Damasco, 30 ago (SANA) Con motivo del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, Hassan Mahmoud vuelve a enfrentarse a la pregunta que ha marcado la vida de su familia durante más de 14 años: ¿dónde está su hermano, el doctor Hayan Mahmoud?
La familia sabe cuándo Hayan fue detenido. Más tarde de su detención, el registro civil sirio lo dio oficialmente por muerto. Además, antiguos detenidos contaron a sus familiares que habían sido testigos de lo que le ocurrió bajo custodia. Pero todavía no saben dónde están sus restos.
«No hay ni una tumba», dijo Hassan a SANA. «Mientras no sepamos dónde está, nuestra búsqueda continuará», cuenta.
Para la familia Mahmoud, la ausencia de un cuerpo o de un lugar de sepultura ha impedido que, incluso después de aceptar la muerte de Hayan, puedan despedirse de él.
Una herida abierta
La historia de Hayan refleja una de las heridas más profundas aún sin resolver de las desapariciones forzadas en Siria. Familias que pueden haber sabido que sus seres queridos murieron, pero que siguen sin conocer adónde fueron trasladados sus cuerpos o dónde fueron enterrados.
Su caso es uno entre decenas de miles.
Al menos 177.021 personas permanecen desaparecidas forzosamente en Siria desde marzo de 2011, entre ellas 4.536 niños y 8.984 mujeres, según la Red Siria para los Derechos Humanos (SNHR, por sus siglas en inglés).
La organización advierte de que la cifra real probablemente sea superior al número de casos que ha logrado documentar.
Detrás de esas cifras hay familias que siguen enfrentándose a las mismas preguntas fundamentales que los Mahmoud: ¿qué ocurrió con sus familiares y dónde están?
Para Hassan, la búsqueda de su hermano acabó convirtiéndose en algo mucho mayor. Comenzó a documentar casos de desaparición forzada y a hablar con supervivientes de las prisiones del régimen de Asad, antes de prestar posteriormente testimonio en Alemania en uno de los procesos penales más destacados contra funcionarios del régimen derrocado.
Sin embargo, años de documentación y procedimientos judiciales siguen sin responder a la pregunta más básica de su familia: ¿Dónde está Hayan?
Un joven médico con futuro
Hayan Mahmoud nació en Salamiyah en 1986. Su familia lo recuerda como una persona tranquila, amable y serena.
«Desde niño era tranquilo, bondadoso y respetuoso. Evitaba los conflictos y era querido por todos», recordó Hassan.
Hayan se graduó como uno de los mejores estudiantes de su promoción en la Facultad de Medicina de la Universidad de Alepo y posteriormente se especializó en cardiología en el Hospital Al-Mujtahid, en Damasco.
Su familia y sus colegas consideraban que tenía por delante una prometedora carrera médica.
Fuera de la medicina, Hayan seguía el fútbol, especialmente a la selección italiana, y disfrutaba de la música clásica.
Esa vida quedó truncada en julio de 2012.
Detenido en el hospital
Hayan fue detenido por agentes de inteligencia del régimen derrocado de Asad mientras trabajaba en el Hospital Al-Mujtahid, según el relato de su familia.
Hassan explica que la detención se produjo después de una discusión con otro médico sobre las masacres cometidas por el régimen derrocado.
Según la versión de la familia, Hayan condenó públicamente aquellos asesinatos y posteriormente fue denunciado ante los servicios de inteligencia.
Nunca se formularon cargos en su contra y su familia tampoco fue informada del lugar en el que se encontraba recluido.
La búsqueda comenzó casi de inmediato.
Sus familiares recorrieron hospitales, prisiones y oficinas gubernamentales en busca de información, pero no recibieron respuestas oficiales.
Más tarde, antiguos detenidos les dijeron que habían visto a Hayan bajo custodia y que había sido torturado.
La familia quedó entonces atrapada en un intento constante por determinar qué informaciones eran creíbles y cuáles eran simples rumores.
Pagar por rumores
La ausencia de información oficial dio lugar a otro calvario.
Hassan cuenta que intermediarios se acercaron repetidamente a la familia asegurando que podían proporcionar noticias sobre Hayan a cambio de dinero.
«Pagamos grandes sumas simplemente para escuchar noticias que podían ser ciertas. La mayoría resultaron ser falsas», relata.
Cada nueva versión abría otro ciclo de esperanza y decepción. «Normalmente, la muerte empieza con la noticia, después viene el entierro y luego el duelo», dice Hassan. «A nosotros nos privaron de todo eso».
La familia también intentó proteger a su madre de la información que más temían. En 2022, un documento oficial del registro civil consignó a Hayan como fallecido.
No se lo dijeron.
En su lugar, explicó Hassan, la familia modificó una copia del documento para que su madre siguiera creyendo que su hijo estaba vivo.
