Damasco, 28 ago (SANA) Puertas de celdas, cerraduras, prendas de presos, objetos elaborados con materiales improvisados y piezas presentadas como instrumentos de tortura forman parte de una exposición que reconstruye la memoria de las cárceles del depuesto régimen sirio en la 63.ª Feria Internacional de Damasco.
Bajo el título “Cuando los muros hablan”, el pabellón del Ministerio del Interior reúne objetos procedentes de antiguos centros de detención junto a pertenencias de presos, en un recorrido que busca documentar tanto las condiciones de reclusión como las estrategias ideadas por los detenidos para adaptarse, cubrir necesidades básicas o tratar de comunicarse con sus familias.
Una puerta que devuelve el recuerdo de un padre
Entre los visitantes se encuentra Abdul Khaliq Idris, originario de Qusayr, en la provincia central de Homs, cuyo padre murió durante los años de la revolución siria. Según relató a la agencia oficial SANA, su familia recibió la noticia de que había fallecido bajo tortura en la Sección 215 unos nueve meses después de su detención.
Frente a una puerta procedente de esa dependencia de seguridad, Idris comenzó a buscar entre los nombres grabados en su superficie con la esperanza de encontrar el de su padre.
No esperaba obtener nueva información sobre su paradero, explicó, sino hallar algún rastro material que pudiera vincularlo con él.
El visitante recordó además una visita anterior al complejo de seguridad situado en Kafr Souseh, en Damasco, donde funcionaba la Sección 215, y aseguró que volver al lugar le hizo revivir el temor asociado durante años a esos centros de detención y pensar en quienes pasaron por sus celdas.
La muestra incluye también una celda trasladada del denominado Pabellón 244, sillas utilizadas, según los organizadores, durante sesiones de tortura y diversos objetos fabricados por los propios presos.
Idris destacó especialmente el ingenio con el que los detenidos recurrían a los escasos materiales disponibles para fabricar utensilios, camas improvisadas con chaquetas e incluso calzado y otros objetos de uso cotidiano.
Las fotografías como última forma de identificación
Otra de las historias vinculadas a la exposición es la de Abdul Qader Ghalla, residente del barrio damasceno de Jobar, quien recordó a su primo Muhammad, detenido cuando tenía entre 17 y 18 años.
Ghalla relató que el joven fue trasladado inicialmente a una dependencia que la familia creyó que era la denominada Sección Palestina y que, meses después, recibieron la noticia de su muerte en la prisión de Saydnaya.
Según su testimonio, otro detenido que estuvo con Muhammad explicó a la familia que había sufrido fuertes torturas durante los interrogatorios y que una lesión en uno de sus ojos terminó convirtiéndose en la señal que permitió identificarlo posteriormente en las conocidas como fotografías de César.
Para Ghalla, exponer y documentar lo ocurrido dentro de los centros de detención resulta esencial para preservar la memoria de las víctimas y dejar constancia de las experiencias de quienes estuvieron encarcelados.
La exposición convierte así objetos cotidianos, puertas y herramientas en piezas de memoria, al tiempo que coloca en el centro los relatos de familiares que todavía buscan rastros de sus seres queridos y respuestas sobre lo sucedido tras los muros de las antiguas cárceles.
fm/em





