Hama, 3 ago (SANA) Más de una década después de abandonar su hogar, Mohamed al Qasem ha regresado a Kafr Nabuda, en el norte de la provincia siria de Hama. Lo que encontró fue un pueblo irreconocible: calles cubiertas de escombros, edificios derruidos y barrios enteros reducidos a ruinas. Aun así, asegura en una entrevista con SANA que la emoción de volver fue más fuerte que el impacto de la destrucción.
Kafr Nabuda, situada en el noroeste de la provincia siria de Hama, fue uno de los principales escenarios de los combates durante la guerra en Siria. La localidad cambió de manos en varias ocasiones entre las fuerzas del régimen derrocado de Asad y grupos de la oposición, hasta que en 2019 las tropas de Bashar al Assad recuperaron su control tras una intensa ofensiva acompañada de bombardeos aéreos y de artillería que provocaron la destrucción de buena parte del municipio y el desplazamiento de la mayoría de sus habitantes.
Tras la caída del régimen de Bashar al Assad a finales de 2024, miles de familias sirias que durante años habían vivido en campamentos de desplazados en el noroeste del país comenzaron a regresar gradualmente a sus pueblos y ciudades. Aunque muchas de ellas encontraron viviendas destruidas y una grave falta de servicios básicos, el retorno representó el fin de años de exilio forzado.
Uno de esos retornados es Mohamed al Qasem, de 64 años, quien pasó toda su vida en Kafr Nabuda antes de verse obligado a huir.

“Nunca imaginé que volvería a Kafr Nabuda. Pensaba que todo había terminado para siempre”, relata.
Recuerda que, durante los primeros años de Revolución y guerra, su familia vivía entre desplazamientos temporales y breves regresos, hasta que la intensidad de los ataques del régimen de Asad hizo imposible permanecer en la localidad.
“Entre 2011 y 2013 vivíamos entre irnos y volver. Después llegaron los bombardeos, los misiles, los aviones y la artillería. Las casas empezaron a derrumbarse y tuvimos que marcharnos”, explica.
La familia se refugió en la localidad de Qah, en el norte de Idlib, donde sobrevivieron durante años en una tienda de campaña improvisada.
“Era solo una lona con unas paredes que construimos nosotros mismos. Todos mis hijos se fueron y solo nos quedamos mi mujer y yo. Fueron años muy duros y habíamos perdido toda esperanza de regresar”, recuerda.

Al Qasem expresa que la esperanza volvió cuando supo que el régimen había caído y que el camino hacia su pueblo estaba abierto. Decidió regresar inmediatamente.
Pero el reencuentro con su hogar fue devastador.
“Cuando llegué y miré a mi alrededor, ya no vi un pueblo. Solo vi escombros. Había montones de piedras, arena y bloques de hormigón por todas partes”, afirma.
Pese al nivel de destrucción, asegura que la alegría de regresar superó cualquier otra emoción.
“Soñaba con volver a Kafr Nabuda y ese sueño se hizo realidad. Sentía que flotaba entre el cielo y la tierra, porque nunca pensamos que volveríamos, pero volvimos”, dice.
Ahora confía en que las familias desplazadas puedan reconstruir sus hogares con la ayuda del Estado y rehacer sus vidas.
“Hemos vuelto a nuestra tierra. Aunque las casas hayan desaparecido, volveremos a construirlas. Y si vuelven a destruirlas, las levantaremos una segunda, una tercera y una cuarta vez, hasta que regresen la seguridad y la paz”, concluye.
La historia de Mohamed al Qasem refleja la realidad de miles de sirios que, tras años de desplazamiento, han regresado a localidades devastadas por la guerra, donde el mayor desafío ya no es el conflicto armado, sino reconstruir sus hogares y empezar de nuevo.
okb/fm/ahs