Damasco, 4 oct (SANA) De pequeñas salas de producción y proyectos familiares a una actividad agrícola con posibilidades de expansión, el cultivo de hongos se abre paso hacia una mayor presencia en el mercado sirio, favorecido por la diversidad de especies y las posibilidades de producción.
Agricultores y trabajadores del sector consideran que esta actividad adquiere gradualmente una mayor viabilidad económica, gracias a la diversidad de sus modalidades de producción y a la posibilidad de desarrollar algunos proyectos con recursos limitados, especialmente en el caso de la seta ostra.
El champiñón blanco, por su parte, ofrece oportunidades más amplias en el mercado, aunque requiere equipos e instalaciones especializadas.
Producción del champiñón blanco
El agricultor Muayad Hourani explicó que la producción de champiñón blanco requiere salas equipadas con unidades de refrigeración y sistemas para controlar la temperatura, la humedad y la ventilación.
Indicó que varios productores recurren a la compra de compost preparado e inoculado con semilla de hongo a empresas especializadas que disponen de áreas de fermentación y cámaras de pasteurización.
Hourani dijo que el ciclo de producción comienza con una fase de incubación a temperaturas de entre 22 y 24 grados Celsius, seguida por la cobertura de la superficie del compost con una capa de turba o “peat moss”.
Posteriormente, se aplica un choque térmico y se garantiza la ventilación necesaria para estimular la formación y el crecimiento de los cuerpos fructíferos.
Asimismo, señaló que los costes de acondicionamiento de las salas de producción, la mano de obra y los insumos de cultivo representan un desafío para los agricultores.
Precisó que el precio del metro de cultivo con compost local oscila entre 40 y 50 dólares, por lo que la calidad del compost constituye un factor esencial para lograr una productividad económicamente viable, que puede alcanzar unos 20 kilogramos por metro en condiciones adecuadas.
La seta ostra y los retos de comercialización
El director ejecutivo de proyectos de cultivo de hongos en la ciudad de Daráya, en la provincia de Damasco, Hussein Hafni al-Hafni, explicó que el cultivo de la seta ostra se caracteriza por su sencillez y puede desarrollarse en diferentes espacios, incluso dentro de los hogares.

Añadió que uno de los principales desafíos para los pequeños productores es la comercialización, debido a la corta vida útil de la seta ostra fresca, que no supera las 24 horas.
Esta situación limita las posibilidades de comercializarla con rapidez y aumenta la necesidad de desarrollar procesos de conservación y transformación.
Al-Hafni señaló además que el champiñón blanco, del género Agaricus, representa la mayor parte de la actividad comercial del sector debido a su amplia difusión y a la demanda de los consumidores, pese a que sus requisitos de producción son mayores que los de la seta ostra.
Los proyectos familiares como vía de expansión
El experto en desarrollo y fundador de la Iniciativa Siria de Proyectos Familiares para el Desarrollo, Akram Afif, consideró que la seta ostra constituye una oportunidad adecuada para los proyectos familiares debido a sus bajos costes de producción y a la posibilidad de cultivarla en espacios reducidos y en diferentes condiciones.
Según Afif, estas características permiten a las familias aprovechar los recursos de los que disponen y convertirlos en una fuente adicional de ingresos.
También señaló que la disponibilidad local de materias primas necesarias para la producción, entre ellas esporas y paja, contribuye a facilitar el proceso de cultivo.
Afif llamó a apoyar este tipo de proyectos y a desarrollar las capacidades técnicas y comerciales vinculadas a ellos, con el fin de facilitar su transición desde una producción doméstica limitada hacia pequeños proyectos más sostenibles.
La transformación amplía las oportunidades de mercado
Las posibilidades de desarrollo del sector del cultivo de hongos no se limitan al aumento de la producción fresca.
Afif subrayó la importancia de ampliar la transformación de la seta ostra mediante procesos de secado, encurtido y congelación, además de incorporarla a diferentes productos y preparaciones alimentarias.
Según el experto, la transformación contribuye a prolongar la vida útil del producto y reducir las pérdidas derivadas del rápido deterioro de los hongos frescos.
Asimismo, permite elevar su valor añadido y abrir nuevos canales de comercialización para los productores, especialmente los pequeños agricultores y los proyectos familiares.
Compost y turba en el proceso de cultivo
El compost es el sustrato orgánico en el que crece el champiñón blanco y se prepara a partir de distintos materiales orgánicos, principalmente paja o heno, además de fuentes de materia orgánica y nitrógeno.
Antes de ser apto para el cultivo, pasa por procesos precisos de fermentación, pasteurización y acondicionamiento.
Una vez completada su preparación, se inocula con semilla de hongo y posteriormente se coloca en las salas de producción.
La turba o «peat moss», por su parte, es un material orgánico utilizado como capa de cobertura del compost después de la fase de incubación.
Se caracteriza por su capacidad para retener humedad y ayuda a crear las condiciones adecuadas para la formación y el crecimiento de los hongos.
La turba no constituye el principal medio nutritivo del hongo, sino que su función consiste en regular la humedad y proporcionar las condiciones necesarias para el inicio de la fructificación.
Más de cuatro décadas de producción
Los primeros intentos de introducir el cultivo agrícola de hongos en Siria se remontan a 1976, cuando la Dirección de Investigaciones Científicas Agrícolas del Ministerio de Agricultura inició sus experimentos tras importar de Francia cantidades limitadas de semilla de hongo.
Los ensayos continuaron de forma gradual hasta que, en 1981, la Institución de la Unión Árabe para el Desarrollo Agrícola estableció una unidad de producción de hongos en su explotación cercana a Al Kiswah, en la provincia de Damasco.
La primera producción de esa instalación se registró en junio de 1982, lo que convirtió aquella experiencia en una de las primeras etapas del desarrollo del cultivo de hongos en Siria. La unidad continúa operativa y produciendo hasta la actualidad.
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