«Mi madre miró el papel y dijo feliz: “Hayan está vivo”. Imagínate ver a tu propia madre celebrar una mentira que tú y tus hermanos habéis creado».
La esperanza vuelve y vuelve a desaparecer
Tras la caída del régimen, la esperanza regresó brevemente.
Comenzó a circular una grabación de audio acompañada de versiones que aseguraban que Hayan había sido liberado con vida.
Para una familia que llevaba años buscando cualquier indicio de que hubiera podido sobrevivir, aquella grabación bastó para reavivar la posibilidad de su regreso.
«Gritamos de alegría», recuerda Hassan.
Pero la información resultó ser falsa y la familia ha puesto a pasarse de la esperanza a la desesperación. Finalmente acabó aceptando que Hayan había muerto, pero esa aceptación no les dio un cierre.
«No hubo funeral, ni entierro, ni restos», dijo Hassan.
De la búsqueda a la documentación
La desaparición de Hayan cambió el rumbo de la vida de Hassan.
Después de trasladarse a Alemania, comenzó a colaborar con organizaciones de derechos humanos y a recopilar testimonios de supervivientes del sistema de las cárceles de Asad.
Su búsqueda de información sobre su hermano terminó entrelazándose con los esfuerzos por documentar lo que había ocurrido con los detenidos que desaparecieron dentro del aparato de seguridad del régimen derrocado.
Posteriormente, Hassan prestó testimonio ante un tribunal de Coblenza, en Alemania, donde antiguos funcionarios de inteligencia sirios fueron procesados conforme al principio de jurisdicción universal por torturas sistemáticas cometidas en la Sección 251 de Damasco.
El exoficial de inteligencia Anwar Raslan fue declarado culpable de crímenes contra la humanidad y condenado a cadena perpetua.
«Fue doloroso hablar, pero necesario», dice Hassan.
Prestar testimonio también tuvo consecuencias para la familia.
Otro de sus hermanos, que permanecía en Siria, fue perseguido por los servicios de seguridad del régimen derrocado y acabó huyendo a Francia bajo protección humanitaria.
El proceso de Coblenza permitió establecer responsabilidad penal por crímenes cometidos dentro del sistema de detención.
Pero para Hassan no pudo resolver la pregunta que se formula desde 2012:
¿Adónde llevaron a su hermano después de su muerte?
Otra desaparición
El calvario de la familia no terminó con Hayan.
Hassan explicó que su primo, Basel Mahmoud, cumplía el servicio militar obligatorio en Daraa en 2012 cuando comenzaron a circular versiones de que Hayan había muerto.
Según Hassan, Basel solicitó permiso para asistir a lo que creía que sería el funeral de su primo.
Cuando explicó las circunstancias a su comandante, según Hassan, este respondió burlándose de él.
Pocas semanas después, Basel contactó con su familia y les advirtió de que su parentesco con Hayan lo había puesto en peligro.
Les pidió que se olvidaran de él.
Poco después desapareció. «Así como desapareció Hayan, también desapareció Basel», comenta el joven, asegurando que, hasta el día de hoy no saben de lo que ocurrió con él ni donde esta enterrado.
Nunca volvieron a verlo.
La búsqueda de un lugar donde llorar
Para Hassan, los años transcurridos desde la detención de Hayan han demostrado que esclarecer lo ocurrido dentro de los centros de detención constituye solo una parte de la búsqueda de la verdad.
Su familia dispone de información que indica que Hayan murió. Cuenta con testimonios de antiguos detenidos. Tiene un registro civil que lo declara fallecido.
Lo que no tiene es su cuerpo. No tiene una tumba. Y no sabe adónde acudir para llorarlo.
Para las familias de los desaparecidos, saber que un ser querido murió no necesariamente responde qué ocurrió con sus restos ni dónde fue enterrado.
La magnitud de las desapariciones forzadas en Siria hace que las preguntas sin respuesta de la familia Mahmoud sean compartidas por decenas de miles de personas.
Cada caso no resuelto representa no solo a una persona desaparecida, sino también a una familia que sigue esperando información, restos o un lugar donde hacer duelo.
Para la familia Mahmoud, encontrar el lugar donde fue enterrado Hayan no desharía lo ocurrido, pero sí pondría fin a una parte de una búsqueda que se prolonga desde hace más de 14 años.
La petición de Hassan es, en definitiva, mucho más sencilla que los procedimientos judiciales, documentos y testimonios acumulados desde la desaparición de su hermano.
Quiere saber dónde está Hayan.
Más de 14 años después de su detención, Hassan sigue buscando un lugar donde poder permanecer de pie, recitar Al-Fatiha y llorar a su hermano.
Muhammad Fares/okz