Damasco, 7 sep (SANA) Damasco ha vivido en los últimos días una intensa actividad diplomática que refleja el rápido cambio en la posición internacional de Siria y el esfuerzo de sus autoridades por consolidar una nueva etapa de relaciones exteriores.
El presidente Ahmad al-Sharaa recibió recientemente las cartas credenciales de siete embajadores ante la República Árabe Siria durante una ceremonia oficial celebrada en el Palacio del Pueblo, en presencia del ministro de Asuntos Exteriores y Expatriados, Asaad Hassan Al-Shaibani.
Los nuevos representantes diplomáticos son Ghazi Al-Anzi, de Arabia Saudita; el nuncio apostólico Luigi Roberto Cona, de la Santa Sede; Michael Ohnmacht, de la Unión Europea; Eduardo Barbosa, de Brasil; Emmanuel Kakavelakis, de Grecia; Jessica Svärdström, de Suecia, y Frey Jackson, de Dinamarca.
La llegada de estos diplomáticos coincide con una fase de transformación acelerada de las relaciones exteriores sirias, impulsada en parte por la decisión de Estados Unidos, adoptada el 24 de agosto, de retirar a Siria de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.
La medida eliminó uno de los principales obstáculos políticos y legales que condicionaban durante décadas la relación de Damasco con numerosos gobiernos e instituciones internacionales y abrió nuevas posibilidades para ampliar la cooperación diplomática, económica y de seguridad.
Regreso de las embajadas
Uno de los signos más visibles de ese cambio fue la reapertura de la Embajada de Dinamarca en Damasco después de 14 años de interrupción.
Al-Shaibani y su homólogo danés, Lars Løkke Rasmussen, participaron el 31 de agosto en la ceremonia de reapertura de la misión diplomática.
El ministro sirio calificó el regreso de la embajada como un paso importante en el proceso de reposicionamiento internacional de Siria y en el fortalecimiento de sus relaciones con sus socios europeos.
A su juicio, la vuelta de las misiones diplomáticas a Damasco transmite una señal clara de que Siria entra en una nueva fase de relaciones internacionales basada en el diálogo, la cooperación y los intereses compartidos.
Del aislamiento a la interlocución
La decisión estadounidense de retirar a Siria de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo supuso un punto de inflexión después de casi 47 años bajo esa clasificación.
Un día después del anuncio, la Embajada de Estados Unidos en Damasco afirmó en la plataforma X que la medida representaba “otro paso” en el tránsito de Siria “del aislamiento a la asociación”.
La legación estadounidense señaló además que la eliminación de la designación abría la puerta a una nueva etapa de cooperación, después de años en los que las restricciones habían limitado el acceso a inversiones y proyectos necesarios para la reconstrucción y el desarrollo.
Tariq Ziad Wahbi, investigador especializado en relaciones internacionales y asuntos europeos, considera que la decisión va más allá del fin del aislamiento político.
Según explicó, también modifica el marco oficial en el que otros Estados e instituciones pueden relacionarse con Siria y facilita ámbitos como la financiación, la inversión extranjera y los programas de desarrollo.
En ese contexto, la retirada de la clasificación puede contribuir a reactivar proyectos de infraestructura, mejorar servicios y ampliar el margen de cooperación con instituciones internacionales.
Un nuevo marco de relaciones
La eliminación de Siria de la lista estadounidense no fue únicamente una decisión jurídica. También alteró la forma en que Damasco puede relacionarse con actores regionales e internacionales.
Durante años, la clasificación dificultó el establecimiento de relaciones políticas, económicas y de seguridad con el Estado sirio y elevó los riesgos para gobiernos, empresas y organizaciones que buscaban mantener vínculos con el país.
Con la entrada en vigor de la decisión, se reabrieron canales de comunicación que habían permanecido limitados o interrumpidos.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmó el 24 de agosto que la retirada de Siria de la lista respondía al reconocimiento de “medidas positivas y compromisos adicionales” asumidos por el nuevo Gobierno sirio.
Para Wahbi, el cambio obliga también a la comunidad internacional a adaptarse a la nueva realidad del país y a establecer mecanismos de confianza que puedan traducirse en una cooperación estable y duradera.
Una apertura con dimensión regional
La nueva etapa diplomática coincide asimismo con cambios en el escenario interno y regional.
Entre ellos figura la disolución de las Fuerzas Democráticas Sirias y su integración en el Estado sirio, una medida que recibió respaldo regional e internacional.
La retirada de la designación estadounidense redujo además las restricciones que pesaban sobre países árabes y Türkiye a la hora de alcanzar acuerdos políticos de alto nivel con Damasco, en un contexto en el que existía preocupación por posibles sanciones secundarias vinculadas a la clasificación.
Wahbi considera que Siria intenta reconstruir gradualmente sus capacidades y recuperar su peso regional mediante una política basada, en primer lugar, en sus propios intereses y, después, en aquellos que comparte con sus vecinos y socios.
La dimensión económica del giro diplomático
El cambio político comienza también a proyectarse sobre el terreno económico.
Charles Lister, director del programa sobre Siria del Middle East Institute, considera que la retirada de Siria de la lista estadounidense puede abrir la puerta a una participación económica más activa de Estados Unidos y otros países occidentales.
Según Lister, ese proceso podría abarcar desde el sector financiero y bancario hasta la energía, la tecnología y las telecomunicaciones.
El investigador sostiene que la decisión tiene al mismo tiempo un alcance político y económico, porque crea condiciones para profundizar la cooperación entre Washington y Damasco en una fase en la que el grupo Estado Islámico sigue representando una amenaza, pese a la reducción de su capacidad.
La medida también podría facilitar la ayuda estadounidense, las operaciones financieras y una cooperación más amplia en cuestiones de seguridad y defensa.
Una diplomacia en reconstrucción
La recepción de nuevos embajadores, el regreso de misiones extranjeras y la apertura de canales políticos y económicos configuran un escenario muy distinto al que marcó durante años la relación de Siria con gran parte de la comunidad internacional.
Damasco intenta ahora transformar esa apertura en relaciones institucionales más estables y en alianzas capaces de sostener la reconstrucción del país.
La velocidad del cambio diplomático es evidente. El reto, sin embargo, será convertir esa normalización política en cooperación duradera, inversiones concretas y una presencia internacional capaz de mantenerse más allá de los gestos iniciales.
okz/fm