Damasco, 28 ago (SANA) La disolución de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) como estructura militar independiente y su integración en el Ejército sirio culminan un proceso político y jurídico con el que Damasco busca encauzar dentro de las instituciones estatales las reivindicaciones civiles, culturales y lingüísticas de la población kurda.
El proceso, iniciado tras la caída del depuesto régimen, combina el reconocimiento de derechos históricamente reclamados por la comunidad kurda con la reincorporación al Estado de las estructuras militares, administrativas y económicas que durante los años de guerra operaron de forma autónoma en buena parte del noreste del país.
“Las circunstancias han cambiado hoy”, afirmó esta semana Mazloum Abdi al anunciar en Damasco el fin de la misión de las FDS y su incorporación a las brigadas del Ejército sirio, una decisión que presentó como parte de la transición desde una etapa de conflicto hacia otra centrada en la paz y la reconstrucción.
Décadas de marginación y el impacto del censo de 1962
Uno de los principales antecedentes de la cuestión kurda en Siria fue el censo extraordinario realizado en la provincia de Hasakah en 1962, que dejó a numerosos kurdos sin ciudadanía y, como consecuencia, limitó durante décadas su acceso a derechos relacionados con el empleo, la propiedad, la educación y otros ámbitos civiles.
A ello se sumaron restricciones al uso público y educativo de la lengua kurda, así como medidas que afectaron manifestaciones culturales, nombres y cuestiones relacionadas con la propiedad de tierras en la región nororiental de Al Jazeera.
Fadi Marai, dirigente del Partido Movimiento Futuro Kurdo en Siria, explicó a SANA que las demandas de esa comunidad nunca estuvieron limitadas a la ciudadanía, sino que abarcaron aspectos políticos, culturales y de desarrollo.
A su juicio, algunas consecuencias de las políticas anteriores todavía requieren soluciones mediante leyes e instituciones capaces de garantizar igualdad entre los ciudadanos.
Ciudadanía, lengua kurda y Nowruz
El giro más importante en el ámbito jurídico llegó con el Decreto 13 de 2026, promulgado por el presidente sirio, Ahmed al-Sharaa, que reconoce a los kurdos como parte integral del pueblo sirio y considera su identidad cultural y lingüística un componente de la identidad nacional.
La normativa anuló las medidas excepcionales derivadas del censo de Hasakah de 1962 y abrió la concesión de la ciudadanía a sirios de origen kurdo que habían permanecido sin ella, incluidos casos de personas cuyos nacimientos no estaban registrados oficialmente.
El decreto también garantiza la protección de la diversidad cultural y lingüística, permite la enseñanza del kurdo en las escuelas y reconoce el Nowruz como festividad oficial.
Marai valoró positivamente esas medidas, aunque consideró necesario que tales derechos queden posteriormente recogidos en la futura Constitución para proporcionarles garantías duraderas.
Al-Sharaa aseguró anteriormente que los derechos kurdos serían protegidos dentro del nuevo marco constitucional y defendió que la diversidad cultural constituye una fuente de fortaleza para el país.
Del reconocimiento de derechos a la integración institucional
La segunda vertiente del proceso se centró en el futuro de las instituciones y fuerzas que controlaban amplias áreas del noreste.
El acuerdo firmado el 10 de marzo de 2025 entre Al-Sharaa y Abdi estableció las bases para integrar las estructuras civiles y militares de esa región en el Estado, además de transferir a las autoridades centrales el control de pasos fronterizos, aeropuertos y campos de petróleo y gas.
El pacto también reconoció el derecho de todos los sirios a participar en las instituciones públicas en función de sus capacidades y definió a la comunidad kurda como parte inseparable del Estado.
Tras meses de negociaciones y etapas de aplicación gradual, las partes avanzaron en la incorporación de fuerzas militares y de seguridad, el despliegue de organismos gubernamentales en Hasakah y Qamishli y la transferencia progresiva de instituciones y servicios.
El fin de las FDS como fuerza independiente
Las FDS surgieron durante la guerra siria, en un contexto marcado por el debilitamiento de la presencia estatal en el noreste y la lucha contra el grupo terrorista Daesh.
Con la recuperación de las instituciones estatales, el futuro de esa estructura militar pasó a ocupar el centro de las negociaciones entre Damasco y sus dirigentes.
Abdi anunció el pasado martes, durante una rueda de prensa en el Palacio del Pueblo, la disolución de las FDS como fuerza independiente después de completar su integración en unidades del Ejército.
Estados Unidos calificó el acuerdo como un acontecimiento significativo para reforzar la soberanía y avanzar hacia la existencia de un único Ejército y unas instituciones nacionales unificadas.
Recursos y servicios vuelven al marco estatal
La integración abre ahora la vía para unificar también las estructuras civiles y administrativas del noreste y para que recursos estratégicos como petróleo, gas, agricultura, agua y energía pasen a gestionarse dentro del sistema económico nacional.
Las autoridades consideran que esos recursos podrán contribuir a financiar la recuperación, la reconstrucción y la mejora de los servicios públicos en una región que sufrió años de guerra y fragmentación administrativa.
Para Marai, el final de las FDS como fuerza independiente y la incorporación de la Administración Autónoma al marco institucional abren “nuevos horizontes” y reducen el riesgo de un nuevo enfrentamiento armado.
El desafío para esta nueva etapa será convertir los decretos y acuerdos alcanzados en garantías institucionales duraderas, completar la integración administrativa y asegurar que los derechos reconocidos a la comunidad kurda formen parte estable del nuevo orden jurídico sirio.
fm/em