Damasco, 1 oct (SANA) En la Guta Oriental, una región siria cuyos habitantes sufrieron durante años bombardeos aéreos diarios, Um Marwan, una mujer de unos sesenta años, recuerda los llamados “barriles de la muerte”, el dolor vivido en la Guta y sus ciudades, la ausencia de su hijo y el sufrimiento de las familias sirias que permanecieron durante años bajo los bombardeos y el asedio.
La madre, afligida por la pérdida, saca una fotografía de su hijo mártir y rompe a llorar. Dice que, esta vez, son lágrimas de alegría, tras conocer la noticia de la detención de un numeroso grupo de pilotos del régimen depuesto.
Durante el pasado mes de septiembre, las Fuerzas de Seguridad Interna detuvieron a 23 personas implicadas en la comisión de crímenes contra el pueblo sirio, entre ellas 17 pilotos y comandantes de las fuerzas aéreas.
Las investigaciones determinaron que estas personas aprovecharon sus cargos militares y su especialización en aviación de combate y helicópteros para ejecutar bombardeos y ataques que causaron numerosos muertos y heridos, provocaron el desplazamiento de la población y ocasionaron graves daños en ciudades y localidades, incluida la destrucción de viviendas, instalaciones y servicios civiles.
El joven Mahmoud Abdullah, de la provincia de Idlib, también afectada por bombardeos aéreos, considera que perseguir y detener a los responsables de crímenes del régimen depuesto no devolverá a los fallecidos ni borrará años de sufrimiento, pero permitirá a las víctimas conocer la verdad y exigir ante la justicia responsabilidades a quienes se demuestre culpables.
3.200 incursiones aéreas: la masacre de Saida y Hamza al-Khatib
Khaldoun Mubarak es uno de esos oficiales implicados en graves violaciones cometidas contra los sirios en general y, en particular, contra las regiones del norte, durante su prolongado servicio en las fuerzas aéreas del régimen depuesto, hasta alcanzar el rango de coronel dentro de la Brigada 17, con base en el aeropuerto militar de Al-Sin, en la zona rural de Damasco.
Mubarak comparte un historial similar con su compañero, el general de brigada Jaber Mehrez Ibrahim, quien ocupó el cargo de comandante de la Brigada 138 de Defensa Aérea en la localidad de Saida, en la zona rural de Daraa, durante la etapa del régimen depuesto.
Ibrahim era conocido por su participación en ataques contra manifestantes pacíficos cuando atravesaban la carretera que conduce a Daraa al-Balad durante el asedio impuesto a la ciudad al comienzo de la revolución, y por matar y torturar a cientos de activistas pacíficos, entre ellos el niño Hamza al-Khatib.
Las investigaciones del Ministerio del Interior relacionadas con los nueve pilotos detenidos mostraron que habían registrado más de 3.200 incursiones aéreas durante los años de la guerra, además de utilizar diferentes tipos de helicópteros de ataque y aviones de combate a reacción en bombardeos contra numerosas zonas de Siria.
La ONU documenta las masacres
El expediente de los bombardeos aéreos del régimen depuesto y de sus oficiales constituyó uno de los ejes principales del trabajo de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre la República Árabe Siria, dependiente del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Desde los primeros años de la Revolución, la Comisión documentó amplias operaciones de bombardeo aéreo contra zonas pobladas y abordó el uso, por parte de las fuerzas del régimen depuesto, de aviones, helicópteros, municiones no guiadas y barriles explosivos.
560 muertos en diez días
En tan solo diez días de 2013, entre el 15 y el 24 de diciembre, pilotos del régimen depuesto lanzaron más de 152 barriles explosivos sobre la ciudad de Alepo y su zona rural, causando la muerte de 560 personas, entre ellas 148 niños y 63 mujeres, según la documentación de la Red Siria para los Derechos Humanos.
La Comisión Internacional de Investigación expresó entonces serias preocupaciones en virtud del derecho internacional humanitario, especialmente porque los ataques aéreos alcanzaron viviendas, mercados, instalaciones médicas y otros barrios civiles, además de provocar amplias oleadas de desplazamiento.
De los ataques convencionales a los ataques químicos
La documentación internacional también se extendió al uso de armas químicas por parte del régimen depuesto.
Entre los ataques más destacados figura la masacre de las dos Gutas, ocurrida el 21 de agosto de 2013, durante la cual una misión de las Naciones Unidas confirmó el uso de cohetes tierra-tierra cargados con gas sarín. El ataque causó la muerte de más de 1.400 mártires, entre ellos 200 niños y mujeres, además de miles de heridos.
Asimismo, el Equipo de Investigación e Identificación de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas concluyó que las fuerzas aéreas del régimen depuesto fueron responsables de ataques químicos contra Al-Latamna, en la zona rural de Hama, en marzo de 2017, así como del ataque químico contra Duma, ocurrido el 7 de abril de 2018.
En mayo de 2015, Amnistía Internacional documentó, en un informe titulado “La muerte está en todas partes”, ataques contra barrios residenciales e instalaciones civiles en Alepo, entre ellas hospitales, escuelas y mercados, y concluyó que algunos de los ataques documentados constituían crímenes de guerra.
Familias que esperan justicia
Las masacres cometidas por la aviación del régimen depuesto siguen presentes en la memoria. Son escenas grabadas en el recuerdo del pueblo sirio, que reclama que quienes cometieron contra él los crímenes más atroces rindan cuentas.
Um Marwan afirma: “Marwan partió junto a su Señor, pero cumplir con su legado es una responsabilidad que pesa sobre mí. Es cierto que las sentencias que se esperan no me lo devolverán ni a mí ni a su familia, pero su recuerdo me impulsa a reclamar sus derechos y los derechos de todas las víctimas. Detrás de cada víctima hay una familia que espera justicia”.
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