Damasco, 22 feb (SANA) Cuando se habla de Siria, la imagen que suele imponerse en buena parte de Occidente es la de ruinas y conflicto. Para Omar Offendum, esa reducción es parte del problema. El artista sirio-estadounidense,rapero, poeta y activista cultural insiste en que su país de origen es infinitamente más complejo que la narrativa de guerra y destrucción que domina los titulares.
Nacido en Arabia Saudí en 1981 y criado en Washington D.C., Offendum pertenece a una familia siria marcada por el exilio. Esa experiencia atravesó su identidad desde la infancia y terminó convirtiéndose en el eje de su obra. Su música funciona como un puente entre Oriente y Occidente, como un ejercicio de memoria y como una afirmación cultural. Para él, el arte no es acompañamiento, sino es una forma de resistencia.

De la arquitectura al hiphop árabe
Su viaje en el rap comenzó mientras estudiaba arquitectura en la Universidad de Virginia. Allí empezó a moldear un estilo propio, la fusión entre la lírica árabe clásica y el hiphop contemporáneo, una combinación poco explorada en ese momento. Con el tiempo, esa propuesta singular le dio proyección internacional.
El reconocimiento global llegó con “Jan25”, un tema inspirado en la revolución egipcia de 2011, cuyas letras resonaron más allá de las fronteras regionales. Desde entonces, Offendum se consolidó como una voz asociada a las luchas por justicia y cambio, influyendo en una generación que ve en el arte una herramienta de transformación.
La herencia materna y la poesía siria
La raíz literaria de su obra proviene, en gran medida, de su madre, apasionada por la literatura. De ella heredó la convicción de que la poesía es el corazón del idioma árabe y un pilar de la identidad cultural. En sus canciones rinde homenaje a referentes como Adonis y Nizar Qabbani, integrando versos y sensibilidades que conectan tradición y modernidad.
En su álbum SyrianamericanA (2010), incluso adapta un poema de Qabbani para celebrar Damasco, la ciudad natal de sus padres, evocando una capital añorada y resiliente. Durante su infancia, su madre lo llevaba con frecuencia a Damasco para visitar a la familia y mantener viva la conexión con sus raíces. No se trataba de una idea abstracta, sino de un lugar concreto, habitado por personas reales, del que provenían él y sus antepasados.

Contra la deshumanización de Siria
Más allá de los escenarios, Offendum asume un rol activista. Buscó cuestionar la representación mediática que reduce a Siria a un territorio devastado, ignorando su riqueza cultural y humana. Consideró que esa mirada deshumaniza al pueblo sirio y consolida una percepción sesgada.
A través del rap, intentó ofrecer una narrativa alternativa, mostrar la música, la poesía, la gastronomía y las tradiciones como expresiones vivas de un pueblo que no puede definirse únicamente por el conflicto. En “Crying Shame”, por ejemplo, expresó su frustración ante la indiferencia global y la simplificación del sufrimiento sirio, denunciando la brutalidad de una guerra donde las víctimas civiles pagan el precio más alto.
Dictadura, masacre y guerra
Hablar de Siria, para Offendum, implica reconocer las profundas heridas dejadas por más de medio siglo de dominio de una sola familia y una única ideología política, que sofocaron el desarrollo del país. La represión no fue una abstracción en su historia familiar.
Su padre es originario de Hama, ciudad escenario de la masacre de 1982, en la que murieron alrededor de 40.000 personas en el lapso de una semana. El hecho ocurrió apenas un mes después de su nacimiento. Aunque gran parte del mundo permaneció ajena a lo sucedido, su familia conoció de primera mano la magnitud de la tragedia.
Siria y Palestina, una causa inseparable
Para Offendum, la libertad de Siria está intrínsecamente vinculada a la de Palestina. Sostuvo que no puede existir una Siria verdaderamente libre sin una Palestina libre, ya que ambas causas forman parte de una lucha común por justicia y dignidad. Las fronteras, fueron impuestas por quienes buscaron dividir a los pueblos de la región.
Su aspiración es clara un futuro justo y próspero para Siria, y esa misma esperanza hecha realidad para el pueblo palestino. En ese horizonte, su música permanece como testimonio y plegaria colectiva, un llamado rítmico y persistente por justicia, libertad y el fin de la opresión.
Por Watfeh Salloum
