Deraa, 18 mar (SANA) Abu Al-Baraa Ayash se siente con las manos entrelazadas, mirando la cuesta que separa el barrio de Deraa Al-Balad del resto de la ciudad de Deraa, capital de la provincia homónima en el sur de Siria y cuna de las protestas desatadas en 2011 contra el régimen de Bashar Al-Assad.
El 18 de marzo de 2011, la sangre de los primeros dos mártires sirios corrió por las calles de Deraa, marcando el inicio de una revolución que desafiaba una de las dictaduras más férreas del mundo. El rostro tranquilo de Ayash contrasta con sus recuerdos turbulentas que se observan en los edificios devastados y las calles vacías que los rodean y narran la historia de una ciudad que luchó, sufrió y sobrevivió a la guerra y la represión.

El estallido de la Revolución Siria no fue un hecho aislado ni un simple episodio de descontento popular sino el resultado de décadas de represión, corrupción y abuso de poder, primero bajo el régimen de Hafez Al-Assad y luego su hijo Bashar.
La fecha del 18 de marzo marcó la chispa que encendió años de resistencia popular. En ese día, quedaron eternamente grabados los nombres de Hossam Ayash, hermano de Abu Al-Baraa, y del joven Mahmoud Jawabra, quienes fueron los primeros caídos a manos de las fuerzas de seguridad del régimen de Al-Assad.
Semanas antes de la anterior fecha, efectivos del depuesto régimen detuvieron a varios niños de Deraa Al-Balad, acusándolos de escribir consignas contra Bashar Al-Assad. La negación de liberar a esos menores provocó la indignación de los vecinos y el estallido de las manifestaciones tras la oración del viernes.
Los vecinos, tras concentrarse en las mezquitas Al-Omari, Al-Hamza y Al-Abbas, se dirigieron hacia el centro de la ciudad, atravesando la misma cuesta donde cayeron los dos mártires.
“Nos reunimos en Al-Omari y seguimos hacia la ciudad. Algunas personas se quedaron en la rotonda, otras continuaron”, recuerda Abu Al-Baraa.

Agregó que “el camino estaba cerrado y las fuerzas de seguridad del régimen comenzaron a disparar contra los manifestantes empleando munición real lo que causó la muerte de dos”.
Entre disparos y nubes de gas lacrimógeno que sembraban el caos, Abu Al-Baraa no sabía que su hermano estaba entre los muertos. “La gente solo quería esconderse”, dice, recordando la confusión y el miedo que se generó en el lugar.
La confirmación del asesinato de su hermano llegó al final del día; una persona desconocida contestó el teléfono de Hossam cuando sus familiares lo estaban llamando y les informó que Hossam había muerto.

Mahmoud Jawabra: trayectoria de aporte a la Revolución
Visitamos Alaa, el hermano de Mahmoud, en su tienda de ropa en el barrio Al-Sabeel en la ciudad de Deraa y lo acompañamos al cementerio de los mártires donde descansan los restos de su hermano Mahmoud, Hossam Ayash y cientos más.
Mahmoud, nacido en 1987 y conocido como Abu Adla, era delantero en el club local sirio de Al-Shulaa.
Cuando los manifestantes llegaron a la rotonda de Al-Karak cerca de la mezquita de Al-Omari, las fuerzas del régimen reforzadas desde Damasco, incluso con helicópteros, dispararon de forma indiscriminada contra los manifestantes. Mahmoud cayó, alcanzado por una bala en el cuello que terminó con su vida de inmediato.

Buscábamos en vano en el hospital nacional y en el de la cercana ciudad de Tafas; las fuerzas del régimen ocultaron el cuerpo de mi hermano”, relató Alaa mientras tenía la mano sobre la tumba de Mahmoud.
La familia solo pudo recibir el cadáver de su hijo cerca de la medianoche. Los oficiales del servicio de inteligencia del régimen intentaron enterrarlo en secreto. “Lleven el cuerpo y entiérrenlo sin hacer ruido”, dijo uno de los oficiales a la familia, según relata Alaa.
A pesar de las amenazas, la familia se negó, y el funeral se convirtió en un acto multitudinario, con miles de personas acompañando el cortejo y rindiendo homenaje a Hossam.
En los años posteriores, la persecución continuó contra familiares de las víctimas. En 2013, Akram, otro hermano de Mahmoud, intentó huir de Siria tras ser perseguido por el régimen de Al-Assad, pero murió junto a su esposa y sus cuatro hijos en el Mediterráneo mientras buscaban un camino seguro hacia Europa.

Memoria y legado
Hoy, las familias Jawabra y Ayash recuerdan con orgullo cómo la sangre de sus hijos encendió la chispa de la Revolución Siria. Abu Al-Baraa se siente en el lugar donde todo comenzó, mientras el hermano de Mahmoud recorre el cementerio de los mártires. Ambos son testigos de cómo aquel 18 de marzo no solo transformó sus vidas, sino que también dejó una huella imborrable en la historia de toda una nación.
Quince años después, Deraa continúa rindiendo homenaje a sus primeros mártires y todos los demás. Este 18 de marzo, las calles y plazas que fueron escenario de la lucha se llenan nuevamente con actos conmemorativos que combinan memoria, unidad y expresión popular.
Okba Mohammad/fm