Damasco, 30 jul (SANA) La Comisión de Planificación y Estadística publicó un estudio sobre la evolución de la inflación en Siria entre 2010 y 2025, periodo durante el cual la economía nacional pasó de una relativa estabilidad a registrar una de las tasas inflacionarias más elevadas de la región.
La institución señaló que las transformaciones experimentadas por la economía siria desde 2011 incidieron directamente en el nivel general de precios.
El estudio atribuyó esa evolución a la interacción de factores económicos tradicionales con otros extraordinarios, como el estallido de la revolución, las prácticas del antiguo régimen, la fragmentación de los mercados, la ruptura de las cadenas de suministro, las sanciones y el deterioro del tipo de cambio, con sus efectos sobre los insumos productivos.
La investigación busca analizar la inflación durante el periodo estudiado mediante el desglose del Índice de Precios al Consumidor y su vinculación con los factores económicos y los cambios estructurales registrados en el mercado.
Según el documento, en 2011 la economía comenzó a transitar gradualmente desde una estabilidad relativa hacia una fase inicial de inestabilidad.
Aunque las interrupciones físicas en el suministro de bienes aún no habían alcanzado su punto máximo, las expectativas y las variaciones del tipo de cambio comenzaron a repercutir en el mercado, especialmente en los precios de los alimentos.
El estudio definió la inflación de 2012 y 2013 como compuesta, debido a la combinación de la inflación importada a través del tipo de cambio, las restricciones de oferta, el aumento de los costos del transporte, el combustible y la energía, y la revisión anticipada de los precios de bienes y servicios.
Entre 2014 y 2016, la economía entró en una fase de colapso estructural y de inflación acumulada generalizada, impulsada por el deterioro del tipo de cambio, la contracción de la oferta y la demanda internas, y el encarecimiento de la energía y el transporte.
Los años comprendidos entre 2017 y 2019 fueron descritos como un periodo de estabilidad frágil. Aunque la tasa de inflación disminuyó, el fenómeno no desapareció de manera definitiva.
El informe indicó que 2020 y 2021 constituyeron una de las etapas más inflacionarias de toda la serie analizada.
Durante esos años, la crisis cambiaria coincidió con las sanciones, las repercusiones de la pandemia de la Covid-19 y el aumento de los costos de envío, transporte y energía.
Como resultado, las presiones inflacionarias dejaron de concentrarse únicamente en los alimentos y se extendieron a los servicios, la vivienda, el transporte y la salud, afectando a la mayoría de las partidas de gasto de los hogares.
El estudio concluyó que 2025 representó un punto de inflexión diferente de las fases anteriores, debido a una fuerte caída del índice general durante el segundo y tercer trimestre, seguida de un incremento limitado en los últimos tres meses del año.
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