Damasco, 15 may (SANA) Damasco vive entre piedras milenarias y cicatrices recientes. Sus callejones antiguos, impregnados de historia, no solo conservan la memoria de civilizaciones pasadas, sino también las huellas emocionales de una sociedad que ha atravesado años de conflicto y transformación.
En ese escenario surge “Autenticidad del Alma”, una iniciativa cultural y psicológica que propone una idea tan sencilla como profunda: convertir el patrimonio arqueológico en un espacio de sanación emocional.
El proyecto, lanzado recientemente en la capital siria, une recorridos históricos, arte y ejercicios de apoyo psicológico con el propósito de fortalecer el bienestar mental y el sentido de pertenencia cultural entre los jóvenes.
La propuesta fue impulsada por la Cámara Junior Internacional-Ciudad Vieja de Damasco, junto a la Fundación Educativa Bariq, el Ministerio de Turismo y la Dirección de Antigüedades y Museos.
La experiencia inaugural reunió a 96 participantes, entre estudiantes y voluntarios de 18 a 40 años, quienes caminaron por la Ciudad Vieja de Damasco no como simples visitantes, sino como protagonistas de un ejercicio de reconexión con la memoria colectiva.
El recorrido comenzó frente a la estatua de Saladino y atravesó mercados tradicionales, escuelas históricas y rincones emblemáticos del casco antiguo hasta llegar a la Ciudadela de Damasco. Allí, entre murallas centenarias y ecos de antiguas dinastías, se desarrollaron sesiones de meditación y dinámicas de arteterapia orientadas a estimular la introspección y el diálogo emocional.
Más que un circuito turístico, la actividad se planteó como un viaje interior. La arquitectura, los aromas de los zocos y la textura de las piedras antiguas funcionaron como detonantes de memoria e identidad. En una ciudad donde la vida cotidiana convive con las marcas de la guerra, el patrimonio dejó de ser únicamente un objeto de contemplación histórica para convertirse en herramienta terapéutica.
Uno de los momentos más simbólicos fue la visita a la exposición “Damasco: Rosa y Patrimonio”, dedicada a las artesanías tradicionales sirias. Cerámicas, bordados y esculturas revelaron no solo la riqueza estética del país, sino también la persistencia de saberes transmitidos de generación en generación. Para muchos participantes, el contacto con estas expresiones artísticas evocó una sensación de continuidad cultural frente a los cambios abruptos que ha vivido Siria en los últimos años.
La directora de la iniciativa, Sarah Saad, sostiene que los sitios arqueológicos no deben entenderse únicamente como vestigios del pasado, sino como extensiones de la identidad psicológica de las personas. Desde esa perspectiva, la conservación patrimonial adquiere también un valor emocional y social.
En Siria, donde generaciones enteras crecieron bajo tensiones e incertidumbres, iniciativas de este tipo buscan ofrecer espacios de encuentro y resiliencia lejos de los discursos políticos y la lógica de la emergencia permanente.
En Damasco, una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo, el patrimonio comienza así a dialogar con las necesidades psicológicas del presente, demostrando que la cultura puede ser también una forma de cuidado colectivo.
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