Damasco, 1 mar (SANA) Tras casi 25 años recorriendo las cuatro estaciones, el mes sagrado de Ramadán regresa este año al invierno, evocando en la memoria colectiva de los sirios su última coincidencia con la estación fría en diciembre de 2002. El retorno despierta imágenes de hogares cálidos, el crepitar de las chimeneas y el sonido de la lluvia golpeando las ventanas, en una estampa donde espiritualidad y clima se entrelazan.
Tradiciones invernales con espíritu de Ramadán
En los mercados del casco antiguo de Damasco, donde la actividad se intensifica gradualmente en las horas previas al Iftar (ruptura del ayuno), Abu Mahmoud (68 años) rememora aquel Ramadán invernal.
“Los días eran más cortos y el ayuno resultaba más llevadero, pero el frío era intenso. Nos reuníamos temprano alrededor de la chimenea, aguardando la oración del Maghrib (puesta del sol), y procurábamos que la mesa incluyera platos calientes como sopas y fattah”, relató a SANA.
Recuerda además que las oraciones de Tarawih bajo la lluvia tenían un carácter especial: “La gente caminaba hacia las mezquitas mientras las calles brillaban por el reflejo de las luces. Se respiraba una atmósfera espiritual distinta”.
Por su parte, Umm Ahmad (65 años) destaca que el invierno otorgaba al mes sagrado un sello particular. Las reuniones familiares se prolongaban en torno a la estufa, acompañadas de castañas asadas, bebidas calientes y dulces tradicionales, en un ambiente de cercanía y recogimiento.
Mayor cohesión familiar
El experto social Samer Al-Abd considera que la coincidencia de Ramadán con el invierno refuerza los lazos familiares, ya que el frío invita a permanecer en casa y favorece el diálogo y la convivencia.
“Los días más cortos suavizan la dureza del ayuno, lo que influye positivamente en el estado de ánimo general, mientras que las noches más largas brindan más tiempo para la oración y las visitas familiares”, explicó.
A su juicio, el cambio de estación impacta directamente en los hábitos cotidianos, desde el tipo de alimentos que se consumen hasta la naturaleza de las actividades sociales. “El Ramadán invernal se asocia con un ambiente más sereno y espiritual, en contraste con el de verano, caracterizado por reuniones y actividades al aire libre”, apuntó.
Dinámica económica y movimiento comercial
En el plano económico, el investigador Ali Kanaan señaló que la llegada de Ramadán en invierno modifica los patrones de consumo, con un incremento en la demanda de alimentos calientes y productos vinculados a la calefacción.
Asimismo, indicó que los mercados registran mayor dinamismo durante las tardes, debido a la reducción de las horas de luz y a la concentración de compras antes del Iftar.
Nostalgia y memoria colectiva
Para quienes vivieron el Ramadán de 2002, el retorno del mes sagrado al invierno posee una dimensión profundamente emotiva. Evoca grandes reuniones familiares, el eco de la llamada a la oración del Maghrib entremezclado con la lluvia y aquellas largas noches donde el calor de la fe se fundía con el de las estufas.
Con el regreso del mes bendito a la estación fría, los rituales se renuevan con su esencia intacta y matices contemporáneos. En Siria, Ramadán continúa siendo una temporada integral en la que cambian los detalles con el paso de las estaciones, pero permanecen firmes los valores, tradiciones y costumbres arraigados en la conciencia colectiva del pueblo.
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