a ampliar la presión sobre las fuentes de ingresos y las redes financieras iraníes.
Las nuevas medidas amplían el alcance de las posibles sanciones secundarias a cinco sectores considerados estratégicos para la economía iraní: transporte marítimo, aviación, tecnología, oro y activos digitales. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) sancionó además a cerca de 60 personas, entidades y embarcaciones que, según Washington, participan en redes relacionadas con la obtención de tecnología, operaciones cibernéticas y generación de ingresos petroleros para Irán.
Contradicciones iraníes sobre el estrecho de Ormuz
Mientras Washington presenta la presión económica y militar como un factor capaz de acelerar la reapertura de Ormuz, desde Irán han surgido mensajes contradictorios sobre el estado de las negociaciones.
El portavoz de la Guardia Revolucionaria iraní, Hossein Mohebbi, afirmó que Teherán y Mascate alcanzaron entendimientos sobre la distribución de las aguas del estrecho y los ingresos derivados de su gestión. Sin embargo, una fuente iraní de alto rango señaló posteriormente a Reuters que todavía no existe un acuerdo definitivo y que ambas partes continúan trabajando en sus detalles.
La discrepancia refleja que las conversaciones sobre el futuro de la navegación siguen abiertas. La Guardia Revolucionaria sostiene que el estrecho no será reabierto por completo mientras Estados Unidos no acepte las condiciones planteadas por Teherán, entre ellas el levantamiento del bloqueo sobre los puertos iraníes, compensaciones y la eliminación de sanciones.
Irán y Omán retomaron además las conversaciones para gestionar el tráfico marítimo por Ormuz y abordaron la creación de un corredor conjunto temporal de navegación, así como operaciones de desminado, mientras continúan los contactos para establecer mecanismos más duraderos que garanticen el tránsito por la zona.
Las negociaciones otorgan a Omán un papel relevante como interlocutor regional, mientras el control de la navegación por el estrecho continúa siendo una de las principales cuestiones de disputa entre Washington y Teherán.
Presión económica y medidas para evitar el estrecho de Ormuz
Las conversaciones sobre la reapertura se desarrollan en paralelo al endurecimiento de la presión económica estadounidense. Washington busca restringir las fuentes de financiación de Teherán y elevar el coste para empresas y países que mantengan determinadas operaciones con sectores iraníes sometidos a sanciones.
Por su parte, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, defendió la vía diplomática y afirmó que «la guerra no siempre es la solución», al señalar que los problemas que puedan resolverse mediante la razón y la diplomacia no deberían abordarse a través de la confrontación.
Las dificultades para garantizar el tránsito por Ormuz también han llevado a varios países a acelerar estrategias destinadas a reducir su vulnerabilidad ante una interrupción prolongada.
Japón anunció un plan integral para fortalecer su seguridad energética, diversificar sus fuentes de crudo y apoyar proyectos de oleoductos en Oriente Medio capaces de evitar el estrecho de Ormuz. En 2025, el 94 % del petróleo importado por el país asiático procedió de Oriente Medio y el 93 % de esos suministros transitó por el estrecho.
A estas iniciativas se suman los esfuerzos de los productores del Golfo para garantizar sus exportaciones. Abu Dhabi National Oil Company (ADNOC) y Kuwait Petroleum Corporation (KPC) fletaron provisionalmente cuatro superpetroleros para cargar crudo en Fujairah, Emiratos Árabes Unidos, con destino principalmente a los mercados asiáticos. Cada uno de esos buques tiene capacidad para transportar alrededor de dos millones de barriles.
Las expectativas de avances en las negociaciones también tuvieron un impacto inmediato en los mercados. Los precios del petróleo encadenaron tres jornadas de descensos y, durante las operaciones del miércoles, el Brent llegó a caer por debajo de los 86 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate (WTI) se aproximó a los 80 dólares, ante las expectativas de una mayor circulación de buques por Ormuz.
La evolución de los acontecimientos evidencia que el estrecho de Ormuz ya no constituye únicamente una arteria estratégica para el transporte mundial de energía, sino también una pieza central de los cálculos políticos, económicos y de seguridad regional e internacional.
Su reapertura plena continúa vinculada al curso de las negociaciones entre Washington y Teherán, a los entendimientos entre Irán y Omán y a las garantías necesarias para restablecer de manera estable y segura el tráfico marítimo por una de las rutas energéticas más importantes del mundo.
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