Deraa, 26 abr (SANA) En la madrugada del 25 de abril de 2011, la ciudad de Deraa, cabecera de la provincia homónima en el sur de Siria, quedó en silencio y todo se interrumpió: la electricidad se cortó, las comunicaciones dejaron de funcionar y, poco después, el sonido de vehículos militares comenzó a acercarse desde distintos puntos.
Para entonces, Deraa llevaba más de un mes de protestas. Lo que había comenzado como manifestaciones locales contra la detención de varios adolescentes se había transformado en un movimiento que empezaba a extenderse a otras ciudades del país.
Poco antes del amanecer, unidades del ejército de Assad entraron en la urbe apoyadas por tanques y vehículos blindados. Según Syrian Memory, un proyecto de investigación que documenta los acontecimientos en Siria desde 2011, la operación se llevó a cabo desde varios frentes y marcó uno de los primeros despliegues militares a gran escala contra los manifestantes.
Odai Al Talab, un activista de 23 años en ese momento, recuerda el momento con claridad.
“Eran cerca de las tres de la madrugada cuando se cortó el Internet. Después dejaron de funcionar los teléfonos. Hacia las cuatro y media comenzaron los disparos. Cada minuto estaban más cerca”, relató a SANA.
Al Talab salió de su casa, ubicada cerca del campamento Al-Naziheen de Deraa, con la intención de dirigirse a una mezquita, donde algunos vecinos solían reunirse en momentos de tensión para rezar y lanzar proclamas revolucionarias.. Pero, el chico, no llegó lejos. La ciudad quedó completamente a oscuras.
Una ciudad bajo asedio
Las fuerzas del régimen de Assad cerraron los accesos, cortaron el suministro de agua y electricidad y bloquearon las telecomunicaciones, según los registros recopilados por Syrian Memory y testimonios de residentes.
Barrios como Deraa Al-Balad fueron blanco de bombardeos, mientras tropas se desplegaban en puntos clave, incluidos accesos a mezquitas y calles principales. Francotiradores ocuparon posiciones elevadas en distintas zonas de la ciudad.
Human Rights Watch documentó posteriormente que la operación dio paso a un asedio a gran escala, en el que las fuerzas de seguridad del régimen derrocado utilizaron fuerza letal contra manifestantes y civiles desarmados.
Documentó además que se impedía el acceso de ambulancias y la evacuación de heridos, lo que agravó la situación de quienes resultaban lesionados durante los enfrentamientos.
En las primeras horas del asalto, al menos 26 personas murieron y decenas resultaron heridas, mientras se desarrollaban redadas y detenciones masivas.
En uno de los episodios difundidos por activistas, un hombre filmaba a fuerzas de seguridad cerca de la sede del Palacio de Justicia en Deraa al-Mahatta cuando varios agentes se acercaron para amenazarlo. “Dispárame… el mundo entero tiene que ver lo que pasó en Deraa”, respondió el camarógrafo, identificado como Fawzi al-Shahadat.
“El Estado que debería protegerlos… los roba”
Lo que algunos vivieron en las calles, otros lo observaron desde dentro.
Mohammad Amin, un agente de la policía criminal de unos cuarenta años, había sido convocado días antes junto a cientos de efectivos tras la declaración del estado de alerta. Fueron concentrados en el estadio municipal de Deraa, que había sido utilizado como base militar que bombardeó los pueblos alrededor de la ciudad durante los años previos hasta la caída del régimen en diciembre de 2024.
Amin temía ser enviado a participar en el asalto. Según cuenta, se hirió deliberadamente en la pierna con una herramienta afilada para evitarlo. Sus superiores le permitieron retirarse.
En el camino de regreso, dice, vio algo que no esperaba. “Vi a más de doscientos hombres saqueando tiendas, deteniendo gente al azar”, recordó.
“Vi a más de doscientos hombres repartirse cigarrillos, dulces, ropa… robos por valor de millones de libras. Lo hacían por venganza. Sentí vergüenza. ¿Qué pensará la gente de nosotros? El Estado que debería protegerlos… los roba”, expresa Amin, quien se desertó meses después.
La versión del gobierno de Assad
Mientras la operación se desarrollaba sobre el terreno, el gobierno sirio presentó una versión distinta de los hechos.
Las autoridades del régimen de Assad aquel entonces afirmaron que la operación respondía a llamados de la población para frenar la acción de “grupos terroristas”, una narrativa que se repetiría durante 14 años de la Revolución Siria.
La ofensiva no se limitó a la ciudad. Unidades militares se desplegaron también en localidades cercanas como Bosra al-Sham, Karak, Al-Museifra y Al-Jeeza.
Según Syrian Memory, cerca de 90 personas murieron en Deraa durante la primera semana de la operación, entre el 25 de abril y el 1 de mayo de 2011.
Un punto de inflexión
Para organizaciones de derechos humanos, lo ocurrido en Deraa fue más que una operación puntual.
Human Rights Watch concluyó en un informe publicado meses después del asalto, que los abusos documentados —incluidos asesinatos, detenciones masivas y tortura— formaban parte de un patrón sistemático de represión.
Más de una década después, y tras la caída del régimen, el asalto a Deraa sigue siendo un momento clave para entender cómo una revuelta local derivó en una guerra que duró 14 años que transformaría Siria y tendría repercusiones en toda la región hasta la caída de Asad.
Okba Mohammad/fm